Azerbaiyán refuerza el laicismo escolar y se suma a una tendencia europea

Azerbaiyán refuerza el laicismo escolar y se suma a una tendencia europea

Azerbaiyán ha incorporado a las normas nacionales del uniforme escolar una cláusula que excluye las prendas que no se ajusten al carácter laico de la educación general, una disposición que impide incluir el velo islámico entre las piezas autorizadas. La Resolución n.º 309, aprobada el 21 de septiembre, afecta únicamente a las escuelas y no modifica el uso del velo en universidades, centros de trabajo o espacios públicos. La decisión sitúa a Bakú dentro de una tendencia que también se extiende por varios países europeos y de Asia Central, aunque cada Estado la adapta a su propia tradición jurídica y política.

La medida ha provocado críticas de sectores religioso-conservadores en Azerbaiyán y Turquía, donde algunos dirigentes y figuras públicas la han comparado con las antiguas restricciones turcas al velo. El Gobierno azerbaiyano ha respondido que sus vínculos con Ankara no otorgan a un Estado capacidad para determinar las decisiones internas del otro. El debate, por tanto, no se limita a una prenda: enfrenta dos concepciones sobre la neutralidad estatal, la autonomía familiar y el papel de la escuela pública en sociedades con una importante población musulmana.

Azerbaiyán refuerza el laicismo escolar y se suma a una tendencia europea

Una norma escolar con base constitucional

La resolución completa una reforma iniciada durante el verano. En julio, Azerbaiyán modificó la Ley de Educación General para incorporar la identidad nacional y el laicismo entre los principios del sistema educativo. La Constitución ya define al país como un Estado laico: su artículo 7 proclama ese carácter y el artículo 18 establece la separación entre religión y Estado, además del carácter secular de la enseñanza pública.

El Gobierno sostiene que el uniforme común hace visible la igualdad entre alumnos de distintas familias y evita que la escuela se convierta en un espacio de presión religiosa o de diferenciación social. La lógica oficial distingue entre el derecho de los padres a transmitir sus convicciones y la función de la escuela pública, concebida como un entorno neutral. Esa separación permite que el velo pueda utilizarse libremente en la universidad, cuando el estudiante posee mayor capacidad legal para decidir sobre sus creencias y su apariencia.

La cuestión central es, sin embargo, quién protege mejor la libertad de la menor. Las autoridades presentan la restricción como una medida frente a presiones familiares o de grupo; sus críticos consideran que el Estado sustituye una imposición privada por otra pública. La tensión no se resuelve con el uniforme: depende de que la prohibición se aplique de forma general, previsible y no discriminatoria, y de que existan vías eficaces para impugnar decisiones arbitrarias.

Europa no tiene un único modelo

Austria adoptó en septiembre una fórmula distinta: las niñas menores de catorce años no pueden llevar el velo islámico en ninguna escuela, pública o privada. La edad coincide con el momento a partir del cual la legislación austriaca reconoce a los adolescentes el derecho a decidir por sí mismos su religión. Hasta entonces, la norma pide que esa decisión familiar no se traslade al ámbito escolar.

Francia mantiene desde 2004 la regulación más amplia entre los principales precedentes europeos. La ley prohíbe los símbolos religiosos ostensibles, como el velo, las cruces de grandes dimensiones, la kipá o el turbante, en los centros públicos de primaria y secundaria. No se aplica a las universidades ni a los centros privados. Desde 2023, las autoridades educativas aplican el mismo criterio a la abaya, considerada vestimenta religiosa por el Consejo de Estado. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha avalado reiteradamente la compatibilidad de estas restricciones con el Convenio Europeo, al reconocer el margen de los Estados para preservar la neutralidad escolar.

Bélgica prohíbe los símbolos religiosos en la red pública de Flandes desde 2009, una disposición respaldada por Estrasburgo en 2024. Los Países Bajos restringen las prendas que cubren el rostro en los centros educativos, mientras Dinamarca debate extender a escuelas y universidades su prohibición general de cubrirse el rostro en espacios públicos. Suiza, Bulgaria y Portugal también han limitado ese tipo de prendas en el espacio público, aunque estas normas no equivalen necesariamente a una prohibición general del velo.

El precedente de Kosovo

Kosovo ofrece el ejemplo más próximo a la situación azerbaiyana por la composición religiosa de su población. Cerca de nueve de cada diez kosovares son musulmanes, pero una instrucción del Ministerio de Educación prohíbe desde 2010 el uniforme religioso, incluido el velo, en las escuelas públicas. La regla fue actualizada en 2014 y ha sobrevivido a gobiernos de distintas orientaciones.

Pristina defiende la medida como una expresión de igualdad ante el Estado y como parte de la construcción de instituciones alineadas con el modelo europeo. Su experiencia demuestra que la escuela laica y una sociedad mayoritariamente musulmana no son realidades incompatibles. También muestra que la estabilidad de una norma depende de que sea asumida como una regla institucional y no como una campaña contra una comunidad religiosa concreta.

La disputa con Turquía

Las reacciones turcas reflejan la fractura interna del país entre la tradición kemalista y el conservadurismo religioso fortalecido durante las últimas dos décadas. Mustafa Kemal Atatürk consagró el laicismo como principio constitucional en 1937. Durante décadas, las escuelas, universidades y administraciones turcas limitaron los símbolos religiosos; la prohibición del velo se mantuvo en las universidades hasta 2010 y en las instituciones estatales hasta 2013.

Algunos académicos, columnistas y figuras próximas al Gobierno han defendido que Azerbaiyán preserve su identidad laica sin ser juzgado desde la experiencia turca. El teólogo Cemil Kılıç pidió a Bakú que no cediera ante el islamismo político, mientras Aygün Attar rechazó comparar la decisión con la intervención militar turca del 28 de febrero de 1997. Otros analistas han advertido de que utilizar el velo para avivar las tensiones entre Ankara y Bakú puede perjudicar una relación bilateral que ambos países consideran estratégica.

La decisión azerbaiyana no representa necesariamente un giro contra la religión ni una copia exacta del modelo francés. Es, más bien, una afirmación de la competencia estatal sobre la escuela pública, respaldada por la Constitución y limitada al ámbito educativo. Su impacto dependerá de la aplicación concreta: si protege una neutralidad común para todos, reforzará la confianza institucional; si se convierte en una selección dirigida contra una sola comunidad, alimentará la percepción de discriminación. Ahí se decidirá si Bakú consolida una tradición laica propia o abre un conflicto más profundo sobre los límites de la libertad religiosa.