El cambio de hora en España: un siglo de decisiones energéticas y ajustes europeos

El cambio de hora en España: un siglo de decisiones energéticas y ajustes europeos

España volverá a modificar sus relojes en la madrugada del domingo 25 de octubre de 2026, cuando entre en vigor el horario de invierno. A las 3:00, los relojes deberán retrasarse hasta las 2:00. En Canarias, el ajuste se realizará a las 2:00, que pasarán a ser la 1:00. La medida está incluida en el calendario oficial publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) para el periodo comprendido entre 2022 y 2026.

El cambio de hora forma parte de una práctica que España aplica, con interrupciones y modificaciones, desde hace más de un siglo. Su justificación inicial estuvo ligada a la escasez de carbón y, décadas después, a la necesidad de reducir el consumo de petróleo. Actualmente, el ajuste se mantiene dentro de un sistema coordinado con los demás países de la Unión Europea, aunque sus efectos y su continuidad siguen siendo objeto de debate.

Una medida nacida durante la crisis del carbón

La primera aplicación del horario de verano en España se produjo en 1918, en plena crisis de abastecimiento provocada por la Primera Guerra Mundial. Aunque el país permaneció neutral, la guerra alteró los mercados internacionales y dificultó el suministro de carbón, un combustible entonces esencial para la industria, el transporte y la generación de energía.

En ese contexto, el Gobierno de Antonio Maura aprobó un Real Decreto el 3 de abril de 1918 para adelantar la hora oficial. El cambio entró en vigor el 15 de abril, cuando a las 23:00 los relojes pasaron directamente a marcar la medianoche. El horario ordinario se recuperó el 6 de octubre de ese mismo año.

La decisión no estableció todavía un modelo permanente. Durante las décadas siguientes, el adelanto horario se aplicó y se suspendió de forma intermitente, en función de las circunstancias políticas y económicas. Antes de 1940, además, no existía una uniformidad completa: las provincias podían mantener referencias horarias vinculadas a su posición geográfica y, durante la Guerra Civil, los dos bandos llegaron a utilizar horarios diferentes.

El cambio de hora en España: un siglo de decisiones energéticas y ajustes europeos

El huso horario actual se consolidó en 1940

El 16 de marzo de 1940 se produjo otro giro decisivo. Durante la dictadura de Francisco Franco, España adoptó el horario de Europa central, equivalente a GMT+1, en lugar de mantener la referencia geográfica que correspondía a buena parte de la península. La decisión aproximó oficialmente la hora española a la utilizada por Alemania y otros países centroeuropeos.

Ese cambio explica parte de la particularidad actual de los horarios españoles. Aunque la península se encuentra, por longitud, más próxima al huso horario de Europa occidental, la hora oficial no coincide con esa posición geográfica. El debate sobre si España debería recuperar el horario del meridiano de Greenwich está relacionado con esta herencia histórica, pero no debe confundirse con el cambio estacional de marzo y octubre: son decisiones distintas, aunque ambas afectan a la relación entre la hora oficial y la luz solar.

La crisis del petróleo reactivó el adelanto estacional

El segundo gran impulso al cambio de hora llegó en 1973. En octubre de ese año, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y varios países árabes decretaron un embargo contra Estados occidentales que habían apoyado a Israel durante la guerra de Yom Kipur. El precio del barril pasó en pocas semanas de unos 3 a 12 dólares, desencadenando inflación, dificultades de abastecimiento y una fuerte ralentización industrial.

La crisis llevó a numerosos gobiernos a buscar fórmulas para reducir el consumo energético. Adelantar los relojes permitía disponer de más luz natural durante la tarde y ajustar algunas actividades a las horas de mayor luminosidad. En España, como en otros países europeos, el argumento energético favoreció la recuperación de la medida. Sin embargo, el ahorro real depende de factores como el clima, los hábitos de consumo, la eficiencia de los edificios y el peso de la iluminación frente a otros usos de la electricidad.

La coordinación europea fijó el calendario

La Comunidad Económica Europea comenzó a coordinar la aplicación del horario de verano en 1980. En España, el sistema quedó establecido en 1981 con cambios durante los últimos domingos de marzo y septiembre. El calendario volvió a modificarse en 1996, cuando el ajuste de otoño se trasladó al último domingo de octubre para adaptar mejor el horario a la distribución anual de las horas de luz.

Desde entonces, el patrón general ha sido estable: los relojes se adelantan en primavera para iniciar el horario de verano y se retrasan en otoño para regresar al horario de invierno. La coordinación evita que cada país cambie de fecha por separado, algo que afectaría al transporte, las comunicaciones, las operaciones financieras y la planificación de empresas con actividad internacional.

El cambio también tiene efectos cotidianos que van más allá del consumo energético. El ajuste puede alterar temporalmente el sueño y la organización de las jornadas, mientras que la hora adicional de luz vespertina puede favorecer determinadas actividades comerciales, deportivas y de ocio. Por ello, la discusión sobre el sistema no se reduce a decidir qué hora marca el reloj: implica valorar el equilibrio entre eficiencia energética, salud, productividad, movilidad y coordinación continental.

Qué ocurrirá el 25 de octubre de 2026

En la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre, la mayoría de los dispositivos conectados actualizarán automáticamente la hora. Los relojes que no realicen el cambio por sí solos deberán retrasarse una hora: de las 3:00 a las 2:00 en la península y Baleares, y de las 2:00 a la 1:00 en Canarias. Con ese ajuste comenzará oficialmente el horario de invierno de 2026.

La fecha está respaldada por el calendario publicado en el BOE para el ciclo 2022-2026. Así, una práctica que comenzó como respuesta excepcional a la escasez de carbón y se reactivó durante la crisis del petróleo continúa condicionada por una decisión común europea. Su historia muestra que el cambio de hora nunca ha sido únicamente una cuestión técnica: refleja la forma en que los gobiernos han tratado de adaptar la vida social a las crisis energéticas, las alianzas políticas y la coordinación económica del continente.