Al menos 15 personas, incluidos tres niños, murieron este sábado en Zaporiyia, en el sur de Ucrania, después de que las fuerzas rusas lanzaran cinco bombas aéreas guiadas contra zonas residenciales, según informó la Policía ucraniana. Dos de los proyectiles impactaron directamente en edificios de viviendas y provocaron el derrumbe parcial de varias estructuras. Los equipos de emergencia continuaban buscando supervivientes entre los escombros mientras las autoridades evaluaban la magnitud de los daños.
El ataque se produjo en un momento especialmente delicado para el conflicto, cuando representantes de Rusia, Ucrania, Estados Unidos y países europeos mantienen nuevos contactos para estudiar fórmulas de desescalada, garantías de seguridad y acuerdos energéticos. La coincidencia entre la ofensiva y esas conversaciones elevó la presión política sobre Washington y sus aliados, además de reavivar el debate sobre si cualquier alivio económico para Moscú podría traducirse en una mayor capacidad para sostener la guerra.

Edificios residenciales alcanzados
Los servicios de rescate informaron de que varias personas quedaron atrapadas bajo los restos de las construcciones afectadas. Daniil Pishkin, un voluntario que participó en las labores de auxilio, declaró a la agencia AFP que los equipos encontraron entre los escombros a una mujer, a su marido y a un niño. Dos personas fueron rescatadas, pero una niña pequeña murió, relató el voluntario.
El testimonio de los residentes reflejó la rapidez con la que el ataque alcanzó a la población civil. Irina, una vecina de 69 años, explicó que apenas logró refugiarse en el baño después de recibir la alerta sobre un bombardeo inminente. Dos vecinos suyos, ambos de 75 años, fallecieron a causa de las heridas sufridas. La información disponible no precisaba todavía el número total de heridos ni cuántas personas podían permanecer desaparecidas.
El uso de bombas aéreas guiadas contra áreas habitadas incrementa el riesgo de daños estructurales y dificulta las operaciones de rescate. En edificios parcialmente colapsados, los equipos deben retirar los materiales de forma gradual para evitar nuevos derrumbes, una circunstancia que puede prolongar durante horas la búsqueda de personas atrapadas. La cifra de víctimas, por tanto, podría modificarse a medida que avance la inspección de los inmuebles.
Zelenski vincula el ataque con el acuerdo energético
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, cuestionó el entendimiento anunciado por el presidente estadounidense, Donald Trump, y el mandatario ruso, Vladímir Putin, para suministrar diésel ruso al mercado estadounidense e internacional. En un mensaje difundido en redes sociales, Zelenski afirmó que Moscú había respondido al alivio de las sanciones con cinco bombas contra edificios residenciales de Zaporiyia.
Según el anuncio de Trump, Rusia entregaría de inmediato más de 300.000 toneladas de combustible y otras 500.000 durante noviembre. Zelenski pidió revertir la decisión porque, a su juicio, una reducción de las restricciones económicas podría proporcionar nuevos recursos al Kremlin para prolongar las operaciones militares. Representantes europeos también expresaron críticas, aunque las posiciones concretas de cada gobierno sobre el acuerdo no fueron detalladas.
La disputa energética añade una dimensión económica a la respuesta internacional al bombardeo. Para Kiev, la cuestión no se limita a la ayuda financiera que pueda recibir Rusia, sino al mensaje político que transmite cualquier flexibilización mientras continúan los ataques contra zonas urbanas. Para Washington, el pacto anunciado parece insertarse en una estrategia de negociación más amplia, pero su viabilidad y sus condiciones siguen dependiendo de conversaciones que aún no han producido un acuerdo de paz.
Daños en otras ciudades y contactos diplomáticos
La ofensiva también provocó interrupciones eléctricas de gran escala en Kiev, de acuerdo con DTEK, la principal compañía privada de energía de Ucrania. El alcalde de la capital, Vitali Klitschko, informó además de que un restaurante fue alcanzado durante los ataques. Las autoridades seguían recopilando información sobre los efectos de los bombardeos en distintos puntos del país, por lo que el balance de daños materiales podía aumentar.
En paralelo, representantes estadounidenses, ucranianos y europeos mantuvieron conversaciones en Miami centradas en posibles vías de desescalada, garantías de seguridad y asuntos energéticos. El Kremlin señaló que Putin había recibido con interés algunas propuestas planteadas por Washington, aunque no hizo públicos sus detalles. La ausencia de información precisa impide determinar si esos contactos han producido compromisos concretos o si se encuentran todavía en una fase exploratoria.
El ataque de Zaporiyia deja así dos hechos simultáneos: una emergencia humanitaria con víctimas civiles y un proceso diplomático que todavía no ha conseguido frenar la violencia. La respuesta de las partes al bombardeo, especialmente en relación con las sanciones y el suministro energético, será determinante para medir si las negociaciones pueden avanzar o si la escalada militar vuelve a imponerse sobre los esfuerzos para alcanzar una salida al conflicto iniciado en febrero de 2022.