Cuba rechaza las amenazas de Trump mientras Washington impulsa contactos con la CIA

Cuba rechaza las amenazas de Trump mientras Washington impulsa contactos con la CIA

La tensión entre Cuba y Estados Unidos escaló tras las declaraciones de Donald Trump sobre una posible operación contra la isla. Durante un mitin en Florida, el presidente estadounidense afirmó que su Gobierno “se ocupará de Cuba” después de regresar de Irán y anticipó una breve escala. La advertencia, formulada sin detalles operativos, fue interpretada en La Habana como una amenaza directa.

Respuesta diplomática y presión política

El canciller cubano, Bruno Rodríguez, rechazó las “ambiciones” estadounidenses y advirtió que las costas del país no son un escenario sencillo para quienes lleguen con fines hostiles. “Cuba no es una amenaza. El bloqueo sí”, escribió en la red social X. El mensaje condensó la posición oficial de La Habana: presentar el conflicto como una disputa entre la soberanía cubana y la política de asfixia económica aplicada por Washington.

Cuba rechaza las amenazas de Trump mientras Washington impulsa contactos con la CIA

Pocos minutos después, el secretario de Estado Marco Rubio pidió a los cubanos que establezcan contactos “discretos” con los servicios de inteligencia estadounidenses. Su llamado vinculó el descontento por la corrupción, los privilegios y las promesas incumplidas con una posible colaboración con la CIA. La declaración confirma que Washington no limita su estrategia a la presión externa: también busca estimular fracturas internas y acelerar un cambio político en la isla.

El nuevo intercambio ocurre mientras Cuba denuncia una ofensiva diplomática estadounidense para reducir el respaldo internacional a su resolución anual contra el embargo en Naciones Unidas. A ello se suma una política energética contradictoria: desde enero, Washington habría bloqueado el acceso directo del Estado cubano al combustible, pero mantiene autorizadas las ventas al sector privado, que se ha convertido en un proveedor central de gasolina y diésel.

La combinación de amenazas militares, llamados a la inteligencia y medidas económicas eleva el riesgo de una crisis más amplia. Aunque no se han anunciado operaciones concretas, el lenguaje de ambos gobiernos deja menos espacio para la diplomacia y aumenta la posibilidad de errores de cálculo en una relación ya marcada por décadas de hostilidad.