Juanpe Sánchez López cuestiona una idea de éxito que deja poco espacio para vivir

Juanpe Sánchez López cuestiona una idea de éxito que deja poco espacio para vivir

Para Juanpe Sánchez López, el éxito no debería medirse por cuánto capital se acumula ni por alcanzar una meta a cualquier precio. El escritor alicantino, de 32 años, plantea en su nuevo ensayo que esa definición puede reducir la vida a una carrera de logros y dejar fuera aquello que la hace valiosa: los vínculos, las conversaciones y la posibilidad de cambiar de rumbo. «¿Dónde está la vida ahí?», pregunta al cuestionar la acumulación de capital económico, social, cultural o erótico.

El fracaso como experiencia, no como sentencia

La propuesta articula Gran manual del fracaso: desmontar el éxito, la identidad y el amor, un ensayo que parte de vivencias personales y las enlaza con investigación académica. Sánchez López recuerda que de niño aprendió a asociar el error con una carga adicional: siendo gordo y mariquita, sentía que ya tenía motivos suficientes para ser juzgado. Más tarde, sus cambios de carrera parecieron confirmar, desde fuera, esa etiqueta.

Juanpe Sánchez López cuestiona una idea de éxito que deja poco espacio para vivir

Primero estudió ingeniería aeroespacial; después probó arquitectura durante dos años y diseño durante uno. Ninguna opción encajó. La sociedad puede leer esa secuencia como una suma de fracasos, pero el recorrido también le permitió reconocer qué quería hacer: estudiar literatura. Se graduó en teoría de la literatura y literatura comparada, cursó un máster y obtuvo un doctorado en estudios artísticos, literarios y de la cultura en la Universidad Autónoma de Madrid.

Una cultura que convierte el logro en identidad

El problema, sostiene, no es que existan objetivos ni que la estabilidad económica carezca de importancia. Un sueldo puede aportar tranquilidad, pero no elimina las incertidumbres cotidianas ni garantiza felicidad. La crítica apunta a otra cosa: cuando una persona concentra su identidad en unas pocas metas, todo lo que no conduce a ellas queda relegado a la categoría de accesorio.

Sin embargo, esos supuestos accesorios —estar con amigos, conversar al salir del cine o compartir tiempo sin una recompensa medible— son parte sustancial de la experiencia. El éxito como diana alcanzada tampoco cuenta qué se está persiguiendo ni con quién se recorre el camino. Esa pregunta desplaza la atención del resultado hacia las condiciones concretas de una vida.

La duda abre espacio para cambiar

La oposición entre ganadores y perdedores alimenta la presión por encajar en una identidad reconocible y puede intensificar la envidia. Frente a esa clasificación, Sánchez López propone considerar el fracaso no como una anomalía que debe evitarse, sino como una experiencia inevitable de la que se aprende. Incluso plantea abolir el binomio éxito-fracaso, pues ambos términos pueden simplificar trayectorias que rara vez son lineales.

Su argumento también tiene una dimensión política: quienes quedan fuera de las normas dominantes conocen de cerca el precio exigido para ser aceptados. Esa posición, que suele presentarse únicamente como desventaja, puede ofrecer una perspectiva crítica sobre las reglas y la capacidad de resistirlas. Para el autor, desviarse no garantiza un hallazgo, pero conserva abierta la posibilidad de descubrir capacidades y deseos que una ruta predeterminada habría dejado fuera.

Sánchez López, cuyo primer ensayo, Superemocional (2023), alcanzó una cuarta edición, reivindica la duda como herramienta para aprender y transformarse. Su idea de triunfo no consiste en tenerlo todo resuelto, sino en afrontar decisiones sin renunciar a la posibilidad de cambiar. En esa mirada, fracasar deja de ser la prueba definitiva de una vida malograda: puede ser parte del proceso que permite elegirla con mayor libertad.