Directores de cine, actores y músicos de distintos países difundieron este viernes un mensaje de apoyo al presidente brasileño y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, ante los comicios del domingo. La intervención pública de figuras como Pedro Almodóvar, Guillermo del Toro, Javier Bardem, Mark Ruffalo, Juliette Binoche y Tilda Swinton se produce en la recta final de una campaña especialmente ajustada, en la que Lula se enfrenta al senador Flávio Bolsonaro.
En un vídeo compartido en redes sociales, Almodóvar sostuvo que una victoria del dirigente progresista sería “esencial para Brasil y para el medioambiente”. Ruffalo, actor estadounidense, resumió su llamamiento con una consigna de fuerte carga política: “combatir a los fascistas”. El mensaje refleja la dimensión internacional que ha adquirido la disputa electoral brasileña y la preocupación de sectores culturales extranjeros por el rumbo político y ambiental del país.

Un respaldo internacional con distintos acentos
Guillermo del Toro, director mexicano residente en Estados Unidos, pidió a los brasileños que voten “para buscar la libertad y el progreso” y que observen las consecuencias de lo que ocurre en la parte norte del continente americano. Su intervención, al igual que la de Almodóvar, vinculó la elección brasileña con debates más amplios sobre democracia, derechos políticos y protección del medioambiente.
Otros artistas optaron por un gesto asociado a la candidatura de Lula. Bardem, Binoche y Swinton mostraron los dedos de una mano en forma de “L”, inicial del nombre del presidente y símbolo utilizado por sus seguidores. El cineasta brasileño Kleber Mendonça Filho acompañó la publicación con un mensaje de “amor por Brasil” y señaló que el mundo observa las elecciones del domingo.
El apoyo extranjero no constituye un bloque político homogéneo, pero sí concentra una preocupación común: que la elección tenga consecuencias que trasciendan la política interna brasileña. En particular, la referencia al medioambiente apunta al peso internacional de Brasil en la protección de la Amazonia y en las negociaciones climáticas. La apelación a la libertad y al combate contra el fascismo, por su parte, sitúa la contienda dentro de la disputa global entre proyectos progresistas y corrientes de extrema derecha.
La cultura brasileña también se divide
Dentro de Brasil, Lula ha recibido el respaldo de varias de las principales figuras de la cultura y del entretenimiento. Entre ellas se encuentran los cantantes Caetano Veloso y Anitta, además de los actores Wagner Moura y Fernanda Torres. Sus apoyos han contribuido a mantener la elección en el centro de la conversación pública y a movilizar a sectores urbanos y jóvenes, aunque la influencia electoral concreta de las celebridades resulta difícil de medir.
Flávio Bolsonaro cuenta, a su vez, con el respaldo de algunos representantes de la música sertaneja, como Gusttavo Lima y Ana Castela, y de figuras del fútbol como Neymar. Esta división entre personalidades conocidas reproduce la polarización que atraviesa la sociedad brasileña. Las adhesiones culturales funcionan como señales de identidad para los votantes, pero no sustituyen las preocupaciones que dominan la decisión de los electores: la inflación, la seguridad, la economía y la corrupción.
Una segunda vuelta definida por márgenes estrechos
Lula obtuvo el 45% de los votos en la primera vuelta, celebrada tres semanas antes, mientras que Bolsonaro alcanzó el 47%. Aunque la diferencia fue reducida, obligó a ambos candidatos a ampliar sus alianzas y a concentrar sus esfuerzos en los votantes que no se decantaron por ninguno de los dos en la primera jornada. Las últimas encuestas describen un empate técnico, lo que deja abierta la posibilidad de que pequeños cambios en la participación o en la preferencia de los indecisos resulten determinantes.
La campaña ha estado marcada por una confrontación personal y política intensa. El último debate se celebró este viernes en los estudios de Globo, en Río de Janeiro, después del encuentro del domingo anterior en la cadena Band. La elección de Globo, la emisora con mayor audiencia del país, otorgó al debate una amplia exposición en las horas finales de la campaña.
Durante el intercambio, Lula comenzó cuestionando la preparación de su adversario. Lo comparó con estudiantes que memorizan sin aprender y afirmó que no conoce “ni un poco Brasil”. También lo acusó de “lamer las botas” del dirigente estadounidense Donald Trump y de ser responsable de la decisión de imponer un arancel del 25% a las importaciones brasileñas, una imputación que Flávio Bolsonaro ha rechazado reiteradamente.
El senador respondió llevando la discusión al terreno personal. En un debate sobre la inflación llamó “nueve dedos” al presidente, en alusión a la pérdida del meñique que Lula sufrió a los 17 años, cuando trabajaba como tornero mecánico en una fábrica. Bolsonaro utilizó esa referencia para sostener que su rival entrega algo al pueblo “con una mano” y se lo quita “con nueve dedos”. El episodio volvió a mostrar hasta qué punto la campaña se apoya en ataques personales, además de las diferencias sobre la gestión pública.
El voto del domingo pondrá a prueba la polarización
La cercanía entre ambos candidatos convierte la segunda vuelta en una prueba para sus estructuras de movilización y para la capacidad de cada campaña de atraer a los votantes que permanecen fuera de los dos polos principales. El respaldo de artistas brasileños e internacionales aporta visibilidad a Lula, mientras que los apoyos recibidos por Flávio Bolsonaro refuerzan su conexión con sectores populares vinculados a la música sertaneja y al deporte.
El resultado determinará no solo quién ocupará la Presidencia, sino también el tono político del país en los próximos años. Las acusaciones cruzadas sobre economía, seguridad, corrupción y relaciones internacionales han reducido el espacio para posiciones intermedias. En ese contexto, la elección del domingo llega como una disputa de alta movilización, con una diferencia mínima en los antecedentes electorales y con el mundo de la cultura convertido en uno de los escenarios más visibles de la batalla política.