La acusación de que las elecciones presidenciales mexicanas de 2006 fueron fraudulentas volvió al debate público tras las declaraciones de Claudia Sheinbaum contra Felipe Calderón, a quien calificó de “espurio”. El señalamiento alude a la victoria de Calderón sobre Andrés Manuel López Obrador, una contienda cuya diferencia final fue mínima, pero cuyo resultado fue validado por las instituciones electorales.
Encuestas y testimonios contradicen la versión del fraude
La revisión de estudios académicos, ensayos y libros sobre aquellos comicios no identifica una investigación que haya demostrado, con rigor concluyente, que la elección fuera robada en perjuicio de López Obrador. La magnitud de la bibliografía disponible convierte a esa elección en una de las más examinadas de la historia política del país, sin que haya surgido una prueba definitiva de manipulación del resultado.

Un dato citado por el historiador Héctor Aguilar Camín resulta especialmente relevante: las encuestas de salida contratadas por el equipo de López Obrador registraban una ventaja para Calderón. Parametría reportó 35.6 contra 35.2 por ciento, mientras Covarrubias y Asociados consignó 37.2 contra 35.9. Pese a conocer esos resultados, López Obrador afirmó públicamente que las mediciones le daban ventaja y se proclamó ganador, en contra del acuerdo entre candidatos.
El testimonio de José María Pérez Gay, entonces cercano colaborador de López Obrador, apunta en la misma dirección. Según el relato citado, la noche de la elección admitió que habían perdido y que no habían previsto el voto de una clase media molesta y decepcionada. Estos elementos no eliminan la controversia sobre una elección cerrada ni las críticas al proceso, pero sí debilitan la afirmación de que existió un fraude probado.
El debate permanece vigente porque la narrativa del fraude se convirtió en un recurso político de largo alcance. Sin embargo, convertir una sospecha en verdad histórica exige evidencia verificable; hasta ahora, los datos disponibles sostienen la existencia de una derrota estrecha, no de una operación fraudulenta demostrada.