La primera gran actuación de Sergio De Larrea en la NBA llegó acompañada de una derrota que limita su impacto inmediato en el marcador, pero amplía de forma notable su presencia dentro de la rotación de Dallas. Los Mavericks cedieron ante San Antonio por 106-122, en un encuentro que tuvo dos lecturas paralelas: el base español confirmó que puede asumir responsabilidades ofensivas en el máximo nivel y los Spurs demostraron que, incluso después de un inicio con dos tropiezos, conservan suficientes recursos para controlar un partido exigente durante largos tramos.
Veintiún puntos para cambiar su lugar en la rotación
De Larrea terminó como máximo anotador de los Mavericks, pese a comenzar el encuentro en el banquillo. En 33 minutos firmó 21 puntos con una notable eficacia de 9 de 15 en tiros de campo, además de convertir tres de sus cuatro intentos desde la línea de tres. Nadie en Dallas lanzó más que él, un dato que define mejor su actuación que cualquier etiqueta asociada a su condición de novato: el equipo no sólo le permitió participar, sino que recurrió a su capacidad para generar puntos cuando sus principales referencias no estaban disponibles.
El partido también significó el estreno anotador del español en la Liga. En sus dos primeros compromisos no había logrado sumar y contra Indiana apenas había disputado 56 segundos. La progresión, por tanto, no se mide únicamente en la cifra final. De Larrea pasó de ocupar un papel testimonial a convertirse en una de las opciones ofensivas más utilizadas por el entrenador Dusty May. Sus cinco rebotes y cuatro asistencias completaron una actuación productiva, aunque los cuatro balones perdidos muestran el margen de adaptación que todavía tiene por delante en un ritmo de juego más físico, rápido y castigador con cada decisión.

Las ausencias convirtieron una oportunidad en una necesidad
La cantidad de minutos de De Larrea no fue casual. Dallas afrontó el duelo sin Cooper Flagg ni Kyrie Irving, dos jugadores cuya presencia condiciona la distribución de responsabilidades en ataque. Flagg, elegido mejor novato de la temporada pasada, se lesionó el hombro en el partido anterior tras recibir una dura falta cuando intentaba culminar un mate y estará fuera al menos una semana. Irving, por su parte, recibió descanso al tratarse de la segunda noche consecutiva de competición, dentro de un proceso de regreso después de una lesión de rodilla que le mantuvo 19 meses apartado.
Estas bajas alteraron la jerarquía habitual y obligaron a los Mavericks a pedir más a jugadores que normalmente disponen de menos posesiones. La respuesta de De Larrea fue especialmente visible, pero no bastó para compensar la mala noche de los titulares, que sólo reunieron 50 puntos entre todos. El dato explica por qué May amplió la confianza en el banquillo y por qué el encuentro se mantuvo abierto hasta el último cuarto: Dallas encontró producción secundaria, aunque no una estructura ofensiva suficientemente estable para sostenerla durante los 48 minutos.
Wembanyama marcó la diferencia en el lado defensivo
San Antonio tuvo en Victor Wembanyama a su principal referencia y a la pieza que mejor definió la superioridad de los Spurs. El francés aportó 23 puntos, siete rebotes y cuatro tapones, una combinación que impactó en las dos canastas. Su producción ofensiva obligó a Dallas a vigilar constantemente la zona, mientras que su presencia defensiva redujo el margen de error de los locales cerca del aro. No necesitó dominar cada posesión para condicionar el partido: su capacidad para alterar tiros y cerrar espacios amplió la ventaja de San Antonio en los momentos de mayor presión.
El rendimiento del pívot estuvo respaldado por una distribución equilibrada. Dylan Harper sumó 22 puntos, mientras que De’Aaron Fox y Stephon Castle alcanzaron los 19. Julian Champagnie también resultó determinante en el tramo decisivo. Esa variedad explica que los Spurs pudieran responder incluso cuando Dallas recortó distancias. El equipo visitante había empezado la temporada con dos derrotas, pero su actuación en Dallas mostró una plantilla capaz de repartir el peso anotador y mantener la iniciativa sin depender de una sola figura.
Dallas resistió hasta que el último cuarto rompió el partido
La diferencia final no refleja una superioridad constante durante todo el encuentro. San Antonio dominó buena parte de la noche y llegó a disfrutar de 23 puntos de ventaja, pero Dallas aprovechó el tercer periodo para volver a competir. Los Mavericks llegaron a desperdiciar una desventaja de 14 puntos y Daniel Gafford colocó a los locales a sólo uno con la primera canasta del último cuarto, que situó el marcador en 91-92. En ese momento, la remontada parecía una posibilidad real.
La respuesta de los Spurs fue inmediata y decisiva. Convirtieron cinco de sus 15 triples totales en el periodo final y encontraron el ritmo anotador de Harper y Champagnie. Cuando De Larrea regresó a la pista, Dallas ya perdía por 94-103. El parcial inicial de 0-11 creció hasta un 6-18 y llevó el resultado a 98-119, una distancia que los Mavericks ya no pudieron neutralizar. El base español cerró así su mejor noche individual con una conclusión incómoda: su salto de protagonismo es una noticia relevante para Dallas, pero también deja claro que el equipo necesita recuperar a sus estrellas y mejorar su producción titular para transformar actuaciones competitivas en victorias.