Gina Pellón vuelve a mirar el exilio desde Miami a través de un siglo de pintura

Gina Pellón vuelve a mirar el exilio desde Miami a través de un siglo de pintura

La galería Cernuda Arte, en Miami, conmemora el centenario del nacimiento de Gina Pellón con la exposición Gina Pellón: Centennial (1926-2026), una selección de más de veinte pinturas, collages y obras sobre papel realizadas entre 1970 y 2014. La muestra recupera una trayectoria desarrollada principalmente fuera de Cuba y propone revisar el lugar de la artista dentro de la historia del arte cubano del exilio.

El conjunto no se limita a celebrar una fecha biográfica. Al reunir piezas de distintas etapas, la exposición permite observar la continuidad de una búsqueda visual basada en el gesto, la intensidad cromática y la representación de figuras humanas que rara vez aparecen como formas estables o completamente definidas. En el universo de Pellón, los rostros femeninos, los encuentros y los cuerpos se abren paso entre manchas, líneas y superficies próximas a la abstracción.

Gina Pellón vuelve a mirar el exilio desde Miami a través de un siglo de pintura

Una carrera construida entre La Habana y París

Gina Pellón nació el 26 de diciembre de 1926 en la antigua provincia de Las Villas. Estudió durante seis años en la Academia de San Alejandro y posteriormente trabajó como profesora de dibujo en La Habana. Esa formación académica constituyó el punto de partida de una obra que, con el tiempo, se apartaría de las convenciones más rígidas de la representación para explorar una pintura de gran libertad gestual.

En 1959 viajó a Francia con el propósito de continuar su formación. La llegada de Fidel Castro al poder modificó el curso de su vida: Pellón decidió permanecer en Francia y París se convirtió en el centro de su actividad personal y artística. El desplazamiento no fue únicamente un cambio de residencia. También situó su producción en un espacio cultural distinto, conectado con las corrientes de vanguardia europeas y con una amplia red internacional de galerías, museos y artistas.

En la capital francesa se relacionó con figuras vinculadas al surrealismo, entre ellas André Breton, Roberto Matta y Wifredo Lam, así como con artistas asociados al movimiento CoBrA, como Asger Jorn, Karel Appel y Guillaume Corneille. Estas conexiones ayudan a entender el clima intelectual en el que se consolidó su lenguaje, aunque la obra de Pellón no puede reducirse a la influencia de una sola corriente. Su pintura absorbió afinidades diversas y las transformó en una expresión propia, dominada por el color y por una figuración deliberadamente abierta.

El color como forma de pertenencia

La vitalidad cromática es uno de los rasgos más visibles de la producción de Pellón, pero su importancia va más allá de una elección estética. Los colores intensos organizan el espacio, sustituyen en ocasiones a la perspectiva tradicional y convierten las figuras en presencias emocionales antes que descriptivas. La artista no parece buscar una reproducción literal del mundo, sino una manera de registrar estados de ánimo, tensiones y vínculos humanos.

Ese procedimiento resulta especialmente significativo en una creadora cuya vida estuvo marcada por el desarraigo. Pellón abandonó Cuba, desarrolló su carrera en Francia y mantuvo una relación constante con una memoria cultural que no aparece necesariamente como cita directa o imagen reconocible. La cubanía de su obra se expresa también en la energía de la superficie, en la intensidad de la escena y en la persistencia de ciertos personajes y atmósferas, sin quedar encerrada en una iconografía nacional.

La exposición de Miami plantea así una lectura menos simple del exilio. La distancia respecto de la Isla no se presenta como una pérdida que paraliza la creación, sino como una condición desde la que Pellón elaboró una voz cosmopolita sin renunciar a sus raíces. El desarraigo, en su caso, convive con una pintura expansiva, capaz de transformar la incertidumbre en ritmo, color y presencia.

Obras para recorrer cuatro décadas

Entre las piezas incluidas figuran Mantilla para el silencio, de 2008; Tres jóvenes, de 1991; Ventana de sueños a pedal, de 1975; y La dama del vestido azul, de 1989. La selección cubre casi cuatro décadas de producción y ofrece la posibilidad de comparar distintos momentos de una práctica que conservó una identidad reconocible sin permanecer inmóvil.

El arco temporal también permite apreciar cómo los motivos de Pellón se mantienen y se transforman. Las figuras humanas continúan ocupando un lugar central, pero su relación con el fondo, el grado de definición de los rostros y la densidad de las manchas pueden variar de una obra a otra. La convivencia de pinturas, collages y trabajos sobre papel amplía además la mirada sobre sus procedimientos y evita que su legado quede asociado exclusivamente al formato pictórico tradicional.

La trayectoria de la artista alcanzó una dimensión internacional considerable. Participó en más de cincuenta exposiciones individuales y en un centenar de muestras colectivas. En 1978 recibió una beca de la Fundación Cintas y fue distinguida como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Estos reconocimientos documentan una inserción sostenida en el circuito artístico y respaldan la relevancia de una obra que durante décadas circuló entre Europa y América.

Un archivo que sostiene la memoria de la artista

Pellón murió en París en 2014, pero su producción continúa siendo gestionada y preservada por Cernuda Arte, responsable del archivo de la pintora. Ese vínculo da a la exposición una dimensión adicional: no se trata solo de reunir obras disponibles, sino de construir una lectura curatorial a partir de materiales que permiten seguir la evolución de una carrera extensa.

La conservación del archivo resulta decisiva para artistas cuya trayectoria se desarrolló entre países y comunidades culturales distintas. En esos casos, la memoria puede fragmentarse entre colecciones privadas, catálogos, exposiciones y relatos del exilio. Organizar las obras y situarlas en una secuencia histórica contribuye a restituir la complejidad de la carrera de Pellón y a evitar que su nombre quede reducido a la condición de artista cubana radicada en París.

La muestra puede visitarse de lunes a viernes, de 10:30 de la mañana a 6:00 de la tarde, y los sábados, de 12:00 del mediodía a 5:00 de la tarde. Los domingos permanece cerrada y la entrada es gratuita. En Miami, ciudad con una relación especialmente intensa con la cultura cubana desplazada, el centenario ofrece una oportunidad para volver a mirar una obra que convirtió la movilidad, la memoria y el color en materia de creación.