El supermercado de 3ra y 70 pierde clientes, mercancías y su papel de vitrina en dólares

El supermercado de 3ra y 70 pierde clientes, mercancías y su papel de vitrina en dólares

El supermercado de 3ra y 70, en el municipio habanero de Playa, fue concebido como una vitrina de abundancia en medio de la escasez del comercio estatal cubano. Menos de dos años después de su inauguración, el establecimiento exhibe el deterioro de un modelo que dependía de tres condiciones cada vez más frágiles: la entrada regular de mercancías, la llegada de clientes con divisas y la capacidad de conservar los alimentos. El resultado es una tienda abierta, iluminada y todavía asociada al lujo, pero con neveras vacías y una actividad comercial reducida.

De 12 cajas llenas a una tienda sin compradores

La apertura, el 31 de diciembre de 2024, estuvo acompañada por grandes expectativas. El local contaba con 12 cajas registradoras, estanterías abastecidas y una clientela formada por diplomáticos, extranjeros, cubanos con dólares y organizaciones internacionales. Su ubicación, junto al hotel Gran Muthu Habana y en una zona pensada también para el turismo, parecía garantizar un flujo constante de consumidores.

Hoy esa promesa se ha debilitado. Pablo, conductor de un triciclo eléctrico que esperaba transportar las compras hasta los domicilios, cuenta que cada vez llega menos gente y que ya no puede permanecer allí toda la jornada. Si no consigue pasajeros, se desplaza hacia la ruta de 3ra y el Puente de Hierro. Su experiencia funciona como un indicador informal de la contracción: cuando disminuyen las bolsas que salen por la puerta, también desaparecen los pequeños negocios que dependían de ese movimiento.

La pérdida de clientes no responde únicamente a que haya menos productos. El retroceso del turismo ha reducido la demanda prevista para el complejo, mientras que desde junio el supermercado dejó de aceptar tarjetas Visa y Mastercard después de que un banco extranjero interrumpiera sus operaciones con Fincimex. Para diplomáticos, iglesias y organismos internacionales, que utilizaban tarjetas extranjeras, la dificultad de pago significó una barrera inmediata. Una tienda orientada a consumidores con divisas quedó así más expuesta a cualquier interrupción del circuito financiero.

El supermercado de 3ra y 70 pierde clientes, mercancías y su papel de vitrina en dólares

La escasez ya no se oculta detrás de los precios

El segundo síntoma es visible en las neveras y los anaqueles. Donde antes se ofrecían quesos, carnes, embutidos, conservas, cerveza y productos importados, ahora predominan espacios vacíos y largas filas de pomos de agua. La repetición de un mismo artículo permite mantener una apariencia de ocupación, pero también revela la falta de variedad y de rotación.

Las piezas de res y los pescados completos que todavía se exhiben no representan una oferta abundante. Según trabajadores del establecimiento, son existencias antiguas y de poca salida. El tamaño de los productos resulta poco adecuado para clientes que tienen dificultades para refrigerarlos, especialmente en un contexto de apagones y de limitaciones domésticas. La mercancía permanece, por tanto, no porque exista una demanda sólida, sino porque no encuentra compradores.

La desaparición de las salchichas La Favorita y de los tubos de picadillo El Cocinerito, de Richmeat, refuerza esa lectura. Los anuncios de la marca continúan instalados, con imágenes de alimentos que ya no están disponibles. También permanece el logotipo de la española Vima en algunas neveras, aunque sin productos detrás. La distancia entre la publicidad y el inventario convierte la tienda en un registro del abastecimiento pasado más que en una muestra de la oferta actual.

La cadena de frío expone una falla más profunda

El olor que reciben los visitantes al entrar introduce un problema menos visible que los estantes vacíos, pero más delicado: la conservación de los alimentos. El supermercado dispone de una planta eléctrica, aunque no siempre cuenta con combustible para ponerla en funcionamiento cuando se interrumpe el suministro. Cada corte prolongado amenaza la cadena de frío y puede deteriorar productos que, por su precio y escasez, deberían estar sometidos a controles especialmente rigurosos.

Este punto cambia la naturaleza del problema. No se trata solo de que falten mercancías o de que los clientes tengan menos capacidad de compra. También se deteriora la infraestructura necesaria para sostener una oferta de alimentos perecederos. Sin electricidad estable ni combustible suficiente, incluso una eventual llegada de carnes, lácteos o productos congelados quedaría expuesta a pérdidas. El abastecimiento y la conservación dejan de ser etapas separadas: la debilidad de una compromete directamente a la otra.

El experimento en dólares termina pareciéndose al comercio en pesos

La importancia simbólica de 3ra y 70 proviene de su origen. El supermercado fue levantado como una alternativa al antiguo mercado situado justo enfrente, que terminó desmantelado y convertido en almacén. Su arquitectura, sus luces y sus precios en moneda extranjera debían señalar una ruptura con las tiendas estatales tradicionalmente vacías. Sin embargo, el nuevo establecimiento reproduce ahora la imagen de escasez que durante años caracterizó al comercio en pesos.

La trayectoria de proveedores como Vima y Richmeat añade incertidumbre a un sistema que necesitaba mantener relaciones comerciales estables para sostener su propuesta. La reducción de la presencia de Vima en otros puntos de La Habana y la desaparición de productos de Richmeat en 3ra y 70 sugieren que el problema no está limitado a una jornada de ventas débil. Hay señales de contracción en las redes de distribución y en la disponibilidad de mercancías.

El caso resume una contradicción del comercio estatal dolarizado: cobrar en una moneda fuerte no garantiza una oferta constante, una clientela suficiente ni servicios financieros estables. Cuando cae el turismo, se restringen los medios de pago, se reducen los proveedores y fallan las condiciones de almacenamiento, la tienda pierde simultáneamente demanda y capacidad operativa. Las neveras vacías son entonces el resultado final de varias fracturas conectadas. Frente a la puerta, Pablo busca pasajeros en otra dirección; dentro del local, la promesa de abundancia espera una reposición que no llega.