La crisis energética que provoca apagones prolongados en Cuba está obligando a instituciones estatales y comunidades a buscar soluciones de emergencia que van desde paneles solares hasta fogones de aserrín y hornos alimentados con marabú. El estadio Augusto César Sandino, en Santa Clara, comenzó a instalar sistemas fotovoltaicos para garantizar su funcionamiento durante la Serie Nacional de Béisbol, mientras una panadería de Artemisa sustituyó el diésel por leña y una tienda estatal promueve cocinas que emplean residuos de madera.
El estadio, sede de los Leopardos de Villa Clara, recibirá el 14 de octubre a los Cocodrilos de Matanzas en un partido fijado para las dos de la tarde. La instalación de los paneles no está destinada, por tanto, a iluminar un encuentro nocturno, como interpretaron algunos usuarios de la publicación oficial, sino a reducir la vulnerabilidad del recinto ante las interrupciones del servicio eléctrico.
La decisión ha generado críticas por la prioridad concedida al deporte en un momento en que hospitales, comercios y hogares enfrentan cortes diarios. Sin embargo, el caso del Sandino refleja una política más amplia: las autoridades están extendiendo sistemas fotovoltaicos en instalaciones estatales como parte de la llamada “transición energética”, una estrategia que intenta compensar la falta de combustible y la inestabilidad de la red nacional sin resolver todavía sus causas estructurales.

Paneles para sostener servicios esenciales
El primer ministro Manuel Marrero informó en julio que ya se habían instalado 4.292 sistemas fotovoltaicos en toda la Isla mediante proyectos estatales. La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, Etecsa, lleva meses colocando paneles en sus estaciones para mantener operativas las comunicaciones durante los apagones. El 24 de septiembre, Miguel Díaz-Canel afirmó que una cuarta parte de las radiobases ya contaba con este tipo de sistema.
La expansión también ha trasladado parte del costo a la población. En Zaza del Medio, Sancti Spíritus, los vecinos reunieron 10.000 dólares para comprar los paneles destinados a la radiobase de Etecsa. El episodio muestra una contradicción central del modelo: una infraestructura considerada estratégica para el país depende, en algunos lugares, de la capacidad financiera de la comunidad que la utiliza.
Los sistemas solares pueden asegurar electricidad básica en puntos aislados, pero su alcance es limitado frente a la magnitud del déficit. Su instalación ayuda a mantener equipos, comunicaciones o servicios puntuales, aunque no sustituye la generación estable necesaria para abastecer redes urbanas, industrias y hogares. La “transición” aparece así menos como una transformación planificada del sistema energético que como una suma de respuestas para evitar que determinadas instalaciones queden completamente paralizadas.
Del combustible importado a los residuos forestales
En Santa Clara, la Empresa Agroforestal de Villa Clara inauguró La Casa del Forestal, presentada como la primera tienda de su tipo en Cuba. El establecimiento ofrece madera, plantas y alternativas para cocinar durante la contingencia energética, incluidos fogones que utilizan aserrín y raíces de pino para facilitar el encendido del carbón.
La propuesta aprovecha materiales disponibles localmente y reduce la dependencia de combustibles que el Estado no consigue garantizar. Pero también evidencia el retroceso de las opciones domésticas: productos concebidos como alternativas temporales pasan a ocupar un lugar central en la vida cotidiana, con posibles costos adicionales en tiempo, seguridad y salud para las familias que deban utilizarlos en espacios poco ventilados.
En San Cristóbal, Artemisa, la panadería estatal José Martí reemplazó el diésel por marabú. Sus trabajadores retiraron el quemador y construyeron una fragua que produce vapor fuera del horno y lo conduce hacia el interior mediante un ventilador. La administradora, Damarys Trujillo Hernández, explicó que el diseño surgió después de varias pruebas y que permite conservar la estructura original del horno para volver al combustible convencional cuando mejoren las condiciones.
Una producción condicionada por la escasez
La adaptación técnica no ha resuelto, sin embargo, los problemas de abastecimiento. La falta de harina y azúcar continúa limitando la producción de la panadería, lo que significa que disponer de una fuente alternativa de calor no garantiza que haya suficiente pan para la población. El cuello de botella se desplaza del combustible a las materias primas, sin desaparecer.
Para aumentar sus posibilidades, el centro comenzó a asociarse con un trabajador por cuenta propia y evalúa hacerlo también con una micro, pequeña y mediana empresa. La alianza busca obtener insumos y producir más, pero introduce otra señal de la crisis: entidades estatales esenciales dependen cada vez más de actores no estatales para sostener operaciones básicas.
La instalación de paneles en un estadio, la colecta de dinero para una radiobase y el uso de aserrín o marabú en panaderías forman parte de una misma respuesta fragmentada. Son soluciones capaces de mantener activos servicios concretos, pero también revelan la profundidad de la emergencia energética cubana: la prioridad ya no es únicamente modernizar la matriz eléctrica, sino encontrar combustible, materiales o financiamiento suficiente para que cada institución pueda seguir funcionando día a día.