La disputa por las refinerías rusas expone las tensiones entre Kiev y Washington

La disputa por las refinerías rusas expone las tensiones entre Kiev y Washington

La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, defendió los ataques ucranianos contra refinerías de petróleo rusas y sostuvo que detener la guerra es la vía más rápida para que cesen. Sus declaraciones coinciden con el anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de un acuerdo para que Rusia suministre más de 300.000 toneladas de diésel, y con una tregua energética cuya aplicación y límites siguen sin estar claros.

El petróleo, en el centro de la disputa

Kallas argumentó que las refinerías contribuyen a financiar la guerra rusa y que, por ello, pueden ser objetivos legítimos dentro de la defensa de Ucrania. También contrapuso esos ataques a los bombardeos rusos contra la infraestructura energética ucraniana, que, según afirmó, buscan agravar el sufrimiento de la población antes del invierno. Su planteamiento desplaza el debate desde la protección de instalaciones energéticas hacia su papel en la capacidad de Moscú para sostener la invasión.

La responsable europea pidió a Washington que se una a los países europeos para presionar a Rusia, en lugar de hacerlo con Kiev. La posición refleja una diferencia de enfoque: mientras la propuesta de una pausa energética apunta a reducir los ataques recíprocos, Kallas considera que limitar la respuesta ucraniana sin frenar la ofensiva rusa puede desequilibrar la presión sobre las partes.

La disputa por las refinerías rusas expone las tensiones entre Kiev y Washington

Kiev da por terminada la pausa

Volodímir Zelenski confirmó que Ucrania suspendió durante tres días los ataques contra instalaciones energéticas rusas a petición de Washington. En una entrevista con el Financial Times, afirmó que el bloqueo a los ataques contra refinerías había terminado y anunció la reanudación de la campaña. Según su versión, Moscú continuó atacando infraestructura ucraniana durante la pausa.

Zelenski acusó además a Estados Unidos de suspender el intercambio de inteligencia y de interrumpir los servicios de internet por satélite Starlink. Aseguró que funcionarios estadounidenses habían advertido a sus homólogos de que la cooperación en inteligencia se detendría si Kiev no cesaba los ataques, aunque la interrupción se atribuyó después a un problema técnico. El mandatario rechazó esa explicación y sostuvo que la interrupción de Starlink tampoco fue accidental. Estas afirmaciones proceden de Zelenski y no quedan corroboradas de forma independiente en la información disponible.

Una campaña de alcance creciente

El Ministerio de Defensa ucraniano indicó que sus fuerzas atacaron 12 grandes refinerías rusas solo en septiembre. La Agencia Internacional de la Energía calculó que, a finales de agosto, únicamente cinco de las 32 principales refinerías de Rusia habían evitado ataques con drones ucranianos; algunas instalaciones habían sido alcanzadas hasta 15 veces desde la invasión a gran escala de 2022.

La escala de los ataques evidencia la importancia estratégica de la infraestructura petrolera, pero también complica cualquier acuerdo de contención: una tregua exige definir qué instalaciones protege, cuándo entra en vigor y cómo se atribuyen las infracciones. Sin criterios verificables, una pausa breve puede convertirse en una disputa sobre quién la incumplió, en vez de reducir de forma sostenida los daños.

Moscú cuestiona el alcance del acuerdo

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, preguntó cuáles eran los límites y el significado concreto de la tregua energética, y afirmó que el trabajo sobre el asunto continuaba. Su respuesta deja abierta la cuestión de si Moscú considera que existe ya un compromiso operativo. Esa falta de claridad contrasta con la interpretación de Kiev, que sostiene que su pausa temporal terminó, y con el llamamiento europeo a mantener la presión sobre Rusia.

El principal riesgo inmediato es que la disputa sobre la tregua se sume a la confrontación militar y a las fricciones entre Ucrania y su principal aliado. Si no se aclaran los términos del entendimiento y las condiciones de apoyo estadounidense, la infraestructura energética seguirá siendo tanto un objetivo militar como una prueba de la capacidad de Washington y sus socios europeos para coordinar su estrategia.