Israel acudirá este martes a las urnas en una elección que enfrenta al primer ministro Benjamin Netanyahu con el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, pero que ofrece diferencias más acotadas de lo que sugieren sus perfiles políticos. Ambos candidatos comparten una posición contraria a la creación de un Estado palestino y defienden una política de seguridad basada en la superioridad militar israelí. La disputa se desarrolla, además, en un país desplazado hacia la derecha desde los ataques del 7 de octubre de 2023 y bajo la presión de una guerra que sigue condicionando el debate público.
La campaña quedó atravesada por una nueva operación militar en Cisjordania. El viernes, el gobierno ordenó el desplazamiento de los habitantes de Ein Dir Baha, un barrio de Hebrón, después de que dos palestinos mataran a dos soldados israelíes en un puesto de control y fueran abatidos posteriormente. Las autoridades calificaron el episodio como un ataque terrorista y anunciaron un plan de gran escala que contempla evacuar a los residentes, registrar viviendas y destruir la infraestructura vinculada con los atacantes.
Para este sábado, más de 1.600 personas habían abandonado sus casas. El alcalde de Hebrón, Youssef al-Jaabari, describió la medida como un castigo colectivo contra civiles y sostuvo que busca obtener el respaldo de los colonos israelíes. La organización Breaking the Silence, integrada por exmilitares israelíes que documentan acciones en los Territorios Ocupados, considera que este tipo de operación refleja una política de ocupación que debería ser desmantelada.

Seguridad, ocupación y costo político
El episodio de Hebrón resume uno de los dilemas centrales de la elección. Netanyahu procura presentarse como el dirigente más dispuesto a emplear la fuerza frente a las amenazas, mientras sus críticos advierten que la expansión de las operaciones en Cisjordania puede aumentar la violencia y profundizar el aislamiento internacional. Las colonias israelíes son consideradas ilegales por el derecho internacional, y los palestinos denuncian que los ataques de colonos se producen con una protección insuficiente de las fuerzas israelíes.
La tensión también alcanzó a observadores extranjeros. Brad Lander, candidato a representante por un distrito de Nueva York en las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre, fue detenido durante algunas horas mientras participaba en una campaña internacional de apoyo a agricultores palestinos durante la cosecha de aceitunas. Lander afirmó que no había ingresado en una zona restringida ni atravesado puestos de control y cuestionó que los agricultores necesiten permisos para trabajar sus propios campos. Según su relato, muchos evitan cosechar por temor a la violencia de los colonos.
Netanyahu llega a la votación con un proceso judicial por corrupción que podría llevarlo a prisión. La causa refuerza su incentivo para conservar el poder y sostener una posición política dura, aunque sus partidarios rechazan cualquier vínculo entre sus decisiones de seguridad y su situación judicial. Su trayectoria, cercana a dos décadas acumuladas en tres períodos como primer ministro, le permite apoyarse en una estructura política consolidada y en una imagen de experiencia en asuntos militares y diplomáticos.
Eisenkot, una alternativa con límites
Eisenkot intenta capitalizar los cuestionamientos por los fallos de seguridad del 7 de octubre. Fue jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019, integró el gobierno como ministro sin cartera entre 2023 y 2024 y fundó el partido Yashar, cuyo nombre alude a la rectitud y la honestidad. Su campaña reclama investigar las responsabilidades políticas y operativas de aquella jornada, aunque no propone un giro completo respecto de la estrategia militar israelí.
El exgeneral perdió en Gaza a su hijo Gal y a dos sobrinos enviados allí por las Fuerzas de Defensa de Israel. Esa experiencia contrasta con la situación de Yair Netanyahu, hijo del primer ministro, quien realiza pódcast desde Miami bajo protección de los servicios israelíes y es acusado por sus detractores de vivir alejado del costo directo de la guerra. La comparación ocupa un lugar relevante en una sociedad donde el servicio militar, la distribución de las cargas y las exenciones religiosas generan un debate cada vez más intenso.
Eisenkot propone eliminar los privilegios de los judíos ultraortodoxos que no cumplen el servicio militar. Su posición puede atraer a sectores seculares, pero también limitar sus posibilidades de construir una mayoría amplia. Aunque procede de una familia humilde de origen marroquí y sería el primer dirigente mizrají en ocupar el principal cargo ejecutivo de un Estado históricamente dominado por élites de origen centroeuropeo, sus diferencias sociales con Netanyahu no se traducen en una ruptura sobre la cuestión palestina.
El candidato sostiene que hablar ahora de paz o de una solución de dos Estados supone desconocer la naturaleza del conflicto y defiende la colonización de Judea y Samaria, la denominación israelí para Cisjordania. Además, cuando dirigió el Mando Norte diseñó la llamada Doctrina Dahiye, una estrategia de represalias de gran intensidad cuyo nombre remite al barrio de Beirut devastado durante la guerra de 2006. Por esa razón, sus críticos señalan que un eventual gobierno de Eisenkot podría modificar el estilo y la gestión de la seguridad, pero no necesariamente su orientación fundamental.
Una mayoría difícil y un escenario regional abierto
La Knesset cuenta con 120 escaños y para formar gobierno se requieren al menos 61. Ni Netanyahu ni Eisenkot parecen en condiciones de alcanzar por sí solos esa cifra, por lo que el resultado dependerá de alianzas con los partidos que superen el umbral del 3,25% de los votos válidos. También será decisiva la posibilidad de obtener una mayoría efectiva mediante acuerdos de apoyo o abstenciones, especialmente de los representantes árabes israelíes, cuya participación enfrenta hoy mayores resistencias que en elecciones anteriores.
La política interna se conecta con una agenda regional más amplia. Netanyahu afirmó que todavía no se ha logrado derrocar al gobierno iraní y dijo que Donald Trump está comprometido con ese objetivo. Según el primer ministro, un cambio de régimen en Irán facilitaría la eliminación de Hezbolá y abriría el camino a una paz en Líbano. Trump expresó públicamente su respaldo a Netanyahu, pero ha indicado que cualquier ataque masivo contra Irán quedaría para después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
El resultado israelí, por lo tanto, puede alterar el equilibrio parlamentario y el manejo de la guerra, pero difícilmente modifique de inmediato las líneas maestras de la política regional. La continuidad de la ocupación, la presión sobre Cisjordania, la cuestión del servicio militar y la confrontación con Irán seguirán condicionando al próximo gobierno. La principal incógnita no es solo quién ocupará el cargo de primer ministro, sino qué coalición conseguirá sostenerlo y hasta dónde estará dispuesta a llevar la estrategia militar.