La detención en Italia de Eros Nicola Castellán Airaldo, un uruguayo de 32 años, volvió a poner bajo la lupa una trayectoria marcada por episodios de violencia, antecedentes por delitos graves y vínculos con sectores del ambiente delictivo. El martes de noche, la Policía italiana lo capturó junto a otras tres personas mientras retiraban 119 ladrillos de droga de un contenedor ubicado frente al puerto de Pra’, en Génova. El procedimiento no aparece como un hecho aislado: se produce menos de dos meses después de que Castellán sobreviviera a un ataque con un arma automática en Montevideo.
El operativo en Génova cambia la escala del caso
El dato central de la investigación italiana es la cantidad de droga incautada y el contexto en que fue encontrada. Castellán fue detenido cuando, junto con otras tres personas, sacaba 119 ladrillos de un contenedor próximo al puerto de Pra’. La escena sugiere una operación organizada, aunque la información disponible no permite establecer cuál era el papel específico del uruguayo ni quiénes estaban detrás del cargamento.
La intervención también desplaza el foco desde sus antecedentes locales hacia una posible dimensión internacional. Un puerto constituye un punto estratégico para el ingreso, tránsito y distribución de mercancías, y la extracción de un cargamento desde un contenedor requiere coordinación logística. Sin embargo, la detención por sí sola no prueba la pertenencia de Castellán a una organización criminal determinada. Esa diferencia resulta relevante: el caso italiano deberá establecer responsabilidades individuales, origen de la droga y destino previsto, mientras Uruguay aporta los antecedentes y la información de contexto sobre el detenido.

Ocho balas que no fueron un episodio menor
El antecedente más llamativo ocurrió el 16 de agosto, alrededor de las 20:00, en el barrio Ituzaingó de Montevideo. Castellán circulaba en un Volkswagen ID3 por la zona de Francisco Etchegoyen y Patricios cuando fue atacado con al menos 15 disparos efectuados con un arma automática de grueso calibre. Ocho proyectiles impactaron en su espalda y en un hombro.
A pesar de las heridas, logró conducir hasta la vivienda de un familiar, situada en Carreras Nacionales y Luis Galvani, a unos tres minutos en automóvil. El vehículo recibió 15 impactos de bala. Una de las balas alcanzó además un vidrio del Liceo 13, lo que muestra que el ataque ocurrió en un entorno urbano y con un riesgo potencial para terceros.
La secuencia aporta un elemento decisivo para leer su posterior arresto: Castellán no era solamente una persona con antecedentes, sino también el objetivo reciente de una agresión armada de gran intensidad. No obstante, las circunstancias y el móvil de ese ataque no quedaron aclarados en la información conocida. El hecho puede ser una pieza relevante para los investigadores, pero no permite por sí mismo establecer una relación directa con el procedimiento realizado en Italia.
La versión del alquiler de casas frente a los antecedentes
La primera explicación recogida por los investigadores tras el tiroteo fue la de un familiar, quien afirmó que Castellán se dedicaba al alquiler de casas y que lo había visto poco antes de la agresión. Esa descripción contrasta con los registros policiales conocidos posteriormente. El uruguayo tenía tres antecedentes penales, y el más reciente, de 2021, estaba vinculado a estupefacientes.
Su historial incluye además tráfico interno de armas y varias indagatorias por hurto y rapiña. La existencia de antecedentes no demuestra que haya cometido un delito nuevo, pero sí modifica la lectura de los hechos y explica por qué las autoridades uruguayas observan su perfil con especial atención. En este caso, la distancia entre la actividad declarada por su entorno y los registros judiciales constituye una señal de alerta, aunque no sustituye la prueba que deberá producirse en la causa italiana.
También importa la continuidad temporal. En agosto fue blanco de una balacera; en octubre apareció detenido en una operación vinculada con un cargamento de droga. Esa sucesión de hechos no prueba que ambos episodios formen parte de una misma disputa, pero sí plantea una línea de investigación: determinar si el ataque en Montevideo estuvo relacionado con deudas, conflictos o actividades que luego desembocaron en la operación detectada en Génova.
Un vínculo señalado, sin una organización atribuida
La Policía uruguaya no vincula a Castellán con un grupo o una organización criminal específica. Según la información disponible, sí lo considera cercano a la barra de Alan Lorenzo, integrante de la hinchada de Nacional. Ese dato es de contexto y no equivale a una imputación contra Castellán por los delitos atribuidos a otras personas.
Lorenzo estuvo involucrado en el intento de robo a un banco en Argentina, por el que fue detenido en Colón, Montevideo. En 2019 también había sido detenido en Flores y encarcelado por intentar asaltar un camión paraguayo que transportaba cocaína. Estos antecedentes explican por qué la cercanía señalada por la Policía resulta relevante para los investigadores, pero no permiten concluir automáticamente que Castellán integrara la misma estructura o participara en esos hechos.
El desafío para las autoridades consiste ahora en conectar, con evidencia concreta, tres planos diferentes: el cargamento retirado en el puerto italiano, el historial del detenido en Uruguay y el ataque armado que sufrió en Montevideo. La coordinación entre ambos países será clave para reconstruir sus movimientos, verificar sus contactos y determinar si existía una red transnacional. Hasta que esas pruebas sean incorporadas a las investigaciones, el caso queda definido por hechos firmes y preguntas abiertas: una detención con 119 ladrillos de droga, un ataque de 15 disparos y un pasado penal que vuelve especialmente relevante cada nueva pista.