La plataforma independiente inCUBAdora abrió la convocatoria del III Premio Franz Kafka de Cine Vertical Documental 2026, un certamen dirigido a realizadores nacidos en Cuba, vivan dentro o fuera de la isla. La iniciativa premiará tres cortometrajes documentales filmados exclusivamente con encuadre vertical y distribuirá 2.100 dólares entre los ganadores: 900 para el primer lugar, 700 para el segundo y 500 para el tercero.

El plazo para enviar las obras vence el 1 de diciembre de 2026. Los participantes deberán remitir un archivo MP4, o cualquier otro formato compatible con su circulación por internet, a la dirección [email protected]. La entrega debe incluir el título del documental, una breve sinopsis y un currículo con nombre completo, dirección, correo electrónico y teléfono.
Una convocatoria abierta más allá del circuito profesional
Las reglas establecen que las películas deben ser inéditas, tener una duración máxima de diez minutos y respetar la proporción 9:16 durante toda la filmación. Se aceptarán trabajos testimoniales, biográficos, históricos, políticos y artísticos, tanto en blanco y negro como en color. La amplitud de las categorías revela que el concurso no pretende imponer una única lectura sobre Cuba, sino facilitar que distintas experiencias encuentren una forma audiovisual propia.
Podrán participar cineastas profesionales, artistas visuales y personas sin formación especializada. Esa apertura es relevante en un campo donde el acceso a equipos, financiamiento y espacios de exhibición suele determinar quién puede producir y quién queda fuera. El teléfono móvil reduce parte de esas barreras y permite que una historia familiar, una observación del barrio o un testimonio personal se conviertan en una pieza documental sin requerir una infraestructura cinematográfica convencional.
La plataforma subraya que la realidad cubana no se limita a los acontecimientos políticos y sociales. También incluye la intimidad, los vínculos familiares y las experiencias privadas. Con esa definición, el premio amplía el foco documental hacia zonas de la vida cotidiana que a menudo quedan subordinadas a la cobertura de la crisis nacional: el deterioro de una vivienda, la ausencia de un familiar, las estrategias para sobrevivir o los cambios silenciosos en una comunidad pueden adquirir el mismo valor narrativo que un acontecimiento público.
El formato vertical cambia la manera de mirar
La elección del formato 9:16 no es un detalle técnico menor. La imagen vertical está asociada al consumo de contenidos en teléfonos y redes sociales, pero también modifica la composición y la relación del espectador con lo filmado. El encuadre favorece los rostros, los cuerpos, las fachadas estrechas, los interiores y los detalles que se pierden en una pantalla panorámica. Al mismo tiempo, limita la información lateral y obliga al realizador a decidir con mayor precisión qué queda dentro y fuera de campo.
Ese límite puede convertirse en una herramienta narrativa. Un documental vertical no solo registra con un dispositivo accesible: también construye una mirada marcada por la movilidad, la cercanía y el uso cotidiano de la pantalla. En el caso cubano, donde muchas historias circulan mediante redes informales y plataformas digitales, la convocatoria conecta la producción audiovisual con los canales que ya emplean numerosos ciudadanos para mostrar su entorno y establecer contacto con públicos dentro y fuera de la isla.
Una ventana entre la isla y el exilio
La participación de cubanos residentes en el extranjero introduce otra dimensión. El concurso busca ampliar las miradas sobre Cuba desde el interior del país y desde el exilio, dos posiciones que pueden ofrecer experiencias, distancias y conflictos distintos. No se trata únicamente de sumar más obras, sino de reunir registros de una realidad fragmentada por la migración, la separación familiar y las diferencias de contexto.
La convivencia de esas perspectivas puede enriquecer el archivo audiovisual contemporáneo de la isla. Una obra filmada en un barrio cubano y otra construida desde la memoria de quien emigró pueden abordar una misma pérdida, una tradición o una transformación urbana con recursos emocionales diferentes. El valor del certamen dependerá, en buena medida, de que esa diversidad no quede reducida a una etiqueta temática, sino que se traduzca en películas capaces de sostener una mirada personal y una elaboración formal.
El antecedente de una competencia en crecimiento
Creado en 2024, el Premio Franz Kafka de Cine Vertical forma parte de las iniciativas de inCUBAdora para promover la creación independiente cubana. En la segunda edición, celebrada en 2025, el primer premio fue para Inercia, de Yailyn Morales, un documental de siete minutos centrado en el deterioro urbano. Ve y escoge, de Javier Darío Canales, obtuvo el segundo lugar, mientras Mazuca, de Ixchel Casado, recibió el tercero.
El resultado de esa edición sugiere que la convocatoria puede funcionar como algo más que un mecanismo de premios. La selección de obras sobre el espacio urbano y otras experiencias concretas confirma que el formato breve permite abordar procesos complejos sin aspirar necesariamente a una explicación total. También proporciona visibilidad a autores que quizá no disponen de acceso estable a productoras, festivales o circuitos tradicionales.
El jurado será designado por la dirección de inCUBAdora y podrá incluir a integrantes del propio equipo de la organización. Esa fórmula facilita la gestión de un certamen independiente, aunque hace especialmente importante que los criterios de evaluación sean claros y que la selección final preserve la diversidad de enfoques anunciada en las bases. Para los participantes, la oportunidad combina una compensación económica modesta, la posibilidad de circulación en los canales de inCUBAdora y el ingreso a una plataforma de exhibición alternativa.
En un contexto de producción cultural marcada por la escasez de recursos y la dispersión geográfica de sus creadores, el premio convierte una herramienta de uso cotidiano en un instrumento de memoria. Su alcance no dependerá solo de cuántas películas reciba, sino de la capacidad de esas obras para mostrar la Cuba visible y la que suele permanecer fuera de los titulares: la de las casas, los cuerpos, las conversaciones y las decisiones privadas que también explican el presente del país.