El tipo de suelo explica por qué los sismos golpean distinto a cada alcaldía de la CDMX

El tipo de suelo explica por qué los sismos golpean distinto a cada alcaldía de la CDMX

En la Ciudad de México, un mismo sismo puede sentirse con distinta fuerza y duración según la alcaldía. La explicación principal está en el subsuelo: las ondas sísmicas se amplifican al atravesar terrenos blandos, especialmente los formados por antiguos depósitos lacustres de arcilla y con alto contenido de agua.

El terreno lacustre prolonga el movimiento

De acuerdo con el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), las zonas donde este efecto puede ser más notorio incluyen Venustiano Carranza, Xochimilco, Iztacalco, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, partes de Benito Juárez, Tláhuac y sectores de Coyoacán. En estos suelos, la energía sísmica puede quedar amplificada y hacer que el movimiento se prolongue, aunque la percepción final también depende del epicentro, la distancia y la profundidad del sismo.

El tipo de suelo explica por qué los sismos golpean distinto a cada alcaldía de la CDMX

Las condiciones cambian en la zona de transición, donde se combinan terrenos firmes, arenosos y arcillosos. Allí se ubican partes de Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Iztapalapa, Tlalpan y Gustavo A. Madero. La respuesta del suelo suele ser intermedia, por lo que la intensidad puede variar considerablemente incluso entre colonias cercanas.

En las zonas de lomas, compuestas por terrenos altos, firmes y rocosos, suelen registrarse aceleraciones más débiles. Esta clasificación comprende Milpa Alta, Magdalena Contreras, Cuajimalpa de Morelos, Álvaro Obregón y sectores de Tlalpan y Gustavo A. Madero. Sin embargo, un suelo firme no equivale a una alcaldía libre de riesgo: también pueden ocurrir microsismos y existen fracturas relevantes, como las fallas de Plateros-Mixcoac y Barranca del Muerto.

La división geológica sirve para entender cómo se propaga el movimiento, no para establecer alcaldías completamente seguras o peligrosas. La vulnerabilidad depende además de la calidad de las construcciones, su mantenimiento, la densidad urbana y la cercanía al origen del sismo.