Las elecciones israelíes del martes 27 de octubre podrían abrir el escenario más incierto para Benjamin Netanyahu desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Las encuestas apuntan a que la alianza del Likud con la extrema derecha y los partidos ultraortodoxos podría no alcanzar los 61 escaños necesarios para formar gobierno. En ese contexto, Gadi Eisenkot, general retirado y líder del partido centrista Yashar, ha pasado de ser una figura relativamente nueva en la política a convertirse en el rival con mayores posibilidades de alterar el equilibrio de poder.
La candidatura de Eisenkot combina tres elementos de gran peso en la sociedad israelí: una larga carrera militar, una crítica directa a la gestión de Netanyahu y una tragedia personal vinculada a la guerra. Su hijo Gal, sargento mayor, murió en diciembre de 2023 en el norte de Gaza durante una operación relacionada con la recuperación de los restos de dos rehenes capturados por Hamás. Dos sobrinos del exjefe del Estado Mayor también murieron durante la campaña militar.

La pérdida que redefinió su carrera política
Eisenkot ha reconocido que todavía no ha abierto las cajas donde guarda las pertenencias de su hijo. “Sigo posponiéndolo”, dijo en abril a la radio pública israelí. El duelo no aparece en su campaña únicamente como una experiencia privada: se ha transformado en una fuente de legitimidad para exigir responsabilidades por los fallos que permitieron el ataque de octubre y por las decisiones tomadas durante la guerra.
“No puedo retroceder en el tiempo”, declaró a principios de este mes. “Haré todo lo posible por estar a la altura del alto precio que pagó Gal”. Su argumento político parte de una relación causal clara: si el gobierno no evitó el ataque, no consiguió liberar a los rehenes con suficiente rapidez y prolongó una guerra de resultados inciertos, sus dirigentes deben responder ante la ciudadanía.
El choque con Netanyahu dentro del gabinete de guerra
Tras los atentados, Eisenkot se incorporó al gabinete de guerra creado por Netanyahu como gesto de unidad nacional. La cooperación duró menos de un año. En junio de 2024 renunció y acusó al primer ministro de no haber actuado con la rapidez necesaria para rescatar a los rehenes. Netanyahu rechazó esa acusación y sostuvo que Eisenkot se había opuesto a operaciones militares decisivas en Gaza.
La disputa no es solo personal. Netanyahu afirma que la estrategia defendida por Eisenkot habría conducido a un acuerdo prematuro, a la salida de las tropas de Gaza y a la supervivencia de Hamás como fuerza política y militar. Eisenkot niega esa versión y exige que se publiquen las actas de las reuniones y votaciones del gabinete. La controversia muestra el principal dilema electoral: una parte del electorado reclama seguridad y la derrota de Hamás, mientras otra considera que la continuación de la guerra ha reducido las posibilidades de liberar a los rehenes y ha agravado el aislamiento internacional de Israel.
Un opositor que no representa una ruptura completa
La ascensión de Eisenkot no significa el surgimiento de una alternativa pacifista. Al igual que Netanyahu, sostiene que cualquier futuro arreglo para Gaza debe excluir a Hamás y promete acabar con la organización en un plazo de 18 meses. Tampoco respalda actualmente la solución de dos Estados. En agosto calificó de “iluso” a quien todavía creyera en esa posibilidad.
Su diferencia está en el modo de administrar el conflicto y en la relación con los palestinos. Eisenkot plantea que la Autoridad Palestina gobierne a los aproximadamente 2,8 millones de palestinos de Cisjordania ocupada, porque Israel no debería asumir directamente esa población. Apoya la expansión de los principales bloques de asentamientos, pero rechaza el impulso de nuevos enclaves en zonas especialmente sensibles, como el área E1, al este de Jerusalén. También ha prometido expulsar a los “terroristas judíos” de Judea y Samaria, una posición que busca marcar distancia con los sectores más radicales de la coalición de Netanyahu.
Por eso, el posible cambio de gobierno no supondría necesariamente una transformación inmediata de la política de seguridad israelí. Eisenkot es un militar formado en décadas de conflicto y nunca se ha pronunciado contra la respuesta armada al ataque del 7 de octubre. Su propuesta apunta más bien a sustituir el liderazgo, revisar la gestión y modificar las prioridades estratégicas sin abandonar una doctrina de fuerza.
El perfil que puede disputar la base de Netanyahu
Nacido en Tiberíades y criado en Eilat, Eisenkot procede de una familia de inmigrantes marroquíes de recursos modestos. Pertenece a la comunidad mizrají, un grupo numeroso cuya representación política ha sido utilizada durante años por Netanyahu para reforzar su vínculo con sectores alejados de las élites de Jerusalén y Tel Aviv.
La biografía de Eisenkot le permite disputar esa imagen desde otro lugar. Se incorporó al ejército a los 18 años y permaneció cuatro décadas en sus filas. Fue jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019, después de haber comandado tropas en Cisjordania durante la Segunda Intifada. Su trayectoria incluye la asociación con la llamada Doctrina Dahieh, basada en el uso de una fuerza militar abrumadora contra infraestructuras civiles en áreas desde las que Israel considera que está siendo atacado.
Su experiencia puede resultar decisiva en un país donde el ejército mantiene una elevada confianza pública. A diferencia de otros opositores, Eisenkot no necesita demostrar credenciales de seguridad. Sin embargo, su estilo sobrio y su escasa experiencia como orador político también son una limitación: no posee la capacidad escénica de Netanyahu ni su dominio de la negociación parlamentaria.
La batalla decisiva estará después de las urnas
Incluso con buenos resultados, Yashar difícilmente obtendrá por sí solo la mayoría absoluta. Eisenkot necesitará construir una coalición amplia, probablemente con partidos de centro y sectores de la oposición que comparten el objetivo de desplazar a Netanyahu, aunque mantengan diferencias profundas sobre Gaza, los asentamientos y la relación con los partidos árabes.
Los cuatro principales partidos árabes podrían reunir entre 12 y 15 escaños. Eisenkot descarta públicamente incluirlos en su gobierno, pero tampoco cierra por completo la posibilidad de una cooperación parlamentaria contra Netanyahu. Esa ambigüedad será uno de los puntos más vulnerables de su campaña, porque el primer ministro ya intenta presentar cualquier alianza con partidos árabes como una amenaza a la identidad judía del Estado.
Además de la guerra, Eisenkot promete investigar los fallos del 7 de octubre, impulsar medidas para frenar la salida de profesionales altamente cualificados, atraer nuevos inmigrantes y eliminar las exenciones del servicio militar para las comunidades ultraortodoxas y los árabes israelíes. Cada una de esas propuestas responde a un problema real, pero también puede abrir nuevos frentes de conflicto social.
La elección, por tanto, no enfrenta simplemente a un primer ministro veterano con un general retirado. Plantea una disputa sobre responsabilidad, seguridad y legitimidad: Netanyahu ofrece continuidad y experiencia de supervivencia política; Eisenkot ofrece una autoridad militar acompañada de la promesa de revisar los errores del poder. El resultado dependerá tanto del voto a cada partido como de la capacidad de ambos bloques para convertir una mayoría fragmentada en un gobierno viable.