Los votantes de Alberta han rechazado iniciar un proceso legal que podía haber conducido a una futura consulta sobre la separación de Canadá. Con más de un millón de papeletas escrutadas, alrededor del 76 % optó por mantener la provincia dentro del país, frente a cerca del 23 % que apoyó abrir el camino hacia la independencia. El resultado representa una victoria clara para el primer ministro canadiense, Mark Carney, y para quienes defendían la unidad nacional en un momento marcado por la guerra comercial con Estados Unidos y las amenazas de Donald Trump de anexionarse Canadá.
La consulta no preguntaba directamente si Alberta debía convertirse en un Estado independiente. El planteamiento era más limitado, pero políticamente decisivo: los ciudadanos debían elegir entre permanecer en Canadá o activar un procedimiento legal que podría haber desembocado en una segunda votación sobre la separación. El rechazo de esa primera etapa bloquea, por ahora, la ruta institucional promovida por los sectores soberanistas.
Un resultado amplio, aunque no definitivo
La participación había sido considerable. Más de 1,35 millones de habitantes, equivalentes al 43 % del electorado con derecho a voto, habían participado mediante sufragio anticipado o papeletas especiales. El recuento final se retrasó después de que la apertura tardía de varios colegios obligara a más de un centenar de centros a prolongar su horario durante la jornada del lunes.
Ante sus simpatizantes, Thomas Lukaszuk, ex vice primer ministro de Alberta y dirigente de la campaña Forever Canadian, presentó el resultado como una confirmación del vínculo nacional. “Somos un país sólido, unido de costa a costa”, declaró. La amplitud de la ventaja ofrece a Ottawa y al Gobierno federal un argumento político relevante: el malestar de Alberta es real, pero no se ha transformado en una mayoría favorable a abandonar Canadá.

Mark Carney había intervenido personalmente en la campaña. En un mitin celebrado en Edmonton, la ciudad donde creció, pidió a los habitantes de Alberta que votaran como si el futuro de Canadá dependiera de ello. La apelación adquirió una fuerza especial por el contexto internacional: las presiones de Trump han convertido la unidad canadiense en una cuestión de seguridad política y económica, incluso en una provincia que durante décadas ha mantenido una relación tensa con los gobiernos liberales de Ottawa.
El rechazo a Ottawa no equivale a querer salir
Alberta posee las cuartas mayores reservas probadas de petróleo del mundo y ocupa un lugar central en la economía energética canadiense. Su identidad política se ha construido alrededor de la defensa de los recursos naturales, la autonomía provincial y una cultura conservadora que a menudo se siente más próxima al oeste de Estados Unidos que a otras regiones de Canadá. Ese perfil ha alimentado un resentimiento arraigado hacia Ottawa, al que numerosos habitantes acusan de limitar el desarrollo energético y de redistribuir los ingresos de la provincia sin ofrecer una compensación suficiente.
Sin embargo, la historia electoral muestra una diferencia entre protestar contra el Gobierno federal y respaldar la independencia. Los partidos separatistas solían obtener apenas entre el 1 % y el 2 % de los votos. El ex primer ministro provincial Jason Kenney ha señalado que las restricciones adoptadas durante la pandemia de COVID-19 ayudaron a movilizar a activistas que después se incorporaron al movimiento independentista. Esa red de descontento amplió el debate, pero no eliminó las dudas sobre los costes legales, económicos y comerciales de una ruptura.
Las opiniones recogidas durante la votación reflejaron esa fractura. Dustin Degenhardt, vecino de Wainwright, afirmó que Alberta ha sido tratada “como una colonia” y acusó a Ottawa de quitarle recursos sin devolverle nada. Taylor MacIsaac, también de Wainwright, defendió la separación por considerar que sería beneficiosa para una provincia conservadora y rural. En Edmonton, Dave Malka criticó el gasto de un “referéndum sobre un referéndum” mientras persisten las necesidades del sistema sanitario.
Danielle Smith queda atrapada entre dos presiones
La primera ministra de Alberta, Danielle Smith, convocó la consulta bajo la presión de los separatistas de su propio Partido Conservador Unido, aunque ella misma se opone a la independencia. Smith citó una encuesta según la cual solo el 22 % de los ciudadanos respaldaba la separación, una cifra que consideró suficientemente elevada como para justificar la votación. Su estrategia buscaba contener a los sectores más radicales mediante un mecanismo democrático, pero el resultado la deja ante un dilema: el independentismo ha sido derrotado en las urnas, pero conserva capacidad para condicionar la política provincial.
Jeff Rath, defensor de la independencia, afirmó que se sentiría satisfecho si alrededor del 30 % de los habitantes hubiera apoyado iniciar el proceso. También pidió que Smith sea destituida como líder del partido y advirtió de una posible división de la formación, escenario que podría facilitar la creación de un nuevo partido independentista. Aunque esa posibilidad no se materialice de inmediato, revela que la consulta no ha cerrado todas las disputas internas.
La unidad gana tiempo, no resuelve el conflicto
Para Carney, la votación refuerza la idea de que la amenaza exterior puede modificar temporalmente las prioridades políticas del oeste canadiense. Las declaraciones de Trump sobre convertir Canadá en el estado número 51 han favorecido una respuesta patriótica incluso entre sectores habitualmente críticos con los liberales. Jake Graham, un vecino de Calgary que acudió a un mitin con una chaqueta de la selección canadiense de hockey y pantalones decorados con hojas de arce, expresó la esperanza de que el resultado zanje la cuestión durante mucho tiempo.
El alcance de esa tregua dependerá, sin embargo, de la capacidad de Ottawa y Edmonton para abordar las causas del descontento. Una mayoría favorable a seguir en Canadá no elimina las disputas sobre energía, fiscalidad, sanidad o competencias provinciales. La consulta demuestra que la independencia todavía no es una opción mayoritaria, pero también que ha dejado de ser un asunto marginal. La unidad canadiense sale fortalecida del referéndum; su estabilidad futura dependerá de que esa unidad pueda ofrecer a Alberta algo más que una apelación patriótica en tiempos de presión externa.