El ataque contra el Aeropuerto Internacional Rey Khalid, en Riad, dejó 12 personas muertas y 309 heridas, según el balance divulgado por la Autoridad General de Aviación Civil de Arabia Saudita. La ofensiva, ocurrida el sábado, provocó el cierre de la principal terminal aérea de la capital y desencadenó nuevas amenazas de los hutíes de Yemen contra los aeropuertos del reino.
Las víctimas mortales eran de distintas nacionalidades: cuatro saudíes, dos bangladesíes, un estadounidense, un egipcio, un argentino, un sirio, un palestino y un sudanés. Un diplomático occidental citado por la agencia AFP advirtió que el número de fallecidos podría aumentar debido a la gravedad de algunos heridos.

Una amenaza que ya afecta a los pasajeros
Aunque el movimiento hutí no reivindicó directamente el ataque, su portavoz militar, Yahya Saree, instó a viajeros, trabajadores y aerolíneas a evitar los aeropuertos saudíes. La advertencia excluyó únicamente las terminales de La Meca y Medina, consideradas lugares sagrados y, por ahora, fuera del alcance declarado de las operaciones.
Saree sostuvo que los aeropuertos del país podían convertirse en objetivos militares y pidió tomar en serio sus declaraciones. El mensaje transforma una ofensiva concreta en una amenaza permanente para la aviación civil: no solo busca afectar instalaciones, sino también disuadir a las aerolíneas, alterar los itinerarios y aumentar el costo económico y político de la guerra.
La coalición militar encabezada por Arabia Saudita atribuyó el ataque a los hutíes y lo calificó como un “crimen de guerra”. También aseguró que respondería con firmeza. Una fuente diplomática occidental señaló que un misil hutí podría estar detrás de la operación, aunque las versiones disponibles todavía no permiten establecer públicamente todos los detalles técnicos del ataque.
Riad queda parcialmente aislada mientras crecen las restricciones
Dos fuentes del sector aeronáutico confirmaron a AFP que el aeropuerto de Riad permanecería cerrado durante el domingo y que las operaciones quedarían suspendidas hasta nuevo aviso. Entre los daños reportados figuran afectaciones en el radar y en los sistemas de comunicación, elementos esenciales para mantener la seguridad y la continuidad del tráfico aéreo.
Varias embajadas extranjeras recomendaron a sus empleados evitar la terminal durante una semana. La embajada de Estados Unidos, además, exigió autorización previa a sus funcionarios para utilizar los aeropuertos alternativos de Dammam y Yeda, una condición que ya regía para los desplazamientos desde Riad.
Las autoridades saudíes movilizaron equipos médicos para atender a los heridos y el Ministerio de Educación ordenó que los colegios de la capital impartieran clases de manera virtual durante una semana. Estas medidas muestran que el impacto no se limita al aeropuerto: la emergencia empieza a modificar la rutina urbana y a presionar a las instituciones públicas.
La respuesta internacional apunta al temor de una escalada
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó el ataque como “inaceptable” y dijo que evaluaría una posible participación estadounidense en operaciones militares contra los hutíes. También anunció que buscaría conversar con el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, quien ejerce como gobernante de facto del reino.
La Organización de las Naciones Unidas, el Reino Unido, Alemania, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Pakistán condenaron la ofensiva. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, alertó sobre el riesgo de una “escalada peligrosa”. La reacción refleja una preocupación concreta: cualquier represalia contra objetivos hutíes puede desencadenar nuevos lanzamientos, ampliar el radio de los ataques y comprometer rutas aéreas y marítimas estratégicas.
La dimensión internacional también se explica por el calendario saudí. El reino tiene previstos varios eventos durante el mes, incluida una conferencia de inversión con la participación de dirigentes políticos y representantes empresariales. La percepción de inseguridad en Riad podría afectar la asistencia, la actividad económica y la imagen de estabilidad que Arabia Saudita intenta proyectar.
El conflicto yemení explica por qué el aeropuerto se convirtió en objetivo
La ofensiva se inscribe en la guerra de Yemen, iniciada en 2014. Un año después, una coalición liderada por Riad intervino militarmente para respaldar al Gobierno y combatir a los hutíes, respaldados por Irán. Desde entonces, el enfrentamiento ha alternado periodos de menor intensidad con ataques contra ciudades, instalaciones energéticas y aeropuertos saudíes.
La tensión también se ha concentrado alrededor del estrecho de Bab el Mandeb, paso marítimo que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén. Fuentes militares del bando gubernamental yemení citadas por AFP afirmaron que sus fuerzas habían logrado avances en las cercanías de esa zona. Los hutíes, sin embargo, seguirían controlando la isla de Mayun, o Perim, ubicada en medio del estrecho.
El valor de Bab el Mandeb ha aumentado por las restricciones a la navegación en el estrecho de Ormuz, al otro lado de la península arábiga. El control o la amenaza sobre estos corredores permite ejercer presión simultáneamente sobre el transporte marítimo, la aviación comercial y los mercados internacionales.
El siguiente movimiento será decisivo
La cadena Al Masirah, vinculada a los hutíes, informó sobre dos ataques saudíes contra la provincia de Saná, capital yemení controlada por el movimiento. Si esas operaciones continúan junto con nuevas amenazas contra aeropuertos, el episodio puede convertirse en un ciclo de acción y represalia difícil de contener.
Por ahora, el cierre de Riad y las restricciones diplomáticas constituyen la respuesta inmediata. Pero el alcance real de la crisis dependerá de tres factores: la capacidad saudí para proteger sus instalaciones, la decisión de las aerolíneas sobre mantener sus rutas y la magnitud de la eventual respuesta militar. El ataque no solo dejó víctimas; puso a prueba la seguridad de una infraestructura crítica y mostró cómo la guerra de Yemen puede repercutir directamente en la conectividad y la estabilidad de toda la región.