El regreso de Machado reabre la disputa por la transición venezolana

El regreso de Machado reabre la disputa por la transición venezolana

María Corina Machado regresó a Venezuela después de diez meses fuera del país y se incorporó de nuevo al escenario político nacional con un objetivo explícito: liderar el proceso de transición hacia unas elecciones presidenciales previstas por la oposición para el 28 de julio de 2027. Su aparición en el santuario de la Divina Pastora, en Barquisimeto, puso fin a siete intentos fallidos de retorno y desencadenó una caravana multitudinaria hacia Caracas.

La dirigente opositora confirmó su presencia con un mensaje breve, “Estoy aquí. Con ustedes”, que rápidamente se convirtió en el símbolo de una jornada cargada de significado político. Durante más de 300 kilómetros, miles de venezolanos se concentraron a ambos lados de la Autopista Regional del Centro para saludar el paso de la caravana. Banderas, cánticos y muestras de apoyo reprodujeron el ambiente de las movilizaciones que acompañaron la campaña presidencial opositora de 2024.

El regreso de Machado reabre la disputa por la transición venezolana

Una vuelta con respaldo popular y protección política

El regreso no puede interpretarse únicamente como un gesto personal. La oposición pretende presentarlo como una señal de que Machado conserva capacidad de movilización y legitimidad política pese a los meses de exilio, la represión y la fragmentación de las negociaciones. El último sondeo citado por Poder y Estrategia sitúa en el 68% el respaldo electoral que obtendría la dirigente en unos comicios, un dato que explica tanto la euforia de sus seguidores como la cautela del Gobierno chavista y de Washington.

Pedro Urruchurtu, uno de sus colaboradores más cercanos, afirmó que la vuelta busca contribuir de forma “estable, pacífica y segura” al cambio político. La formulación revela una condición esencial del retorno: Machado necesita ejercer liderazgo dentro del país sin provocar una ruptura inmediata del proceso negociador impulsado por Estados Unidos. Su presencia puede fortalecer a la oposición, pero también elevar el coste de cualquier intento de neutralizarla.

La protección diplomática estadounidense parece haber desempeñado un papel relevante, aunque no se ha confirmado públicamente el alcance del acuerdo. El secretario de Estado, Marco Rubio, atribuyó el regreso a las conversaciones de reconciliación que Washington habría impulsado. Carlos Giménez, legislador cubanoamericano por Florida, celebró la llegada con el mensaje “Home at last”. Estas reacciones sugieren que la Casa Blanca considera la presencia de Machado un activo para la transición, especialmente a pocos días de las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos.

La caravana como demostración de fuerza

Las escenas registradas durante el trayecto transmitieron una imagen de apoyo social difícil de ignorar. Machado se abrazó con Biagio Pilieri, dirigente y antiguo preso político, y participó en la entonación del himno nacional. La lluvia no redujo la asistencia y, en distintos puntos del recorrido, los ciudadanos expresaron también una demanda que trasciende a la propia líder: el retorno de los millones de venezolanos que abandonaron el país durante los años de crisis política, económica y social.

Una mujer que viajaba en motocicleta junto al vehículo de Machado resumió ese sentimiento al gritar que, si la dirigente había vuelto, también debía regresar su hija. El episodio refleja una dimensión central de la transición: el exilio venezolano no es sólo una consecuencia humanitaria, sino también un asunto electoral y político. La eventual recuperación de las instituciones deberá responder a la participación de una población dispersa fuera del territorio y a las condiciones de seguridad que permitan su regreso.

El diálogo tropieza con la arquitectura electoral

La llegada de Machado se produce cuando el proceso promovido por Washington atraviesa una fase de estancamiento. Tras el tercer ciclo de conversaciones entre el Gobierno chavista y una delegación opositora seleccionada por el Departamento de Estado, no se han alcanzado avances decisivos para designar un nuevo Consejo Nacional Electoral. Sin una autoridad electoral aceptada por las partes, la fecha de los comicios permanece más cerca de una aspiración política que de un compromiso institucional.

La designación del CNE es especialmente sensible porque determina quién organiza las elecciones, cómo se actualiza el registro, qué mecanismos de observación se permiten y cuáles son las garantías para candidatos y votantes. La oposición necesita convertir el respaldo callejero en reglas verificables; el Gobierno, por su parte, puede intentar utilizar la negociación para ganar tiempo o dividir a sus adversarios. El regreso de Machado altera ese equilibrio porque dificulta que las conversaciones se desarrollen sin la figura con mayor apoyo popular dentro del campo opositor.

Edmundo González Urrutia, ganador de las elecciones presidenciales de 2024 según la oposición y exiliado en Madrid, afirmó que con Machado regresaba también la “voz soberana” para encaminar el proceso. Dinorah Figuera, jefa de la delegación opositora en la mesa de diálogo, vinculó el acontecimiento con la fortaleza de las negociaciones. El chavismo trató igualmente de atribuirse parte del resultado: el ex canciller Jorge Arreaza sostuvo que el objetivo actual no sería eliminar al adversario, sino crear condiciones para ejercer la política sin confrontaciones desmedidas.

Un regreso que no resuelve los riesgos

La vuelta de Machado no elimina las amenazas que rodean la transición. Cerca de 300 presos políticos continúan encarcelados, aunque Washington asegura que más de mil personas han sido liberadas. Además, el país sigue sometido a apagones y a una profunda incertidumbre institucional. La frontera con Colombia, mencionada por portavoces chavistas como posible vía de entrada, atraviesa una zona donde operan el Ejército de Liberación Nacional y redes criminales transnacionales como el Tren de Aragua.

El reto inmediato será comprobar si el Gobierno permite a Machado desplazarse, reunirse y organizarse sin nuevas restricciones. También será decisivo saber si Washington puede garantizar su seguridad sin convertirla en una figura tutelada desde el exterior. La líder opositora regresa con una base social considerable, pero su influencia dependerá de que logre articular a los distintos sectores opositores, mantener abierto el diálogo y transformar la movilización popular en garantías electorales concretas.

La jornada de Barquisimeto y el recorrido hacia Caracas modifican el escenario político venezolano, pero no fijan por sí solos el desenlace. Machado ha vuelto al país en el momento de mayor expectativa sobre la transición y también en uno de sus puntos más frágiles. Su presencia puede acelerar la negociación, obligar a redefinirla o provocar nuevas tensiones. La prueba será que el entusiasmo de las calles encuentre una salida institucional capaz de producir elecciones libres, seguras y reconocidas por los venezolanos.