El regreso de Machado reabre la disputa por la transición venezolana y pone a prueba el pacto con Washington

El regreso de Machado reabre la disputa por la transición venezolana y pone a prueba el pacto con Washington

María Corina Machado volvió este domingo a Venezuela después de salir clandestinamente del país en diciembre y de superar más de siete intentos fallidos de retorno. Su llegada no es únicamente el regreso de una dirigente opositora: modifica el equilibrio político en un momento en que el chavismo conserva el control institucional, Delcy Rodríguez ejerce el poder interino y Estados Unidos negocia con Caracas acuerdos estratégicos mientras impulsa conversaciones de reconciliación.

Una entrada triunfal que transforma el clima opositor

El primer destino de Machado fue Barquisimeto, a unos 400 kilómetros de Caracas. En la iglesia de Santa Rosa, la dirigente agradeció a la Divina Pastora rodeada de una multitud que reaccionó con abrazos, lágrimas y gritos de “libertad”. Después emprendió el viaje hacia la capital, aunque el trayecto se convirtió en una sucesión de paradas ante grupos de simpatizantes que salían a recibirla.

La dimensión de esas escenas importa porque demuestra que la oposición mantiene capacidad de movilización pese a la persecución, el exilio y la ausencia de elecciones generales con garantías verificables. Machado escribió en X: “Estoy aquí, con ustedes”, y Edmundo González, a quien la oposición considera ganador legítimo de los comicios de 2024 a partir de las actas recopiladas, respondió que con ella regresaba “nuestra voz soberana”. El mensaje común fue claro: el retorno pretende convertir una presencia personal en un nuevo punto de referencia para la disputa por el poder.

El regreso de Machado reabre la disputa por la transición venezolana y pone a prueba el pacto con Washington

La incógnita decisiva: acuerdo político o concesión calculada

El modo en que Machado logró entrar sigue sin estar explicado. Tras varios intentos frustrados, su llegada parece haber contado con algún nivel de entendimiento entre el Gobierno venezolano, una facción opositora involucrada en el diálogo y Washington. La propia organización de Machado agradeció al presidente Donald Trump, al secretario de Estado Marco Rubio y al Gobierno estadounidense por su “compromiso y liderazgo”, al tiempo que afirmó que el chavismo había bloqueado previamente su ingreso.

Las declaraciones públicas de Trump y Rubio, sin embargo, expusieron matices relevantes. Trump aseguró que no estaba informado, aunque expresó su deseo de que Machado estuviera a salvo. Rubio presentó una versión distinta: afirmó que las condiciones para el regreso seguro fueron resultado directo de las conversaciones de reconciliación apoyadas por Estados Unidos. La diferencia puede reflejar una cautela política de la Casa Blanca, pero también revela que el retorno está ligado a una arquitectura diplomática más amplia, cuyo alcance todavía no se conoce.

La pregunta inmediata es si Machado será incorporada a la mesa de diálogo que se desarrolla en Caracas, de la que había sido excluida. Su entrada puede fortalecer la legitimidad de esas conversaciones, pero también elevar el costo de cualquier acuerdo que no incluya garantías electorales sustantivas. Una negociación que la mantuviera al margen perdería credibilidad ante una parte considerable de la sociedad opositora; una que la integrara obligaría al chavismo a aceptar una interlocutora con una capacidad de convocatoria que hasta ahora intentó neutralizar.

El diálogo avanza, pero deja intacto el núcleo electoral

El tercer ciclo de negociaciones concluyó con un acuerdo para revisar leyes destinadas a devolver garantías a los partidos políticos. El avance es significativo porque apunta a reconstruir condiciones básicas de competencia, pero resulta limitado frente a las demandas centrales de la oposición: no hubo acuerdo sobre la composición de un nuevo Consejo Nacional Electoral ni sobre un calendario fijo de elecciones generales.

Esa ausencia explica por qué el regreso de Machado puede ser simultáneamente un éxito diplomático y una fuente de tensión. Dinorah Figuera, jefa opositora en las negociaciones con el chavismo, atribuyó el retorno a los avances para obtener garantías plenas y a la fortaleza del diálogo. Pero la libertad de circulación de una dirigente no equivale todavía a una apertura política completa. Mientras no se definan árbitro electoral, cronograma, observación y condiciones para la participación, el retorno seguirá siendo un gesto de distensión más que una transición consolidada.

Washington enfrenta una contradicción estratégica

El regreso también pone bajo presión la relación entre Washington y el Gobierno de Delcy Rodríguez. Estados Unidos ha negociado con Caracas acuerdos sobre petróleo, minería y gas, en una relación que ambas partes han llegado a describir como la de socios y amigos. En agosto firmaron un convenio petrolero que permite a Estados Unidos acceder a una quinta parte de las reservas de crudo venezolanas. Para sus críticos, ese entendimiento demuestra que el interés energético puede estar desplazando la exigencia democrática.

La administración Trump enfrenta ahora dos prioridades que no avanzan al mismo ritmo. Por un lado, necesita preservar canales con el poder venezolano para proteger sus intereses económicos y obtener resultados en materia de presos políticos y exiliados. Por otro, debe responder a una oposición que reclama elecciones urgentes y que identifica a quienes gobiernan en Caracas como sus adversarios directos. Machado se limitó a recordar precisamente que sus “enemigos” están en el poder, una advertencia dirigida a una Casa Blanca que ha mostrado disposición a negociar con ese mismo poder.

La última encuesta de Meganálisis citada en el informe asigna a Machado un respaldo del 61 por ciento, frente al 3,6 por ciento de aprobación de Rodríguez. Aunque esos datos no sustituyen una elección, ayudan a explicar por qué su regreso altera el tablero. El chavismo puede presentar la apertura como una concesión controlada, pero al permitir el retorno de su principal rival también le devuelve espacio público y capacidad de presión. La siguiente prueba será determinar si ese espacio conduce a una competencia verificable o si queda reducido a una operación diplomática sin calendario para transferir el poder.