Chucho Valdés revisita siete décadas de música en Nueva York

Chucho Valdés revisita siete décadas de música en Nueva York

Chucho Valdés celebrará sus 85 años con dos conciertos este viernes y sábado en el Rose Theater del Lincoln Center, donde recorrerá siete décadas de carrera junto a músicos como el saxofonista Joe Lovano. El pianista cubano, que cumplió años el 9 de octubre, concibe las actuaciones como “un recuento de lo vivido” y quiere recuperar temas de sus comienzos, cuando tenía 15 años. La cita en Nueva York, ciudad ligada a su trayectoria desde el debut de Irakere en el Carnegie Hall en 1978, combina retrospectiva y continuidad: Valdés afirma que sigue motivado y dispuesto a evolucionar.

Chucho Valdés revisita siete décadas de música en Nueva York

Una historia musical compartida

Valdés vive entre Málaga y Miami, pero describe Nueva York como su “segunda casa musical”. Su vínculo con la ciudad se consolidó cuando Irakere actuó en el Carnegie Hall en 1978, después de despertar el interés del productor Bruce Lundvall, entonces presidente de CBS, a partir de referencias del trompetista Dizzy Gillespie. El músico recuerda aquel debut como un hito para la formación y el comienzo de una relación duradera con el público estadounidense.

También guarda un lugar especial para el Village Vanguard, el club de jazz de Greenwich Village abierto en 1935. Allí grabó en directo por primera vez, en 1999, y encontró un espacio para liderar grupos más pequeños. La conexión neoyorquina no es, por tanto, solo una escala biográfica: refleja el paso de Irakere por escenarios decisivos y la continuidad de Valdés en distintos formatos.

De la raíz a una voz propia

Fundada por Valdés en 1973, Irakere transformó la música cubana al combinar jazz, música clásica y tradiciones afrocubanas. El pianista dice que entonces no pensaba en términos de revolución: tenía ideas que consideraba sueños y se preguntaba cómo podían convivir distintos lenguajes. La innovación surgió de esa exploración, más que de un programa declarado.

En ese proceso fue central su padre, el pianista Bebo Valdés, a quien considera su primer maestro. De joven aprendió de memoria sus solos, pero recibió de él una advertencia que marcaría su desarrollo: debía buscar una identidad propia. Esa búsqueda tomó forma en los años sesenta con “Mambo influenciado”, pieza que anticipó la fusión desarrollada después con Irakere, y continuó con “Misa negra”, donde incorporó ritmos, cantos y sonoridades vinculadas a la religión yoruba y la santería. “Encontré a Chucho sin separarme de Bebo”, resume.

Tradición en movimiento

Ganador de siete premios Grammy, cinco Latin Grammy y un Grammy honorífico por su trayectoria, Valdés acaba de publicar “Uncut”, un disco de piano solo registrado en una única toma, sin cortes ni edición. Lo describe como un trabajo fresco y atrevido, una muestra de que la celebración de su legado no supone detener la búsqueda.

Sobre el jazz cubano actual, destaca a David Virelles, Gonzalo Rubalcaba y Omar Sosa, además de músicos jóvenes que han desarrollado un lenguaje propio desde sus raíces. Para Valdés, la tradición permanece viva cuando cada generación encuentra su manera de hacerla suya. Esa idea conecta sus conciertos de aniversario con su trayectoria: volver a las primeras composiciones no es solo mirar atrás, sino mostrar cómo una raíz puede seguir produciendo música nueva.