Japón dio este martes un paso inédito en la exploración del sistema marciano. La nave de la misión Martian Moons eXploration (MMX), dirigida por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (Jaxa), despegó desde el Centro Espacial de Tanegashima a bordo del cohete H3 con un objetivo que ninguna nación ha conseguido hasta ahora: recoger material de una luna de Marte y entregarlo en la Tierra. El calendario prevé que las muestras regresen en 2031, después de una misión de aproximadamente cinco años.
Un lanzamiento que abre una nueva competencia espacial
La separación de MMX se produjo con normalidad y Jaxa confirmó que la nave había comenzado su trayecto hacia el sistema marciano tras recibir señales que indicaban un funcionamiento adecuado. El lanzamiento tiene un valor que supera el éxito inmediato de la operación: desplaza la competencia espacial desde el simple aterrizaje en Marte hacia la recuperación de material extraterrestre.
La NASA ha conseguido posar nueve naves en Marte durante las últimas cinco décadas y China logró aterrizar allí en 2021, pero ninguna misión ha traído muestras de Fobos o Deimos, las dos lunas del planeta rojo. Japón intenta ocupar ese espacio con un proyecto internacional cuyo presupuesto asciende a 578 millones de dólares. Su importancia también se explica por el tipo de información que puede ofrecer: una muestra analizada en laboratorios terrestres permite realizar estudios más precisos y prolongados que los instrumentos enviados a bordo de un vehículo espacial.

Fobos será el escenario decisivo
MMX tiene previsto llegar a la región marciana en agosto de 2027 y concentrar su trabajo en Fobos, la mayor de las dos lunas. El plan contempla recolectar al menos 10 gramos de polvo, suelo y roca de la superficie. La cantidad puede parecer reducida, pero resulta suficiente para aplicar diferentes técnicas de análisis y conservar parte del material para futuras investigaciones.
La operación exigirá una precisión extrema. La gravedad de Fobos es tan baja que un aterrizaje convencional podría hacer rebotar o desestabilizar el módulo. Por ello, la nave deberá identificar una superficie segura, descender, perforar y aspirar el material, y completar esas tareas en una permanencia aproximada de dos horas antes de despegar. El margen de error será limitado: una inclinación desfavorable, un terreno demasiado blando o la presencia de rocas podrían impedir la recolección.
Idefix, un explorador pequeño ante un terreno imprevisible
Antes de que el módulo principal intente tomar las muestras, MMX desplegará a Idefix, un vehículo de cuatro ruedas desarrollado con participación francesa y alemana. Su tamaño será similar al de un horno microondas, pero su función será estratégica: reconocer el terreno, desplazarse por la superficie y ayudar a determinar dónde puede aterrizar el sistema de recolección.
Las condiciones de Fobos convierten cada movimiento en una prueba. El rover podría rebotar durante varios minutos al tocar el suelo y avanzará a una velocidad cercana a un milímetro por segundo. Está previsto que recorra la luna durante unos 100 días. Su diseño le permite enderezarse si cae boca abajo, aunque esa capacidad no resolverá todos los problemas: quedar atrapado entre rocas o hundirse en una zona blanda podría dejarlo inmovilizado. Además, una vez desplegados sus paneles solares, ya no podrá volver a colocarse en otra posición.
La participación de Idefix muestra que la misión no depende de una sola maniobra espectacular, sino de una cadena de decisiones pequeñas y críticas. La exploración previa debe reducir la incertidumbre del aterrizaje, pero no puede eliminarla por completo en un cuerpo cuya topografía y comportamiento físico son muy distintos de los de la Tierra.
Las muestras pueden resolver el origen de las lunas marcianas
El principal objetivo científico de MMX es determinar cómo se formaron Fobos y Deimos. Una hipótesis sostiene que ambas lunas surgieron tras una antigua colisión entre Marte y otro cuerpo celeste. La segunda plantea que eran asteroides capturados por la gravedad marciana. Las composiciones químicas y mineralógicas de las muestras podrían revelar cuál de esas explicaciones encaja mejor con su historia.
El material recogido también podría contener fragmentos expulsados desde Marte. Si se confirma esa posibilidad, Fobos funcionaría como un archivo indirecto del planeta, capaz de conservar indicios sobre procesos geológicos y sobre las condiciones que pudieron favorecer ambientes habitables. Esa perspectiva amplía el alcance de la misión: no se trataría únicamente de estudiar una luna, sino de reconstruir parte de la evolución del entorno marciano.
Jaxa analizará además si Fobos puede servir como una especie de estación espacial natural para futuras misiones tripuladas. Su posición podría facilitar determinadas operaciones alrededor de Marte, aunque esa posibilidad dependerá de lo que revele la misión sobre la superficie, los recursos disponibles y las dificultades de aproximación y aterrizaje.
Japón ya cuenta con experiencia en el retorno de material espacial: en 2020 recuperó 5,4 gramos de roca y arena de un asteroide. Sin embargo, Fobos plantea un desafío diferente por su gravedad extremadamente reducida y por la necesidad de operar cerca de Marte. China, por su parte, planea lanzar en 2028 una misión para traer muestras marcianas en 2031. La coincidencia de ambos calendarios puede convertir los próximos años en una etapa decisiva para comprender cómo se formó y evolucionó el sistema marciano.