Dos terremotos en pocos meses: lo que el caso de Jackeline Rentería revela sobre vivir una emergencia lejos de casa

Dos terremotos en pocos meses: lo que el caso de Jackeline Rentería revela sobre vivir una emergencia lejos de casa

El caso de Jackeline Rentería no es únicamente la historia de una colombiana que sintió un terremoto en Panamá. También muestra cómo una emergencia natural puede adquirir un peso mayor cuando ocurre lejos del hogar, en un edificio alto y después de haber vivido otro sismo reciente. Para quienes viajan por trabajo, estudian en otro país o viven en zonas sísmicas, su experiencia plantea una pregunta concreta: ¿qué tan preparados estamos para reaccionar cuando el suelo se mueve y nuestras redes de apoyo están a cientos de kilómetros?

El peligro no termina cuando deja de temblar

Rentería, una esteticista oriunda de Cali, llevaba cerca de dos semanas en Ciudad de Panamá cuando comenzó el movimiento. Se encontraba en un apartamento del noveno piso y se preparaba para salir a trabajar. Según su relato, primero sintió un sacudón seco y luego una fuerte vibración que hizo caer objetos de los muebles.

La escena importa porque reúne varios factores que pueden aumentar la sensación de vulnerabilidad: la altura, la permanencia temporal en un inmueble que todavía no se conoce bien y la falta de información inmediata sobre lo que está ocurriendo. Rentería y la mujer con quien compartía el apartamento buscaron refugio bajo el marco de una puerta y, después, evacuaron por las escaleras de emergencia, ya que los ascensores dejaron de funcionar.

Para cualquier persona, la lección práctica es clara: durante un sismo no basta con pensar en la salida más rápida. También hay que identificar previamente las rutas de evacuación, saber dónde están las escaleras y asumir que los ascensores podrían quedar inutilizados. En un edificio alto, esa información puede marcar la diferencia entre una evacuación organizada y una reacción improvisada.

Dos terremotos en pocos meses: lo que el caso de Jackeline Rentería revela sobre vivir una emergencia lejos de casa

El segundo sismo también golpea la memoria

La emergencia en Panamá reactivó el temor que Rentería había experimentado el 10 de agosto, cuando un terremoto afectó el suroccidente de Colombia y se sintió con fuerza en Cali. La comparación entre ambos episodios no es un detalle menor: quienes han vivido un desastre pueden reaccionar con mayor ansiedad ante una nueva amenaza, incluso si todavía no se conocen sus consecuencias.

La mujer explicó que en Cali reside en un cuarto piso, mientras que en Panamá estaba en una planta más alta. Esa diferencia modificó su percepción del riesgo y reforzó su preocupación. Además, la cercanía del edificio con el océano Pacífico llevó a los residentes a temer una posible alerta de tsunami, mientras esperaban información sobre la seguridad del inmueble.

Esto tiene una implicación para quienes han sufrido un sismo: la preparación no debe limitarse a guardar provisiones. También conviene reconocer que el miedo puede afectar la capacidad de tomar decisiones. Tener acordado un punto de encuentro, conocer los canales oficiales de información y mantener una lista de contactos accesible reduce la dependencia de decisiones tomadas bajo presión.

Estar lejos cambia la prioridad: primero la seguridad, después la comunicación

Una vez que salió del edificio, la prioridad de Rentería fue comunicarse con su familia en Colombia. Sin embargo, las dificultades en las líneas telefónicas complicaron los primeros intentos y finalmente logró contactar a sus seres queridos mediante WhatsApp. El episodio recuerda que las comunicaciones pueden saturarse precisamente cuando más se necesitan.

Para los viajeros y trabajadores temporales, esto significa que informar a la familia sobre el lugar exacto de alojamiento, conservar números importantes y acordar una forma alternativa de contacto puede ser tan útil como llevar documentos o dinero de emergencia. Un mensaje breve que confirme que la persona está a salvo puede evitar que la incertidumbre se transforme en una crisis adicional para quienes están lejos.

También es recomendable que los familiares conozcan la dirección del alojamiento y el nombre de la empresa, hotel o persona responsable en el destino. Esa información permite orientar mejor la ayuda si se interrumpen las comunicaciones o si la persona debe abandonar el edificio y trasladarse a otro lugar.

La incertidumbre posterior también exige preparación

Tras la evacuación, Rentería y los demás residentes tuvieron que esperar una evaluación del inmueble para saber si podían regresar. Esa espera puede ser tan difícil como el momento del temblor: aparece la posibilidad de pasar la noche fuera, conseguir agua y alimentos, proteger documentos o encontrar un lugar seguro mientras avanzan las revisiones.

La frase de Rentería, “La lucha es llegar vivos a diciembre”, expresa el impacto emocional y material que puede tener una emergencia para una persona que trabaja en otro país. No se trata solo de sobrevivir al movimiento inicial, sino de enfrentar los días siguientes con recursos limitados, información incompleta y preocupación por la familia.

Por eso, una preparación razonable incluye una pequeña reserva de agua, alimentos no perecederos, linterna, batería externa, medicamentos esenciales, copias de documentos y efectivo. El kit debe poder trasladarse con facilidad y no reemplaza las instrucciones de evacuación ni la evaluación técnica del edificio. Su función es cubrir las primeras horas, cuando los servicios pueden no operar con normalidad.

Qué significa este caso para quienes viven o viajan a zonas sísmicas

La experiencia de Rentería no permite anticipar cuándo ocurrirá el próximo sismo ni determinar por sí sola el nivel de daño en una ciudad. Sí permite entender que la vulnerabilidad depende tanto del fenómeno natural como del contexto de cada persona: la estructura donde se encuentra, la altura, el conocimiento del entorno, la posibilidad de comunicarse y la existencia de una red de apoyo.

Para el público, la conclusión práctica es sencilla: antes de viajar o mudarse temporalmente, conviene preguntar por las salidas de emergencia y registrar la ubicación exacta; durante el sismo, protegerse y seguir los protocolos del lugar; después, no regresar al edificio hasta recibir autorización o información confiable. El relato de una colombiana que volvió a vivir el miedo en otro país convierte una noticia particular en una advertencia útil: la preparación debe comenzar antes de sentir el primer movimiento.