Francia no permitirá que combustible de origen ruso se venda en sus estaciones de servicio, pese al acuerdo anunciado entre Washington y Moscú para aumentar la oferta de diésel y contribuir a moderar los precios. La portavoz del Gobierno francés, Maud Bregeon, afirmó este lunes que París mantendrá esa posición y que cuenta con mecanismos para rastrear el origen de los productos petrolíferos, incluso cuando pasan por terceros países o se refinan fuera de Rusia.
París promete controlar el origen
“No habrá combustible ruso en los surtidores ni en las estaciones de servicio francesas”, declaró Bregeon en una entrevista con BFMTV. La afirmación sitúa la trazabilidad en el centro de la respuesta francesa: según la portavoz, la supervisión no se limitará a las importaciones directas, sino que abarcará también las rutas indirectas y el procesamiento en otros territorios.
El anuncio de cooperación entre Estados Unidos y Rusia para elevar la disponibilidad de diésel no modifica, sostuvo Bregeon, las sanciones que la Unión Europea impuso a Moscú por la guerra en Ucrania. La portavoz reiteró además el respaldo de Francia a Kiev. No ofreció detalles técnicos sobre los controles ni explicó qué criterios se aplicarán para determinar el origen de combustibles transformados o comercializados a través de intermediarios.

Reservas para amortiguar los precios
En paralelo a la postura sobre Rusia, el Gobierno francés prepara medidas para sostener el suministro de gas y combustibles durante las próximas semanas y meses. Bregeon recordó que está prevista la liberación de 10 millones de unidades de las reservas estratégicas de diésel, dentro de una operación de tres meses destinada a ampliar la oferta y contener los precios.
La ministra de Energía estimó que la medida podría reducir el precio entre 12 y 18 céntimos por litro en las próximas semanas. Esa previsión depende de que el combustible disponible se traduzca efectivamente en menores precios al público. Por ello, el Ejecutivo seguirá la evolución de los precios y de los márgenes de los distribuidores, con revisiones semanales que abarcarán grandes petroleras, cadenas de distribución y estaciones independientes.
Bregeon advirtió que el Gobierno no aceptará que las empresas retengan mediante márgenes más altos el beneficio derivado de un suministro más barato. La vigilancia anunciada busca así conectar la intervención sobre las reservas con el precio final: liberar producto puede aumentar la oferta, pero no garantiza por sí solo una rebaja equivalente en el surtidor.
Seguridad energética y tensiones regionales
La portavoz también cuestionó las perspectivas de una tregua energética entre Rusia y Ucrania. Acusó a Moscú de no mostrar disposición a aceptar un alto el fuego, ni siquiera parcial, aunque no detalló nuevas iniciativas diplomáticas. En el plano logístico, recordó que París ha ofrecido contribuir a la seguridad del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, ruta estratégica para el comercio mundial de energía, siempre que las condiciones de seguridad lo permitan.
Las medidas expuestas reflejan dos prioridades que el Gobierno francés presenta como compatibles: mantener las sanciones vinculadas a la guerra y reducir la presión sobre consumidores mediante reservas y supervisión de precios. Su alcance dependerá de la eficacia de los controles de origen, de la evolución del suministro y de que la rebaja anunciada llegue a los conductores, un resultado que París dice que comprobará semanalmente.