El Niño podría alcanzar una intensidad histórica y alterar lluvias y temperaturas hasta 2027

El Niño podría alcanzar una intensidad histórica y alterar lluvias y temperaturas hasta 2027

El fenómeno climático El Niño se intensificará antes de diciembre de 2026 y podría convertirse en uno de los episodios más fuertes registrados desde 1950, según la actualización de pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). El organismo advierte que su fortalecimiento modificará los patrones de lluvia y elevará las temperaturas en amplias zonas del planeta, con un aumento simultáneo de los riesgos de sequía, inundaciones y calor extremo.

La OMM estima que existe una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista hasta febrero de 2027. El dato no significa que todas las regiones experimentarán el mismo tipo de impacto, sino que confirma la continuidad de una alteración climática capaz de desplazar los patrones habituales de precipitación y temperatura. Para gobiernos, sectores productivos y comunidades, el principal desafío será enfrentar una distribución más irregular de los fenómenos, con periodos secos que pueden alternarse con lluvias intensas.

El récord que explica la alerta

La señal más contundente aparece en el océano Pacífico. Para el trimestre comprendido entre octubre y diciembre de 2026, los expertos pronostican que la anomalía promedio de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 alcanzará aproximadamente 3.7 grados Celsius, con un máximo previsto alrededor de diciembre. De confirmarse, sería el valor más alto desde el inicio de las observaciones y superaría el récord de 2.6 grados registrado entre noviembre de 2015 y enero de 2016.

La temperatura de esa zona del Pacífico es un indicador central para evaluar la evolución de El Niño. Cuando sus aguas se calientan de manera extraordinaria, se modifica la circulación atmosférica y cambia la forma en que se distribuyen la humedad, las lluvias y el calor. Por eso, el récord no representa únicamente una cifra oceánica: anticipa una mayor probabilidad de respuestas climáticas anómalas en distintas partes del mundo.

El Niño podría alcanzar una intensidad histórica y alterar lluvias y temperaturas hasta 2027

Más calor, pero no por una causa aislada

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, explicó que El Niño no agrega calor nuevo al sistema climático. El fenómeno libera parte del calor que el océano ha almacenado bajo la superficie, trasladándolo hacia la atmósfera. Esa transferencia ayuda a entender por qué los episodios intensos suelen coincidir con años de temperaturas globales excepcionalmente altas, como ocurrió en 2024.

La explicación adquiere mayor relevancia porque, de acuerdo con Saulo, el océano del que se extrae ese calor es el más cálido medido hasta ahora. En términos prácticos, existe una mayor cantidad de energía disponible para ser liberada. El resultado puede ser un episodio de El Niño más influyente sobre las temperaturas globales, aunque su intensidad no determine por sí sola el comportamiento exacto del clima en cada país.

La lluvia se volverá más difícil de anticipar

El impacto más complejo no será necesariamente la falta de lluvia en todas las regiones, sino la alteración de su calendario y distribución. El Niño puede favorecer condiciones más secas en algunos territorios y, al mismo tiempo, impulsar precipitaciones abundantes en otros. Incluso dentro de una misma región pueden ocurrir pausas prolongadas seguidas de tormentas intensas, una combinación que dificulta la agricultura, la gestión de embalses y la prevención de desastres.

Las sequías afectan la disponibilidad de agua, reducen la producción agrícola y elevan la presión sobre los sistemas de abastecimiento. Las lluvias concentradas, por su parte, pueden provocar inundaciones, deslizamientos y daños en carreteras, viviendas e infraestructura. La irregularidad también puede agravar problemas económicos: una temporada seca compromete las cosechas, mientras que un exceso de agua puede destruirlas cuando los cultivos ya se encuentran establecidos.

Un pronóstico construido con señales globales

La actualización de la OMM surge de un consenso entre trece centros científicos nacionales e internacionales. Esas instituciones intercambiaron en tiempo real información proveniente de boyas oceánicas, satélites y radiosondas, instrumentos que permiten observar tanto el estado del océano como la evolución de la atmósfera. La combinación de estas mediciones reduce la dependencia de una sola fuente y permite identificar con mayor precisión la trayectoria del fenómeno.

El boletín publicado el 8 de octubre señala que El Niño ya está firmemente establecido y se fortalece rápidamente. Sin embargo, un pronóstico global no sustituye las evaluaciones locales. La forma concreta en que se manifieste dependerá de la geografía, la infraestructura, la disponibilidad de agua y la capacidad de cada sociedad para responder a eventos extremos. La misma señal climática puede traducirse en sequía agrícola en un lugar y en inundaciones en otro.

La preparación será tan importante como la predicción

La posible intensidad del episodio obliga a utilizar el pronóstico como una herramienta de anticipación. Las autoridades deberán revisar reservas de agua, protocolos de emergencia, sistemas de alerta y planes para proteger cultivos, hospitales y redes eléctricas. También será necesario comunicar los riesgos con precisión: anunciar únicamente que habrá “más calor” o “más lluvia” puede ocultar la variabilidad regional que determina los daños reales.

El Niño no explica todos los extremos climáticos ni permite atribuirle automáticamente cada inundación o sequía. Pero un océano excepcionalmente cálido ofrece condiciones para que aumenten las anomalías y se multipliquen los desafíos de planificación. Con un pico previsto para diciembre de 2026 y una persistencia probable hasta febrero de 2027, la advertencia central de la OMM es temporalmente clara: el periodo de mayor incertidumbre climática todavía no ha terminado.