Adriana Torrebejano reivindica el duelo por los animales y cuenta cómo Matty volvió a llenar su hogar

Adriana Torrebejano reivindica el duelo por los animales y cuenta cómo Matty volvió a llenar su hogar

Para Adriana Torrebejano, despedirse de un animal no es una pérdida menor ni un episodio que pueda dejarse al margen de la vida cotidiana. La actriz, conocida por series como Tierra de lobos y Amar es para siempre, recuerda a Gala y a Yellow como miembros de su familia. En una conversación con La Vanguardia, enlaza esas ausencias con una idea central: el vínculo con los animales transforma rutinas, prioridades y también la manera de afrontar el trabajo.

Gala, una vida compartida que sigue presente

Gala acompañó a Torrebejano durante distintas etapas y formó parte de viajes, comidas y momentos domésticos. “Fue y lo sigue siendo todo para mí”, explica; hablar de ella todavía la emociona. Ese recuerdo no se limita a la tristeza: aparece en las anécdotas y en la memoria de una convivencia que, según la actriz, las hizo inseparables.

La muerte de Gala llegó cuando Torrebejano atravesaba una etapa profesional intensa. Mientras presentaba la serie Cristo y Rey en Madrid, supo que la enfermedad de su perra ya no tenía solución. Quería acompañarla en sus últimas horas y, para explicar su estado emocional, habló de lo que estaba viviendo en redes sociales. La experiencia expone una tensión frecuente: el duelo es profundamente personal, pero su reconocimiento depende también de que el entorno lo considere legítimo.

Adriana Torrebejano reivindica el duelo por los animales y cuenta cómo Matty volvió a llenar su hogar

El vuelo para despedirse de Yellow

Un año antes de la entrevista, la muerte repentina de Yellow la encontró rodando Coartadas en Tenerife. El director, Martín Cuervo, le dijo que fuera al aeropuerto; Torrebejano aprovechó el descanso entre jornadas para volar a Madrid y estar con el gato, que la esperó. Después regresó al rodaje sin dormir.

La decisión concreta refleja una convicción más amplia: ser profesional no exige suspender los sentimientos. La actriz reconoce que otra producción quizá no le habría permitido viajar, por temor a que no volviera a tiempo. Su relato no presenta el trabajo como algo secundario, sino como un ámbito donde la flexibilidad y el apoyo del equipo pueden marcar la diferencia en un momento de pérdida.

Matty: adoptar sin reemplazar

Tras la muerte de Yellow, Torrebejano y su entorno tardaron en decidirse a adoptar. No querían ocupar el lugar que había dejado. El encuentro con Matty cambió esa perspectiva: el gatito estaba en la calle, había sido atacado por un perro y apenas podía moverse. Con cuidados veterinarios, atención y un hogar seguro, recuperó la movilidad en tres patas; la cuarta tuvo que ser amputada.

Hoy, Matty corre por la casa, tira las flores de los jarrones y acompaña a la actriz con su ronroneo. Su llegada no borra a Gala ni a Yellow; abre una relación distinta. En ese sentido, la adopción aparece como una respuesta a la necesidad de ayudar a un animal vulnerable, no como un intento de sustituir a quienes ya formaron parte de la familia.

Una responsabilidad que no termina con las vacaciones

De niña, Torrebejano convivió con gatos y perros, y recuerda también haber buscado un hogar para un husky perdido cuando su familia no podía quedárselo. Esa historia ayuda a entender su mensaje sobre la adopción: un animal no es un juguete ni un capricho que se abandona al llegar el verano, sino una responsabilidad y un vínculo duradero. Las rutinas compartidas, el cuidado hasta el final y la decisión de acoger a Matty dan contenido concreto a esa afirmación.

Gala, Yellow y Matty representan momentos distintos: una vida compartida, una despedida que exigió reorganizar el trabajo y una nueva oportunidad de cuidado. Torrebejano sostiene que los animales enseñan a vivir más en el presente y a distinguir lo importante. Su experiencia también plantea una cuestión social: reconocer ese duelo no significa equipararlo automáticamente a otras pérdidas, sino aceptar que para muchas personas la muerte de un animal implica la ausencia real de un compañero cotidiano y querido.