Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar y principal rival de Benjamin Netanyahu en las elecciones del 27 de octubre, plantea su candidatura como una alternativa de honestidad y gestión frente al actual Gobierno. Las encuestas atribuyen la victoria a su partido, pero no dan a ningún bloque los escaños necesarios para gobernar; con entre 57 y 58, Eisenkot podría explorar un Ejecutivo de transición en minoría, condicionado por la abstención de una formación árabe.
Una campaña centrada en la confianza y la gobernabilidad
En un acto en Petaj Tikva ante unas 600 personas, el exjefe del Estado Mayor prometió un liderazgo dispuesto a decir la verdad, incluso cuando resulte incómoda, y a ofrecer un programa y una visión. Acusó a la dirigencia actual de corrupción y de deteriorar los valores de la sociedad israelí, aunque su tono mesurado contrasta con la retórica combativa de Netanyahu, que presenta la contienda como una elección entre «derecha o izquierda» y ahora utiliza el lema «Derecha o Palestina».
El contraste define tanto el atractivo como el desafío de Eisenkot. Su discurso busca reunir a votantes de centro e incluso a conservadores descontentos, pero la moderación escénica no garantiza por sí sola una mayoría parlamentaria. Para llegar al Gobierno tendría que convertir el rechazo a Netanyahu en acuerdos entre partidos con posiciones diversas, una tarea difícil en un Parlamento sin bloque mayoritario claro.

El partido Yashar, creado el año pasado tras la ruptura de Eisenkot con Benny Gantz, encabeza los sondeos. Si no alcanza una mayoría, su posible fórmula de transición dependería de la abstención de un partido árabe. Netanyahu intenta explotar esa posibilidad para movilizar al electorado conservador, pese a que Raam ya participó en la coalición de Naftali Bennett y Yair Lapid entre 2021 y 2022. El giro a la derecha tras el ataque de Hamas del 7 de octubre ha vuelto políticamente más sensible esa cooperación.
El 7 de octubre, eje de las promesas
Eisenkot promete crear, durante las dos primeras semanas de un eventual Gobierno, una comisión estatal que investigue el fracaso ante el ataque del 7 de octubre de 2023. También ofrece una respuesta a dos asuntos centrales para el electorado: el reclutamiento y la seguridad. Exige que todos los ciudadanos cumplan el servicio militar o civil y afirma que cualquier socio de coalición deberá reconocer a Hamas como organización terrorista y aceptar el objetivo de desmantelarla.
Con esas condiciones, busca diferenciarse de Netanyahu y marcar límites a los partidos ultraortodoxos que sostienen al Ejecutivo, además de responder a la acusación de que dependería de fuerzas árabes. Eisenkot sostiene que formará una coalición con partidos sionistas «con sentido de Estado» y recalca que nunca apoyó públicamente la creación de un Estado palestino, a diferencia de lo que atribuye a su rival.
En el acto, las motivaciones de los asistentes reflejaban el reto electoral: algunos ya apoyan a Eisenkot; otros, como Riki, acudieron para conocer su programa antes de decidirse. Uri Nissan dijo que el candidato representa «el nuevo rostro» del país, mientras que otro asistente expresó su rechazo al Gobierno por la exención militar de los ultraortodoxos y la gestión del ataque. Según el Canal 12, el 18% de los votantes de Eisenkot respaldó al Likud hace cuatro años, un indicio de que su candidatura puede atraer a antiguos electores de Netanyahu, aunque no prueba que esa transferencia vaya a traducirse en una mayoría.
La biografía del candidato añade peso a esa conexión: Eisenkot tiene 66 años, nació en una familia mizrají de origen marroquí y perdió a su hijo Gal y a dos sobrinos en la ofensiva militar posterior al 7 de octubre. Su trayectoria militar y esas pérdidas suscitan simpatía más allá de su base electoral; el resultado dependerá de que esa confianza personal se transforme en apoyo suficiente para gobernar.