El racismo en las redes sociales mexicanas dejó de expresarse principalmente mediante bromas y prejuicios de clase: ahora también funciona como arma de confrontación política y vincula el color de piel con la delincuencia. Así lo concluye el informe “Racistómetro”, presentado por organizaciones civiles y elaborado a partir de 14.153 menciones en X entre 2010 y 2025.

Del estigma al debate público
El análisis distingue tres etapas. Entre 2010 y 2015 predominaron el humor y la clase social; de 2016 a 2020, los insultos raciales se incorporaron a la disputa política, en un contexto de polarización tras la elección de Andrés Manuel López Obrador. De 2021 a 2025 aumentaron las expresiones que asocian el tono de piel con delitos, durante años de mayor violencia y narcoviolencia.
La analista Catalina Rolle advierte que presentar el racismo como chiste puede normalizarlo: quienes publican esos mensajes no necesariamente los identifican como discriminatorios. El estudio también registra menciones defensivas de la blanquitud, señal de que el discurso antirracista ganó visibilidad, aunque esa reacción no implique mejores condiciones para quienes padecen racismo.
El hallazgo apunta a una mutación del lenguaje, no a la desaparición del prejuicio: cambia el blanco y el contexto, mientras persiste la exclusión. En su monitoreo regional, la Fundación Interpreta distingue estereotipos, insultos, deshumanización e incitación a la violencia; entre las expresiones contra migrantes, cerca de cuatro de cada diez buscan despojarlos de su condición humana.