Kelvingrove retira sus momias egipcias y abre un debate sobre la exhibición de restos humanos

Kelvingrove retira sus momias egipcias y abre un debate sobre la exhibición de restos humanos

El Museo Kelvingrove de Glasgow retiró de sus salas varias momias y otros restos humanos del Antiguo Egipto porque no existe un consentimiento informado de los difuntos ni, en los casos en que podría ser posible, de sus descendientes. La decisión, presentada por Glasgow Life como una medida de respeto y alineada con las prácticas museísticas contemporáneas, generó críticas de sectores que consideran que la medida dificulta el acceso público a la historia y responde a una sensibilidad ideológica desproporcionada.

La retirada incluye un ataúd pintado con los restos del sacerdote Nekht, una cabeza masculina momificada, una mano derecha recuperada en el Valle de los Reyes, en Luxor, y un pie derecho momificado. Las piezas tampoco permanecerán expuestas en el Centro de Recursos de los Museos de Glasgow, donde se almacenan las colecciones que no están en las galerías. El cambio se hizo visible para los visitantes mediante carteles que informaban que los restos humanos habían sido retirados “como muestra de respeto”.

Kelvingrove retira sus momias egipcias y abre un debate sobre la exhibición de restos humanos

Una decisión que sorprendió a los visitantes

La controversia tomó impulso después de que Jonny McFarlane publicara en la red social X una fotografía de varias vitrinas vacías. El visitante contó que había llevado a su hija al museo, motivado por el interés de la niña en el antiguo Egipto, pero que la momia que esperaba encontrar ya no estaba en exhibición. Su experiencia convirtió una modificación interna de la política museística en un debate público sobre qué debe mostrar una institución cultural y bajo qué condiciones.

Kelvingrove es uno de los museos más visitados del Reino Unido fuera de Londres. De ingreso gratuito, abrió al público en 1901 y recibe, junto con el atractivo de sus colecciones y su edificio de ladrillo rojizo, a millones de personas cada año. Durante décadas, los restos egipcios fueron utilizados para explicar la religión, las prácticas funerarias y la organización social de una civilización que se desarrolló a lo largo de miles de años. Su retiro altera, por tanto, una forma consolidada de acercar ese pasado al público general.

El argumento ético de Glasgow Life

Un portavoz de Glasgow Life sostuvo que la decisión responde a una evolución de los criterios profesionales. Según la entidad, el Código de Ética del Consejo Internacional de Museos, publicado en junio de 2026, establece que las instituciones deben proteger la dignidad inherente de los restos humanos y promover el respeto por su significado. La organización también citó el informe de 2025 del Grupo Parlamentario Multipartidario sobre Reparaciones Africanas, titulado “Dando sepultura a los ancestros”, que plantea interrogantes sobre la exhibición de restos antiguos y sobre los deseos de las comunidades que originalmente sepultaron a esas personas.

La política anunciada por las autoridades de Glasgow fija un umbral especialmente exigente: los restos humanos deberían exhibirse cuando exista un consentimiento documentado e informado del fallecido o, cuando resulte posible, de sus descendientes. La dificultad central es evidente en el caso egipcio. Miles de años de distancia impiden obtener una autorización directa y, en muchos casos, hacen imposible identificar una línea de descendencia verificable. Ante esa ausencia, Glasgow Life considera que la no exhibición constituye una forma de respeto superior a la exposición pública.

Una colección de 14 millones de objetos

La medida no implica que las piezas hayan desaparecido de los fondos del museo. El Centro de Recursos de los Museos de Glasgow cuenta con 17 módulos de almacenamiento con control ambiental y conserva alrededor de 14 millones de objetos. Solo cerca del 2 % de las colecciones se exhibe en un momento determinado, por lo que la mayor parte del patrimonio permanece fuera de las salas por razones de conservación, espacio, rotación o política curatorial.

Sin embargo, retirar los restos de la exposición no es una decisión neutral. El museo deja de utilizar esas piezas como evidencia material para explicar el mundo funerario egipcio y transmite un mensaje sobre los límites de la mirada contemporánea sobre los muertos. El punto de discusión no se reduce a si las momias deben estar detrás de una vitrina, sino a si una persona puede convertirse en objeto de conocimiento sin que su dignidad quede subordinada al interés educativo.

Críticas y un debate que ya alcanzó a otros museos

Chris McGovern, presidente de la Campaña por una Educación Real, calificó la decisión de “falsa moralidad” y sostuvo que los museos deben mostrar la historia en lugar de ocultarla para adaptarse a las sensibilidades actuales. También cuestionó la posibilidad práctica de solicitar permiso a personas que murieron hace miles de años y defendió que las momias pueden exhibirse con respeto, como ocurre en instituciones de Egipto.

Sus críticas reflejan una tensión más amplia entre dos responsabilidades públicas. La primera es conservar y explicar el patrimonio sin distorsionar el pasado; la segunda, revisar prácticas heredadas cuando la exposición convierte restos humanos en objetos de consumo visual o ignora las tradiciones funerarias de las comunidades de origen. La resolución de Glasgow privilegia actualmente la segunda responsabilidad, aunque el caso muestra que esa elección puede reducir el material disponible para la educación si no se acompaña de nuevas formas de contextualización.

El antecedente del Museo Británico evidencia que no se trata de una discusión aislada. En 2023, la institución londinense consideró deshumanizante referirse a los antiguos egipcios únicamente como “momias” y comenzó a emplear la expresión “personas momificadas”, en parte como respuesta a la revisión del pasado colonial. Glasgow lleva ahora esa revisión más lejos al retirar físicamente los restos. El debate que queda abierto es si la respuesta más respetuosa consiste en no exhibirlos o en presentarlos con información sobre su identidad, su contexto funerario, la historia de su extracción y los límites éticos de la investigación.