El miedo al Cazones persiste un año después de la inundación que dejó hogares destruidos y una persona desaparecida

El miedo al Cazones persiste un año después de la inundación que dejó hogares destruidos y una persona desaparecida

A un año del desbordamiento del río Cazones que devastó sectores de Poza Rica, Veracruz, habitantes de la colonia Granjas parte alta mantienen la preocupación ante las lluvias recientes y exigen información oportuna de las autoridades frente a cualquier nueva alerta. Vanesa González Cruz, quien perdió su vivienda durante la inundación del 10 de octubre de 2025, afirma que el temor continúa porque el cauce permanece bajo vigilancia y porque las consecuencias de aquella tragedia todavía no han sido resueltas por completo.

“A un año de las inundaciones estamos con miedo de que se vuelva a salir el río”, expresó la mujer, cuya casa quedó sepultada por el lodo y derribada por la fuerza del agua. Su testimonio refleja que, para varias familias afectadas, la emergencia no terminó cuando descendió el nivel del río: el desastre modificó sus condiciones de vida, dispersó a los sobrevivientes y dejó daños materiales y humanos aún pendientes.

Una evacuación marcada por la urgencia

La madrugada del 10 de octubre de 2025, elementos de la Marina Armada recorrieron la parte alta de la colonia Granjas para pedir a las familias que abandonaran sus domicilios. Las autoridades tocaron puertas mientras el agua y el lodo avanzaban, y los habitantes salieron con las pertenencias que alcanzaron a tomar. González Cruz recuerda que logró ponerse a salvo junto con su familia en la camioneta de su cuñado.

En ese momento tenía siete meses de embarazo. La vivienda que compartía con su esposo había sido construida durante años con muros de tabique y techo de lámina. En su interior estaban sus principales bienes: algunos electrodomésticos, una cama, una televisión y objetos preparados para la llegada de su primera hija. En cuestión de segundos, el desbordamiento destruyó la estructura y arrastró lo que la familia había conseguido reunir.

El miedo al Cazones persiste un año después de la inundación que dejó hogares destruidos y una persona desaparecida

La ayuda no alcanzó para recuperar el hogar perdido

Después de la inundación, González Cruz se trasladó a la casa de un familiar, donde permaneció varios meses mientras daba a luz a su hija. La emergencia coincidió con una pérdida personal: antes de la tragedia también había perdido a su esposo, por lo que tuvo que enfrentar sola el nacimiento de la niña y la reconstrucción de su vida cotidiana.

Como ocurrió con miles de familias damnificadas, recibió el apoyo inicial de 20 mil pesos entregado por el gobierno federal. Sin embargo, decidió destinar ese dinero a su madre, cuya vivienda también había sido arrasada por el agua y el lodo. La elección muestra una de las tensiones que aparecen después de una catástrofe: un apoyo individual puede aliviar una necesidad inmediata, pero resulta insuficiente cuando varios integrantes de una misma familia pierden simultáneamente sus casas y sus bienes.

González Cruz ya no regresó a la vivienda que había comprado con su esposo. Un año después, el inmueble permanece prácticamente en las condiciones en que quedó aquella madrugada, con muros derribados, muebles destruidos y electrodomésticos tirados. La mujer vive con su madre y su hija, una decisión que responde tanto a la falta de recursos para reconstruir como a la necesidad de contar con una red familiar de apoyo.

Una persona continúa desaparecida

La dimensión de la tragedia también se mantiene abierta en el balance de víctimas. De acuerdo con el testimonio de la vecina, en su colonia murieron al menos dos personas durante la inundación; sin embargo, solamente una fue localizada. La otra continúa desaparecida hasta la fecha, un dato que mantiene a una familia en espera y evidencia que el registro de los daños no se limita a viviendas afectadas o bienes perdidos.

La falta de localización de esa persona constituye una de las heridas más persistentes para la comunidad. Mientras las casas pueden ser reparadas con recursos y trabajo, la incertidumbre sobre el paradero de un familiar prolonga el impacto de la emergencia y dificulta que los habitantes consideren cerrado el episodio. Por ello, los vecinos reclaman que la información oficial sea clara, constante y accesible cuando exista riesgo de un nuevo desbordamiento.

El riesgo sigue condicionando la vida cotidiana

Las lluvias recientes reactivaron la preocupación en una zona que conserva el recuerdo de una evacuación repentina. El río Cazones es actualmente el cauce más vigilado de Poza Rica, según el contexto de la alerta descrita por los habitantes. Para quienes ya vivieron una inundación, observar el aumento del agua no representa únicamente un fenómeno meteorológico: significa evaluar cuándo salir, qué pertenencias priorizar y cómo proteger a los menores y a las personas que dependen de ellos.

La experiencia de Granjas parte alta plantea además un desafío para la prevención. La respuesta ante una nueva emergencia no depende sólo de emitir una alerta, sino de que ésta llegue a tiempo, sea comprendida por la población y esté acompañada de rutas de evacuación y espacios seguros. La petición de González Cruz resume esa necesidad: los vecinos quieren mantenerse informados antes de que el agua vuelva a alcanzar sus viviendas, porque el margen para reaccionar puede reducirse a unos cuantos minutos.

Aunque ha pasado un año desde la inundación, la colonia continúa viviendo entre la memoria de las pérdidas y la posibilidad de otra crecida. La casa abandonada de Vanesa, la desaparición aún no esclarecida y el temor expresado por las familias muestran que la recuperación material y emocional avanza a ritmos distintos. Para los habitantes, la vigilancia del Cazones y la comunicación de las autoridades son hoy las primeras condiciones para evitar que una nueva lluvia convierta el recuerdo de 2025 en una tragedia repetida.