El respaldo de Trump a Netanyahu llega tarde y expone las tensiones de la alianza

El respaldo de Trump a Netanyahu llega tarde y expone las tensiones de la alianza

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha ofrecido su apoyo explícito a Benjamin Netanyahu cuando faltan pocos días para las elecciones israelíes del 27 de octubre. El gesto refuerza al primer ministro en la recta final de una campaña marcada por la guerra, la seguridad nacional y el desgaste político, pero también revela los límites de una alianza que en los últimos meses ha estado atravesada por desacuerdos estratégicos. El valor electoral de la intervención estadounidense, por tanto, no está garantizado: Trump conserva popularidad en Israel, aunque una parte de la sociedad cuestiona el desenlace de la guerra con Irán y la propuesta de alto el fuego promovida por Washington.

Un respaldo calculado en el tramo decisivo

Trump publicó en redes sociales que Netanyahu ha sido “un gran primer ministro guerrero” y un socio todavía más importante para la paz en la confrontación con la República Islámica de Irán. La declaración llegó después de meses en los que el mandatario estadounidense había evitado comprometerse públicamente con la reelección de su aliado israelí. La demora no era irrelevante: Netanyahu había presentado durante la campaña sus vínculos con Trump como una garantía de influencia internacional y como una prueba de su capacidad para proteger los intereses de Israel.

El primer ministro respondió agradeciendo el “enorme apoyo” y el trabajo conjunto, mientras el Likud difundió un video de 35 segundos con imágenes de ambos dirigentes. La puesta en escena busca convertir el respaldo en un activo político visible, especialmente ante un electorado que afronta la votación desde la experiencia de una guerra prolongada y de una crisis de seguridad todavía abierta. Sin embargo, el apoyo externo puede movilizar a los votantes más próximos al Likud y, al mismo tiempo, reforzar el argumento de sus adversarios: que la elección no debe decidirse en función de la relación personal entre Netanyahu y el presidente estadounidense.

El respaldo de Trump a Netanyahu llega tarde y expone las tensiones de la alianza

Irán convierte la alianza en una cuestión electoral

El segundo elemento decisivo es el balance político de la guerra con Irán. Trump volvió a amenazar con “terminar pronto el trabajo” si Teherán no cambia rápidamente su conducta, pero añadió que podría no querer hacerlo si Netanyahu pierde. Su mensaje vincula de forma directa el liderazgo israelí con la continuidad de la estrategia estadounidense y presenta la derrota del primer ministro como un posible obstáculo para Washington.

La advertencia, sin embargo, llega en un contexto incómodo para ambos gobiernos. El conflicto, iniciado conjuntamente en febrero y extendido durante casi ocho meses, no produjo una conclusión que satisficiera plenamente los objetivos planteados por Israel y Estados Unidos. Muchos israelíes, incluidos comentaristas influyentes, han expresado decepción por el resultado no concluyente y por el alto el fuego defendido por Trump. La intervención del presidente estadounidense puede así tener un efecto ambivalente: confirma su cercanía con Netanyahu, pero también devuelve al centro del debate el interrogante sobre qué consiguió realmente la campaña militar.

Las diferencias entre ambos dirigentes no son nuevas. Trump criticó el ataque israelí contra un importante yacimiento de gas iraní, calificó a Netanyahu de “loco” en junio y manifestó su molestia porque los combates contra Hezbolá en Líbano complicaban las negociaciones con Irán. La relación continúa siendo estrecha, pero ya no puede describirse como una coincidencia automática de intereses.

La respuesta de la oposición: soberanía frente a influencia exterior

Gadi Eisenkot, principal rival electoral de Netanyahu y exjefe militar, respondió que admira a Trump, pero recordó que Israel es un país democrático y que solo los israelíes pueden elegir a su líder. La frase condensa una línea de campaña destinada a desplazar la discusión desde la autoridad internacional de Netanyahu hacia su gestión interna.

La oposición tiene motivos para insistir en ese enfoque. El primer ministro afronta el juicio por cargos de corrupción y ha sido cuestionado por las consecuencias de las decisiones adoptadas durante su mandato. Trump ya había pedido en noviembre al presidente Isaac Herzog que concediera un indulto a Netanyahu, después de haberlo respaldado en elecciones anteriores. Esa intervención ofrece al primer ministro una imagen de respaldo internacional, pero también permite a sus adversarios argumentar que su supervivencia política depende demasiado de aliados extranjeros.

El debate sobre la influencia de Trump será especialmente sensible porque el electorado israelí no es homogéneo. Para algunos votantes, la cercanía con la Casa Blanca representa una ventaja estratégica en un entorno regional hostil. Para otros, el apoyo estadounidense no compensa la incertidumbre sobre la guerra, la seguridad y la responsabilidad política por los resultados acumulados desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Gaza mantiene abierta la distancia entre Washington y Jerusalén

La cuarta clave se encuentra en Gaza, donde las discrepancias han sido igualmente profundas. En agosto, Netanyahu rechazó el último plan de Trump para reactivar un alto el fuego estancado. El primer ministro se opuso a que Israel abandonara las zonas bajo su control antes de que Hamás fuera desarmado, mientras la Administración estadounidense presionaba por una retirada previa.

Esta divergencia limita el alcance práctico del respaldo electoral. Trump puede presentar a Netanyahu como un dirigente fuerte y valiente, pero ambos gobiernos no comparten plenamente la secuencia para alcanzar la paz ni el nivel de riesgo que están dispuestos a asumir. La imagen de unidad sirve a la campaña, aunque no elimina las diferencias que condicionarán la política regional después del 27 de octubre.

Netanyahu llega a la votación con el aval público de Trump, pero también con una pregunta difícil de resolver: si la popularidad del presidente estadounidense puede traducirse en votos cuando una parte de la sociedad evalúa su propio gobierno a partir de los resultados de las guerras y de sus costes políticos. El respaldo puede fortalecer al primer ministro en su base electoral; difícilmente, por sí solo, resolverá las dudas sobre su balance de gobierno.