El cierre electoral de Cisjordania agrava el desplazamiento de familias palestinas en Hebrón

El cierre electoral de Cisjordania agrava el desplazamiento de familias palestinas en Hebrón

Israel impondrá el martes 27 de octubre un cierre total de la Cisjordania ocupada, coincidiendo con las elecciones legislativas, y prohibirá la entrada y salida de trabajadores palestinos, incluso en las zonas industriales. El Ejército también clausurará los cruces terrestres y los puestos de control durante la jornada electoral. La medida, presentada como una disposición de seguridad, llega mientras alrededor de 2.000 habitantes de Hebrón permanecen desplazados por una operación militar israelí iniciada tras un ataque en el que murieron dos soldados.

El anuncio convierte la jornada electoral israelí en un episodio con efectos directos sobre la movilidad y la actividad económica palestinas. No se trata únicamente de impedir el tránsito entre Cisjordania e Israel: el cierre alcanza también los desplazamientos laborales dentro de áreas industriales, lo que puede dejar a miles de trabajadores sin acceso a sus empleos y profundizar la interrupción de la vida cotidiana en un territorio ya fragmentado por controles militares.

Una operación que ya ha vaciado barrios enteros

La medida se produce después de que las fuerzas israelíes ordenaran la evacuación de familias palestinas en Hebrón. Los soldados comunicaron las órdenes mediante megáfonos durante la noche y concedieron a los residentes un tiempo limitado para recoger documentos, ropa y otros bienes antes de abandonar sus viviendas. El ministro de Defensa, Israel Katz, confirmó que cerca de 2.000 personas habían sido desplazadas y afirmó que no podrían regresar hasta que Israel terminara de ocuparse de las actividades de Hamás en la ciudad.

La dimensión exacta del desplazamiento varía según la fuente. El gobernador de Hebrón, Khaled Dudin, calcula que la operación afecta ya a aproximadamente un tercio de la ciudad y habla de 150 familias expulsadas de sus hogares. El alcalde, Yusef al Jababari, y el activista Isa Amro elevan la cifra a unas 250 familias. La diferencia refleja la rapidez con la que se desarrolla la operación y la falta de un mecanismo independiente para registrar a todos los afectados.

El cierre electoral de Cisjordania agrava el desplazamiento de familias palestinas en Hebrón

En el barrio de Ein Dir Baha’, situado entre dos colinas, varios edificios fueron marcados con cruces para señalar que habían sido desalojados. Las calles quedaron prácticamente vacías, mientras vehículos militares israelíes se desplegaban por la zona. Algunos residentes relataron que recibieron apenas dos horas para preparar su salida. Higazi Shawer al Tamimi, un comerciante de 70 años, aseguró que fue despertado por soldados a la una de la madrugada y que se negó a abandonar definitivamente su barrio.

La respuesta militar y el argumento de la seguridad

El Ejército israelí informó de operaciones en 40 zonas de Cisjordania entre el viernes y el sábado. Según su comunicado, fueron detenidos alrededor de 40 sospechosos, entre ellos personas vinculadas a Hamás, a organizaciones yihadistas islámicas y a actos de incitación, alteración del orden público y lanzamiento de piedras. Las autoridades israelíes presentan el despliegue como una respuesta preventiva frente a nuevas agresiones y como una campaña para desarticular redes armadas.

La operación comenzó pocas horas después de que dos palestinos atacaran un puesto de control próximo a Hebrón, una ciudad donde cientos de colonos israelíes viven en medio de la población palestina. El ataque proporcionó al Gobierno de Benjamin Netanyahu el argumento inmediato para ampliar la presencia militar, pero la escala de los desalojos ha suscitado cuestionamientos sobre la proporcionalidad de la respuesta y sobre el uso de medidas colectivas contra una población que no ha sido acusada individualmente.

La Autoridad Palestina pidió a la comunidad internacional que presione a Israel para proteger a los residentes. Su posición se ve debilitada, sin embargo, por la creciente afirmación de sectores del Gobierno israelí que reclaman desmantelarla. Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional y candidato en las elecciones, volvió a pedir su desaparición, aunque no se ha presentado ninguna prueba que vincule a la Autoridad Palestina con el ataque de Hebrón.

Hebrón como escenario de la campaña electoral

La proximidad de las elecciones añade una dimensión política a la operación. Netanyahu se juega su continuidad y afronta una contienda muy ajustada con Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y candidato centrista. Ambos se oponen a la creación de un Estado palestino, pero Eisenkot ha prometido actuar contra la violencia de los colonos. Netanyahu, por su parte, anunció que prepara una operación de mayor envergadura, comparable por su alcance con las acciones militares emprendidas desde la Guerra de los Seis Días de 1967.

El primer ministro también habló de una “gran sorpresa” dirigida contra la Autoridad Palestina y dijo que neutralizaría esa amenaza mediante métodos que todavía no quería revelar. Este lenguaje permite presentar la seguridad en Cisjordania como una cuestión central de la elección y desplaza el debate hacia la capacidad de imponer control, precisamente cuando los votantes israelíes evalúan a los candidatos en un entorno de alta tensión.

La dinámica electoral no demuestra por sí misma que los desalojos respondan exclusivamente a intereses partidistas. Pero la coincidencia temporal es políticamente significativa: una operación visible, acompañada de promesas de expansión, puede reforzar el perfil de Netanyahu ante el electorado que exige una respuesta contundente. Para los palestinos afectados, esa competencia se traduce en restricciones concretas, pérdida de viviendas y mayor incertidumbre sobre la posibilidad de regresar.

La presión de los colonos amplía el riesgo

El cierre y las evacuaciones se desarrollan en un contexto de violencia creciente protagonizada por colonos radicales. La organización israelí de derechos humanos Yesh Din contabilizó 672 incidentes durante los 26 días anteriores, cerca de la mitad de ellos registrados durante la cosecha de aceitunas, un periodo tradicionalmente marcado por agresiones, daños a cultivos y enfrentamientos con habitantes palestinos. Sus críticos sostienen que estos grupos se benefician de la tolerancia o del respaldo de sectores del Gobierno israelí.

La combinación de incursiones de colonos, controles militares y desplazamientos forzosos puede alterar de forma duradera el equilibrio en Hebrón. Cada nuevo desalojo reduce la presencia palestina en zonas estratégicas, mientras la expansión de asentamientos y la protección militar consolidan una geografía urbana cada vez más segregada. El riesgo no se limita a la violencia inmediata: también afecta a la vivienda, al empleo, al acceso a los servicios y a la posibilidad de que las comunidades permanezcan en sus barrios.

La elección del martes decidirá la composición del poder político israelí, pero sus consecuencias comenzarán a sentirse más allá de las urnas. Si el cierre se mantiene como instrumento habitual de respuesta y la operación de Hebrón se amplía, Cisjordania afrontará una nueva etapa de aislamiento y desplazamiento. La cuestión decisiva será si la seguridad se utiliza para contener una amenaza concreta o para convertir la excepcionalidad militar en una forma permanente de gobierno sobre la población palestina.