Alrededor de 2.200 palestinos fueron desplazados de sus viviendas en Hebrón, en la Cisjordania ocupada, mientras el ejército israelí ampliaba sus operaciones un día después de un ataque en el que murieron dos soldados. La evacuación, ordenada durante la noche mediante anuncios por megáfonos, afecta a una de las zonas más sensibles del territorio y coloca a la población civil en el centro de una respuesta militar que Israel presenta como una operación contra Hamás y otros grupos armados.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, confirmó que cerca de 2.000 personas habían sido desplazadas y advirtió que no podrán regresar a su barrio hasta que concluyan las actuaciones contra lo que definió como la infraestructura de Hamás en Hebrón. El ejército aseguró que entre el viernes y el sábado actuó en 40 zonas de Cisjordania y detuvo a unos 40 sospechosos, entre ellos personas vinculadas con Hamás, organizaciones yihadistas y actividades de incitación o alteración del orden público.

Una evacuación nocturna que transforma el barrio en zona militar
En Ein Dir Baha’, el sector del que procedían los dos palestinos que atacaron un puesto de control y fueron abatidos posteriormente, las calles quedaron prácticamente vacías. Periodistas observaron edificios marcados con cruces para señalar que habían sido desalojados y una presencia masiva de vehículos militares. Los residentes relataron que recibieron apenas unas horas para reunir documentos, ropa y otros objetos antes de abandonar sus casas.
Higazi Shawer al Tamimi, un comerciante de 70 años, dijo que los soldados lo despertaron alrededor de la una de la madrugada. Como otros vecinos, tuvo que buscar alojamiento de emergencia. Su testimonio refleja una de las principales controversias de la operación: Israel sostiene que necesita registrar de forma precisa y exhaustiva el entorno de los atacantes, mientras las autoridades palestinas denuncian que la medida castiga a familias que no han sido acusadas de participar en el ataque.
Las cifras sobre el alcance inmediato de la expulsión varían. El gobernador de Hebrón, Khaled Dudin, calculó que unas 150 familias habían sido desplazadas y advirtió que aproximadamente un tercio de la ciudad estaba afectado. El alcalde, Yusef al Jababari, y el activista Isa Amro elevaron la estimación a cerca de 250 familias. La diferencia no es menor: muestra la rapidez con la que se desarrolla la operación y la falta de un mecanismo independiente para registrar a quienes han perdido temporalmente sus viviendas.
El argumento de seguridad frente a la acusación de castigo colectivo
La posición israelí parte de una lógica conocida: después de un atentado, las fuerzas de seguridad buscan a los colaboradores, las armas y las redes que pudieron facilitarlo. El ejército afirma que las incursiones son selectivas y que podrían prolongarse varios días, como ha ocurrido en otras operaciones posteriores a ataques palestinos. Hamás no reivindicó la acción, pero la celebró y llamó a realizar nuevos ataques, un mensaje que Israel utiliza para justificar la ampliación de sus medidas.
La Autoridad Palestina reclama presión internacional para proteger a los residentes y califica las evacuaciones de castigo colectivo. El gobernador de Hebrón sostiene que no existe una garantía de que la operación permanezca limitada al barrio de origen de los atacantes. Esa incertidumbre es uno de los factores de mayor riesgo: una medida presentada como temporal puede convertirse en un desplazamiento prolongado si el acceso a las viviendas queda bloqueado o si las autoridades vinculan el regreso a una reconfiguración permanente del área.
Hebrón tiene además una estructura particularmente explosiva. Es la mayor ciudad palestina de Cisjordania y alberga a cientos de colonos israelíes instalados en medio de la población palestina. La coexistencia está organizada mediante controles, restricciones de movimiento y una fuerte presencia militar. Cada nueva operación no solo afecta a los residentes del barrio intervenido, sino que puede reforzar la fragmentación territorial y aumentar los puntos de fricción entre comunidades.
La operación militar entra en la campaña electoral
La respuesta se produce a pocos días de unas elecciones legislativas que se anuncian ajustadas para el primer ministro Benjamin Netanyahu. El mandatario anunció una operación de mayor envergadura en Cisjordania y la comparó, por su escala, con acciones militares no vistas desde la Guerra de los Seis Días de 1967. También habló de una “gran sorpresa” para la Autoridad Palestina, sin detallar qué medidas contempla.
La dimensión electoral no demuestra por sí sola que las decisiones militares respondan exclusivamente a cálculos políticos, pero sí modifica el contexto en que se comunican y se ejecutan. Netanyahu enfrenta un empate técnico con Gadi Eisenkot, antiguo jefe del ejército y candidato centrista. Ambos se oponen a la creación de un Estado palestino, aunque Eisenkot ha prometido actuar contra la violencia de los colonos. En ese escenario, una respuesta contundente puede buscar transmitir control y capacidad de disuasión, pero también profundiza los riesgos de escalada.
El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, volvió a reclamar el desmantelamiento de la Autoridad Palestina pese a que no hay indicios de que esté vinculada con el ataque. Si esa exigencia se tradujera en medidas concretas, el impacto iría más allá de Hebrón: debilitaría a la entidad palestina que mantiene funciones administrativas y de seguridad limitadas en partes de Cisjordania, y podría dejar un vacío que grupos armados intentaran ocupar.
Más violencia en un territorio sometido a presión
La operación se inscribe en una tendencia de deterioro más amplia. La organización israelí de derechos humanos Yesh Din registró 672 incidentes protagonizados por colonos en los 26 días anteriores, aproximadamente la mitad durante la cosecha palestina de aceitunas, una temporada que suele concentrar ataques, daños a propiedades y enfrentamientos. La simultaneidad de incursiones militares y violencia de colonos reduce el margen de seguridad de las comunidades palestinas y aumenta la probabilidad de respuestas individuales o colectivas.
El desafío inmediato para Israel consiste en impedir nuevos ataques sin convertir las operaciones de seguridad en una dinámica de desplazamiento generalizado. Para la población de Hebrón, la cuestión central no es únicamente cuándo terminarán los registros, sino bajo qué condiciones podrán volver a sus hogares y qué garantías existirán contra nuevas expulsiones. Para la Autoridad Palestina, la crisis pone a prueba su capacidad de proteger a los residentes y conservar legitimidad frente a una población que percibe que las medidas militares y la violencia de los colonos avanzan sin freno.
Si la operación se limita a la búsqueda de responsables y concluye con el retorno de las familias, el gobierno israelí podrá presentarla como una respuesta temporal. Si se extiende, incorpora nuevos barrios o se combina con acciones contra la Autoridad Palestina, Hebrón puede convertirse en el punto de partida de una escalada territorial y política con consecuencias que excedan ampliamente el ataque que la desencadenó.