El sismo que dañó San Juan Bautista expone la vulnerabilidad urbana de Penonomé

El sismo que dañó San Juan Bautista expone la vulnerabilidad urbana de Penonomé

El terremoto de magnitud 7,7 registrado este viernes 9 de octubre en Panamá convirtió en una imagen visible un problema que suele permanecer oculto hasta que ocurre una emergencia: la vulnerabilidad acumulada de las edificaciones antiguas y de las infraestructuras que no han sido sometidas a una evaluación sísmica integral. En Penonomé, provincia de Coclé, el colapso de una de las torres de la iglesia San Juan Bautista concentró la atención pública, pero los daños reportados en el Hotel Dos Continentes, el edificio de la Gobernación y el Hospital Aquilino Tejeira muestran que el impacto no se limitó a un inmueble de valor religioso.

El movimiento se registró a las 12:56 p. m., hora local, con epicentro cercano a Pitaloza Arriba, en la provincia de Herrera, según los primeros reportes. El Servicio Geológico de Estados Unidos estimó una profundidad aproximada de entre 10 y 13 kilómetros. Esa combinación de magnitud elevada y profundidad relativamente reducida ayuda a explicar la intensidad con que el temblor fue percibido en distintos puntos del país, incluida Ciudad de Panamá, donde se evacuaron edificios como medida preventiva. La información inicial también apuntó a afectaciones en Herrera, Los Santos y Veraguas, además de Penonomé.

El sismo que dañó San Juan Bautista expone la vulnerabilidad urbana de Penonomé

Una torre caída y el significado de un daño localizado

Los videos difundidos en redes sociales mostraron la caída de la torre derecha de la iglesia San Juan Bautista. Las imágenes tienen un fuerte valor simbólico porque se trata de un templo asociado a la memoria colectiva de Penonomé, pero también ofrecen una primera pista técnica: el colapso de un elemento específico no equivale necesariamente al colapso total de la edificación. Los reportes preliminares indicaron que el resto del templo no sufrió una afectación total y que los daños se concentraron, por ahora, en una parte de la estructura.

La diferencia es relevante para las decisiones que deberán tomar las autoridades. Una construcción puede mantener parte de sus muros en pie y, al mismo tiempo, presentar riesgos graves por desprendimientos, desplazamientos, grietas ocultas o pérdida de estabilidad en elementos elevados. En el caso de una torre, el peligro no se limita al punto donde cayó: los sectores adyacentes pueden haber recibido cargas inesperadas y las partes que permanecen pueden quedar debilitadas por las réplicas. Por esa razón, la inspección visual inicial debe complementarse con una evaluación estructural, una delimitación del perímetro y un dictamen sobre la posibilidad de ingreso.

La catedral, además, no puede analizarse únicamente como un edificio funcional. Su valor religioso e histórico aumenta la presión para conservarla, pero también exige mayor rigor. La urgencia por reabrirla para celebraciones o por reparar rápidamente la parte dañada podría entrar en conflicto con la necesidad de documentar cada elemento, asegurar los materiales inestables y definir si la intervención debe ser temporal, estructural o de restauración patrimonial. La prioridad inmediata, sin embargo, es evitar que la importancia simbólica del templo se convierta en una razón para exponer a feligreses, trabajadores o transeúntes.

Penonomé frente a una cadena de vulnerabilidades

El caso del templo adquiere otra dimensión cuando se observa junto con los daños reportados en otros edificios. El colapso de la estructura del Hotel Dos Continentes sugiere que el sismo puso a prueba construcciones con características, edades, materiales y niveles de mantenimiento distintos. La afectación de una pared en el edificio de la Gobernación plantea, a su vez, preguntas sobre la continuidad de servicios públicos esenciales y sobre las condiciones de seguridad de las oficinas que deben coordinar la respuesta de emergencia.

El Hospital Aquilino Tejeira presenta una preocupación aún más sensible. El reporte de grietas llevó a evacuar preventivamente a pacientes y bebés, una decisión que muestra cómo un daño aparentemente parcial puede alterar de inmediato la capacidad de atención sanitaria. Un hospital no solo necesita conservar su estructura principal; también debe mantener operativos sus sistemas eléctricos, el suministro de agua, las rutas de evacuación, los equipos médicos y las áreas de cuidados críticos. La evacuación protege a las personas, pero puede trasladar la presión a otros centros y complicar la atención de pacientes que requieren seguimiento continuo.

La secuencia de daños también evidencia que el riesgo sísmico no se mide solo por el número de edificios destruidos. Una pared agrietada puede obligar a cerrar una oficina; un hospital evacuado puede interrumpir tratamientos; un hotel afectado puede dejar a trabajadores sin empleo y reducir la capacidad de alojamiento; una iglesia cerrada puede afectar actividades comunitarias y servicios sociales. La emergencia, por tanto, se propaga a través de las funciones que cumplen los inmuebles, no únicamente por sus daños visibles.

En Penonomé, la inspección deberá establecer cuáles edificios pueden ocuparse, cuáles requieren apuntalamiento y cuáles deben permanecer cerrados. Esa clasificación debe ser pública y comprensible. La falta de información puede producir dos efectos opuestos: una vuelta prematura a inmuebles inseguros o una paralización prolongada de instalaciones que sí podrían utilizarse con restricciones. Un sistema de evaluación con criterios homogéneos ayudaría a reducir ambos riesgos.

La emergencia después del primer impacto

Las réplicas constituyen una parte decisiva del escenario. Después de un sismo de esta intensidad, los edificios que ya presentan daños pueden sufrir nuevos desprendimientos o movimientos, incluso si no se produce otro evento de magnitud comparable. De ahí la advertencia del Sistema Nacional de Protección Civil de Panamá, que pidió mantener la calma, consultar los canales oficiales y evitar acercarse a construcciones con daños visibles.

La recomendación adquiere especial importancia en lugares donde las imágenes de los daños se han difundido ampliamente. Las redes sociales permiten alertar con rapidez, pero también pueden estimular la curiosidad y llevar a residentes, periodistas o transeúntes a acercarse a estructuras inestables para grabar nuevos videos. La gestión del riesgo requiere que la información oficial indique no solo qué ocurrió, sino también qué zonas están restringidas, cómo se identifican los edificios evaluados y qué debe hacer la población cuando observa una grieta o un desprendimiento.

La evacuación de edificios en Ciudad de Panamá demuestra que el impacto psicológico y operativo alcanzó a áreas alejadas del epicentro. Trabajadores y residentes abandonaron construcciones por precaución, lo que puede generar interrupciones temporales en oficinas, comercios y servicios. En una ciudad con edificios altos y gran concentración de actividades, la confianza en los protocolos de evacuación es un componente esencial de la seguridad. Cada evacuación ordenada permite reducir la exposición, pero también pone a prueba la señalización, las rutas de salida, la coordinación de administradores y la capacidad de las autoridades para comunicar cuándo es seguro regresar.

El desafío de reconstruir sin repetir las mismas condiciones

La fase posterior al terremoto no debería limitarse a reparar fachadas o sustituir elementos caídos. La experiencia de Penonomé puede abrir una revisión más amplia del inventario de edificaciones críticas de Panamá, especialmente en ciudades intermedias donde los recursos técnicos y los controles de mantenimiento pueden ser más limitados que en la capital. Iglesias, hospitales, hoteles, escuelas, edificios gubernamentales y mercados necesitan protocolos diferenciados porque una misma falla estructural tiene consecuencias distintas según el uso del inmueble.

En el caso de la iglesia San Juan Bautista, una reparación responsable tendría que comenzar con la documentación fotográfica y técnica de los daños, la estabilización de las zonas peligrosas y el análisis de la relación entre la torre afectada y el cuerpo principal del templo. La reconstrucción debe considerar la seguridad sísmica sin borrar innecesariamente los rasgos que le otorgan valor histórico y comunitario. El equilibrio entre conservación y refuerzo exige especialistas, supervisión pública y criterios transparentes sobre costos, materiales y plazos.

La emergencia también puede impulsar cambios en la política de mantenimiento. Las normas de construcción son importantes, pero no bastan si no existen inspecciones periódicas, registros actualizados y mecanismos para corregir deficiencias. Una edificación que fue segura cuando se construyó puede perder capacidad con el deterioro de materiales, modificaciones no supervisadas o ampliaciones que alteran la distribución de cargas. El terremoto ofrece una oportunidad para identificar esas condiciones antes de que futuras réplicas o eventos similares conviertan daños reparables en colapsos.

El impacto económico será desigual. La interrupción de actividades en edificios públicos y comerciales puede afectar ingresos diarios, mientras que los gastos de evaluación, demolición, apuntalamiento y reconstrucción recaerán en propietarios y administraciones públicas. Si las restricciones se prolongan, el comercio local puede enfrentar menor circulación de personas y mayores costos. En cambio, una evaluación rápida y técnicamente sólida podría permitir reabrir de manera gradual los inmuebles seguros y concentrar los recursos en los casos de mayor riesgo.

Una prueba para la memoria institucional

La respuesta al terremoto será evaluada tanto por la velocidad de la ayuda como por la calidad de las decisiones que se adopten después de que disminuya la alarma. El monitoreo de Sinaproc, las inspecciones técnicas y la coordinación con autoridades locales tendrán que traducirse en información verificable: qué edificios están dañados, qué riesgos persisten, quién puede ingresar y qué obras se requieren. Sin esos datos, la población dependerá de rumores, fotografías aisladas y versiones contradictorias.

El terremoto que afectó a Penonomé deja una advertencia concreta para todo Panamá. La seguridad sísmica no depende únicamente de evitar el colapso total de una edificación; también depende de preservar hospitales operativos, proteger el patrimonio, mantener servicios públicos y garantizar que la ciudadanía reciba instrucciones claras. La torre caída de San Juan Bautista es el símbolo más visible de la jornada, pero la verdadera medida del impacto estará en la capacidad del país para convertir esa imagen en un programa sostenido de inspección, prevención y reconstrucción segura.