Julián Gaviria ganó la categoría de Fotografía Creativa de la 29.ª edición del Salón Colombiano de Fotografía – Bienal 2026 con Servicios ambulatorios, la imagen que ocupó la portada del cuarto disco de Alcolirykoz. El reconocimiento, entregado el jueves en Medellín, distingue una fotografía construida alrededor de las vísceras expuestas de Kaztro y de la mirada atenta de Gambeta y Fa-zeta, pero también confirma la estrecha relación creativa que el fotógrafo ha desarrollado durante más de 15 años con el grupo de rap.
La obra fue seleccionada entre más de 1.300 fotografías presentadas al certamen, organizado por el Club Fotográfico Medellín. La bienal reunió propuestas en seis categorías: Naturaleza, Retrato, Fotografía Creativa, Costa Caribe, Fotografía de calle y Documental. En esta edición también fue reconocido otro fotógrafo paisa, Daniel Alvarado, ganador en Costa Caribe con la serie El mar: hogar, sustento e identidad.
Una imagen que nació de escuchar el disco
Gaviria decidió participar únicamente con una fotografía de Alcolirykoz. No se trató de una elección oportunista, sino de la consecuencia de un proceso de trabajo en el que, según explica, el grupo le ha permitido explorar con mayor libertad las posibilidades estéticas de la imagen. Para él, la fotografía premiada resume una forma de colaboración construida durante años, en la que la portada no funciona como un simple elemento promocional, sino como una interpretación visual de la música.
La idea surgió al escuchar por primera vez el álbum Servicios Ambulatorioz. Gaviria les dijo a Gambeta y Kaztro que en esas canciones se habían “sacado todas las vísceras”. La frase se convirtió en el punto de partida conceptual de la imagen: Kaztro aparece tendido sobre una camilla, con las entrañas fuera del cuerpo, mientras sus compañeros las observan como si estuvieran examinando el resultado de una disección. Al fondo, varios hombres vestidos de negro siguen la escena.

La composición remite a las antiguas clases de anatomía, con un cuerpo dispuesto en el centro y un grupo de observadores alrededor. Gaviria también tuvo presentes una conocida fotografía de Melitón Rodríguez y distintas pinturas de la historia del arte que representan escenas semejantes. Esa referencia histórica no busca convertir la portada en una cita académica: le proporciona un lenguaje reconocible para hablar de exposición, análisis y vulnerabilidad.
La casa de una abuela como escenario
La fuerza de la fotografía no depende solamente de su apariencia teatral. La escena fue tomada en la casa de Margara, la abuela de Kaztro y Gambeta, un lugar vinculado directamente con la historia personal de los artistas. Los hombres vestidos de negro eran algunos de sus amigos más cercanos. De ese modo, la imagen combina una puesta en escena deliberada con elementos reales de la vida del grupo.
Esa mezcla modifica la lectura de la obra. El cuerpo abierto no representa únicamente una metáfora del esfuerzo artístico; alude a una etapa concreta de Alcolirykoz y a la exigencia emocional que implicó escribir el disco. Gaviria entiende el álbum como un momento de transición, en el que los integrantes tuvieron que enfrentar cambios importantes y sostenerse mientras exponían conflictos, dudas y experiencias íntimas a través de la música.
La referencia a las vísceras, por tanto, opera en varios niveles. Es literal dentro de la imagen, porque organiza toda la acción de los personajes; es musical, porque traduce la intensidad de las canciones; y es biográfica, porque conecta el disco con un periodo decisivo para la trayectoria de la agrupación. La fotografía adquiere su sentido completo cuando esas capas se leen juntas.
De la formación autodidacta a una colaboración de largo plazo
Gaviria comenzó a acercarse a la fotografía alrededor de los 16 años, después de graduarse del colegio. Sus primeros ejercicios los hizo con la cámara de su madre, aficionada a tomar fotografías, y con los libros que su hermana traía de la biblioteca universitaria. Más tarde estudió durante cinco años en la academia Yurupary, donde también trabajó como monitor de laboratorio, y viajó a Argentina para formarse en fotografía de moda y publicitaria.
Al regresar a Medellín abrió su propio estudio y combinó la producción comercial con la docencia. Cuando comenzó a trabajar con Alcolirykoz ya era uno de los fotógrafos publicitarios más reconocidos de la ciudad. Sin embargo, su trayectoria no quedó limitada a ese campo: también ha desarrollado una obra de retratos en la que aparecen, entre otros, Gilmer Mesa, Lokillo, Ana María Orduz y Lianna.
Con Alcolirykoz realizó las portadas de todos los discos, salvo Anarcolirykoz, cuya imagen fue concebida como una ilustración. Esa continuidad explica por qué su trabajo con el grupo puede leerse como una narrativa visual. Cada portada responde a un álbum específico, pero juntas documentan la transformación de una banda y la consolidación de una identidad estética compartida.
El premio reconoce una relación artística, no solo una portada
Para Gaviria, el vínculo comenzó de una manera casi filantrópica: decidió dedicar tiempo a un proyecto en el que creía y al que sentía que podía aportar. Con el paso de los años, aquel trabajo se convirtió en una colaboración profesional y vital. La disciplina, el respeto y el compromiso de los músicos, afirma, hicieron posible que ambos lados crecieran hasta convertir el proyecto en una parte central de sus vidas.
El premio de la Bienal 2026 coloca esa colaboración dentro de un espacio de reconocimiento fotográfico más amplio. La obra deja de ser únicamente la portada de un disco y pasa a dialogar con la tradición del retrato escenificado, la fotografía de autor y la memoria cultural de Medellín. La exposición, abierta durante dos meses en la sede de El Poblado de la Cámara de Comercio de Medellín, presenta las obras ganadoras y las cinco mejores de cada categoría.
La decisión de Gaviria de concentrar su participación en una sola imagen de Alcolirykoz revela, finalmente, una convicción sobre el oficio: una fotografía puede documentar un momento, interpretar una obra musical y conservar la memoria de una comunidad al mismo tiempo. En Servicios ambulatorios, la teatralidad de la escena importa, pero no basta. Lo que sostiene la imagen es la historia compartida que existe detrás de ella.