La cultura japonesa llega a La Habana con literatura, caligrafía y kamishibai

La cultura japonesa llega a La Habana con literatura, caligrafía y kamishibai

La Jornada de la Cultura Japonesa reunirá en La Habana tres actividades centradas en la literatura, las artes visuales y las expresiones tradicionales de Japón, con una programación dirigida especialmente al público infantil y familiar. El encuentro tendrá como sede el Museo Casa de Asia, institución perteneciente a la Oficina del Historiador de La Habana, y contará con la participación de la Embajada de Japón en Cuba.

El programa propone un recorrido que va de la creación contemporánea al aprendizaje de prácticas culturales tradicionales. La presentación de un libro, una exposición visual, un acercamiento a la caligrafía japonesa y un taller de narración mediante imágenes conforman una agenda cuyo eje común es la participación directa de los asistentes. La iniciativa busca que el conocimiento de Japón no se limite a la contemplación de objetos o a una explicación institucional, sino que se apoye también en la experimentación artística.

Un diálogo artístico entre Cuba y Japón

La primera actividad estará dedicada a la presentación de De bonsáis y huracanes, del escritor y artista visual cubano Jesús Lara Sotelo. El volumen estará acompañado por una exposición de artes visuales del Proyecto Hermercado, una combinación que plantea un intercambio entre dos lenguajes: el literario y el plástico.

La propuesta parte de una relación simbólica entre Cuba y Japón a través de la naturaleza. Los bonsáis aluden a una tradición japonesa vinculada con el cuidado, la paciencia y la transformación de un organismo vivo, mientras que los huracanes remiten a una experiencia recurrente del Caribe, marcada por la fuerza y la imprevisibilidad de los fenómenos naturales. La contraposición no supone presentar ambas culturas como realidades equivalentes, sino abrir un espacio para observar cómo distintos contextos convierten el paisaje y sus cambios en materia artística.

La presencia de un creador cubano y de un proyecto de artes visuales local sitúa esta primera jornada en una perspectiva de intercambio cultural. En lugar de ofrecer únicamente una representación externa de Japón, la actividad incorpora la mirada de artistas de la isla que dialogan con referencias japonesas desde su propio entorno. Ese enfoque puede contribuir a una comprensión menos folclórica y más crítica de las influencias culturales.

La cultura japonesa llega a La Habana con literatura, caligrafía y kamishibai

El shodō como experiencia de aprendizaje

La segunda jornada estará dedicada al shodō, el arte tradicional de la caligrafía japonesa. Bajo la orientación de Víctor-sensei, los niños podrán conocer los trazos básicos de esta disciplina y aprender a escribir algunos kanji, caracteres de origen chino incorporados al sistema de escritura japonés.

La actividad tiene una dimensión que va más allá de la escritura. En la caligrafía japonesa, el movimiento del pincel, la presión ejercida sobre el papel, el ritmo y la distribución del espacio forman parte del resultado. Para los participantes, familiarizarse con esos elementos implica aproximarse simultáneamente a una técnica artística y a una forma particular de entender la relación entre el gesto, la concentración y la composición.

El taller infantil también puede servir como una introducción a la complejidad del idioma japonés. Los kanji conviven en la escritura japonesa con otros sistemas, como el hiragana y el katakana, pero la jornada se concentrará en caracteres concretos y en su ejecución caligráfica. Esa delimitación permite que el acercamiento sea accesible y práctico, sin presentar una actividad breve como un curso completo de lengua.

Kamishibai: contar historias con imágenes

El cierre del programa corresponderá al taller Dale vida a tu historia, impartido por la profesora Olga. La propuesta estará dedicada a la confección de kamishibai, una modalidad tradicional japonesa de narración que utiliza láminas ilustradas para acompañar el relato oral.

Durante el taller, los participantes aprenderán a crear un butai, pequeño escenario de madera o cartón que permite presentar las imágenes mientras se desarrolla la historia. La construcción de este soporte introduce una dimensión manual y escénica, pero el objetivo central es comprender cómo se articulan texto, imagen, voz y secuencia para producir una narración destinada a un público.

El kamishibai ofrece, por esa razón, una experiencia distinta de la lectura individual. Las ilustraciones se muestran de manera progresiva y el relato depende de la presencia de quien cuenta la historia y de la atención de quienes la escuchan. Trasladada a un taller para niños, esta práctica puede estimular la imaginación, la expresión oral, la elaboración de personajes y el trabajo colectivo, además de presentar una tradición japonesa desde una actividad creativa.

Una agenda cultural con alcance local

La programación combina instituciones culturales, representación diplomática, artistas y docentes, una fórmula que amplía las posibilidades de la jornada. La Embajada de Japón en Cuba aporta el vínculo con el país cuya cultura se presenta, mientras que el Museo Casa de Asia ofrece un espacio especializado dentro del circuito patrimonial de La Habana. La participación de creadores y profesores vinculados al contexto cubano permite adaptar las actividades a las características del público local.

El énfasis en los niños responde a una estrategia de formación cultural basada en la experiencia. La caligrafía, la construcción de un escenario y la creación de relatos convierten al visitante en participante, una diferencia relevante frente a los formatos centrados exclusivamente en conferencias o exhibiciones. Al mismo tiempo, el programa mantiene una dimensión abierta para acompañantes y adultos interesados en conocer otras formas de creación y transmisión cultural.

La Jornada de la Cultura Japonesa no se limita así a presentar tres manifestaciones aisladas. Su recorrido conecta la observación de la naturaleza en el arte contemporáneo, la disciplina del trazo y la narración visual. Esa secuencia permite mostrar distintas maneras en que una cultura organiza la relación entre sensibilidad, técnica y memoria, al tiempo que propicia un intercambio con la producción artística cubana y con el público habanero.