Glucksmann gana la primaria socialista, pero aún debe abrirse paso hasta Le Pen

Glucksmann gana la primaria socialista, pero aún debe abrirse paso hasta Le Pen

Raphaël Glucksmann ha obtenido el 66% de los votos en la primera vuelta de las primarias socialistas y será el candidato del Partido Socialista (PS) al Elíseo en 2027. La contundencia del resultado contrasta con la fragilidad del espacio que aspira a representar: un partido que rozó la desaparición electoral y una izquierda dividida que todavía no ha encontrado una fórmula capaz de competir con Marine Le Pen. La victoria abre una posibilidad de reconstrucción, no despeja el camino hacia la presidencia.

El 66% devuelve iniciativa al PS

La victoria de Glucksmann sobre Olivier Faure, primer secretario del partido, y sobre la antigua candidata presidencial Ségolène Royal le concede un mandato interno claro. También confirma el peso adquirido por el eurodiputado desde que encabezó, junto al PS, la candidatura europea de 2024, que obtuvo el 14% de los votos. Ese resultado ofreció a los socialistas una señal de que aún existía electorado para una izquierda socialdemócrata diferenciada, después de años de retroceso.

El contraste con las presidenciales anteriores explica la dimensión de la apuesta. En 2017, Benoît Hamon logró un 6,4%; cinco años más tarde, Anne Hidalgo obtuvo apenas un 1,7%. Entre ambas derrotas, numerosos dirigentes socialistas se incorporaron al espacio de Emmanuel Macron, mientras el partido quedó subordinado en el Parlamento a una alianza con La Francia Insumisa (LFI). Glucksmann hereda, por tanto, algo más que una candidatura: debe reconstruir una identidad política y demostrar que esta puede traducirse en votos nacionales.

Glucksmann gana la primaria socialista, pero aún debe abrirse paso hasta Le Pen

Una izquierda que busca espacio propio

El eje de su propuesta es marcar distancia con LFI y rechazar pactos con la izquierda radical. La decisión responde a una dificultad concreta: la alianza impulsada por Faure permitió conservar representación parlamentaria, pero debilitó la autonomía socialista y dejó poco claro qué diferenciaba al PS de la formación de Jean-Luc Mélenchon. Glucksmann intenta recuperar a los votantes que desean una alternativa progresista sin asumir el perfil político de los insumisos.

Su europeísmo y su defensa de un mayor esfuerzo común de seguridad responden a otra fractura de la izquierda. Ante la amenaza rusa, ha reclamado el rearme europeo y criticado la falta de una reacción compartida, argumentando que la seguridad del continente no puede tratarse como un asunto distante. En el debate interno, plantea además que la izquierda no debe limitarse a una oposición moral a la extrema derecha: necesita abordar la crisis social de las clases medias y disputar las cuestiones de identidad. La combinación puede ampliar su alcance, aunque también expone tensiones entre votantes pacifistas, electores urbanos y sectores populares.

La encuesta que mide la distancia

El sondeo de Toluna Harris Interactive para M6 y RTL, elaborado antes de conocerse el resultado de las primarias, sitúa a Le Pen en el 35-37% en la primera vuelta. Mélenchon aparece segundo, con el 18-19%, mientras que Édouard Philippe y Gabriel Attal obtendrían entre el 12% y el 17% si hubiera una candidatura común del espacio macronista. A Glucksmann la encuesta le atribuye entre el 10% y el 11%.

Esas cifras no miden el efecto de su victoria interna, pero sí describen el punto de partida: hoy está por detrás de Mélenchon y de los posibles candidatos de centro-derecha. Para llegar a una segunda vuelta tendría que superar, como mínimo, a uno de esos polos. El desafío no es simplemente elevar su reconocimiento público; debe atraer suficientes votantes sin diluir la diferencia con sus competidores ni provocar una fuga hacia opciones más radicales o centristas.

La unidad no basta para frenar a Le Pen

El escenario dibujado por el sondeo también revela una asimetría política. Mélenchon resulta difícil de aceptar para buena parte del electorado de derecha, incluso para el moderado, mientras que Le Pen ha ampliado su capacidad de convocatoria al moderar algunos aspectos de su imagen y al encontrar planteamientos de la derecha gaullista cada vez menos ajenos a los suyos. Así, la candidatura socialista no compite solo contra la fragmentación de la izquierda: también contra la normalización electoral de la extrema derecha.

La harina que un presunto insumiso lanzó a Glucksmann al salir de la celebración de su triunfo en París ilustra la tensión que probablemente acompañará la campaña, aunque no permite medir por sí sola la relación entre ambas formaciones. Su éxito dependerá de convertir una primaria concluyente en una oferta reconocible para votantes más allá del PS. Ganar la nominación era el primer requisito; reunir una mayoría capaz de frenar a Le Pen exige ahora superar a Mélenchon, resolver la competencia con el centro macronista y convencer a una izquierda dividida de que una candidatura autónoma puede ser también viable.