El desfile de la Fiesta Nacional reunió en Madrid a los Reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía, pero su imagen estuvo atravesada por una ausencia: ninguna unidad de Ceuta recorrió el paseo del Prado. La ciudad autónoma, donde Defensa mantiene desplegado su dispositivo tras la entrada ilegal de miles de inmigrantes desde Marruecos en julio, estuvo presente precisamente por no estar. La jornada enlazó así tres planos distintos: una situación operativa aún abierta, una campaña electoral a punto de comenzar y la incorporación pública de Leonor tras completar su formación militar.
Una ausencia que señala una prioridad operativa
La falta de unidades ceutíes no respondió a un cambio protocolario ni a una decisión aislada para el acto. Según el contexto descrito, las fuerzas siguen destinadas allí por la crisis migratoria desatada en julio. La consecuencia visible fue que la representación de la ciudad quedó fuera del desfile, mientras los Reyes preparan un viaje a Ceuta para el día siguiente. La agenda enlaza, por tanto, la ceremonia nacional con un territorio cuya situación continúa requiriendo presencia de Defensa.
Esta conexión da a la ausencia un significado más concreto que el de una simple excepción en el orden de marcha. El desfile presenta cada año una imagen conjunta de las Fuerzas Armadas, pero su composición también refleja dónde se concentran los recursos y qué necesidades condicionan su disponibilidad. En este caso, la continuidad del despliegue impidió que las unidades participaran en Madrid. No se ofrecen detalles sobre la duración prevista de esa misión ni sobre cambios en el dispositivo, de modo que no cabe extraer conclusiones más amplias sobre su evolución. Sí queda claro que la coyuntura de Ceuta pesó sobre el acto nacional.

El calendario electoral se cuela en la ceremonia
El desfile coincidió además con un momento político excepcional. Pedro Sánchez había anunciado el lunes elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre, y llegó a la celebración con las Cortes disueltas. A lo largo del recorrido recibió abucheos, silbidos y cánticos en contra, una reacción que se sumó a la banda sonora habitual de protesta dirigida al presidente del Gobierno.
La proximidad de la campaña altera la lectura pública de una ceremonia concebida para representar al Estado y a sus instituciones. El acto mantuvo su programa, pero la convocatoria electoral convirtió la presencia de los dirigentes en una escena de inmediata resonancia política. Esa tensión no borra el carácter institucional del desfile; sí muestra lo difícil que resulta separar la celebración oficial del clima partidista cuando las urnas están tan cerca. La jornada se celebró, en efecto, con la campaña casi en la puerta, aunque el relato disponible no permite atribuir los abucheos a una causa única ni medir su alcance más allá de lo ocurrido en la calle.
Leonor pasa de la formación a la escena pública
Para la princesa Leonor, el 12 de Octubre tuvo un significado propio: fue su primer desfile después de completar tres años de formación militar. Su participación situó el relevo generacional dentro de una ceremonia dominada por la continuidad de los símbolos y los protocolos. El inicio del día estuvo marcado, sin embargo, por un contratiempo menor: estuvo a punto de perder el Toisón de Oro y su padre terminó colocándoselo. El episodio, uno de los momentos más comentados de la mañana, acercó la solemnidad del acto a una escena familiar sin alterar su desarrollo.
La imagen de Leonor no sustituye el sentido institucional del desfile, pero añade una dimensión de futuro a una jornada que también miró a las capacidades actuales de Defensa. La formación militar completada precede a su aparición en este marco, aunque no cabe deducir de ello funciones distintas de las que refleja el acto. Su presencia, junto a los Reyes y la infanta Sofía, dejó en primer plano a la familia real mientras las novedades militares y la situación de Ceuta marcaban otros ejes de la jornada.
La tecnología y la tradición comparten recorrido
El componente aéreo reunió 82 aeronaves distribuidas en 18 formaciones, encabezadas por dos F/A-18 del Ala 15. Antes, el cabo primero José Antonio Lago descendió con una bandera de 24 metros cuadrados, guiado por el sargento primero Pablo García Matanza. En tierra debutaron tres blindados 8×8 Dragón del Ejército de Tierra, junto a vehículos de la Infantería de Marina equipados con el sistema antidron Aracne y dos drones Asturcón de la Unidad Militar de Emergencias.
La presencia de estos sistemas apunta a una prioridad tecnológica reforzada desde que la guerra de Ucrania situó los drones en el centro de la atención militar. El desfile no permite valorar por sí solo la eficacia ni el alcance operativo de esos equipos, pero sí ofrece una señal sobre las capacidades que Defensa quiere mostrar: movilidad blindada y respuesta frente a amenazas aéreas no tripuladas. La exhibición tecnológica convivió con elementos de larga tradición, en lugar de desplazarlos.
La Legión desfiló a 160 pasos por minuto, frente a los 90 de los Regulares, y volvió a atraer los aplausos con Babieca, un chivo de dos años cuyo nombre evoca el caballo del Cid. Los 286 equinos cerraron el recorrido. En total participaron 3.850 hombres y 530 mujeres, cifras que dan escala al despliegue sin borrar el contraste entre innovación y ceremonial. La recepción ofrecida por los Reyes en el Palacio Real puso fin a la celebración, mientras la visita prevista a Ceuta trasladará al día siguiente parte de la atención desde la capital hacia la ciudad ausente del desfile.