La IA promete más productividad, pero también más trabajo y menos oportunidades de entrada

La IA promete más productividad, pero también más trabajo y menos oportunidades de entrada

La expansión de la inteligencia artificial está produciendo una paradoja difícil de ignorar: sus usuarios reconocen que puede mejorar determinadas capacidades, pero no sienten que les permita trabajar menos. Una encuesta realizada entre 1.455 fundadores, inversores, ingenieros y creadores vinculados a la comunidad global de Web Summit muestra que el 55% considera que estas herramientas refuerzan su capacidad de razonamiento, mientras que el 60% afirma que su carga laboral ha aumentado. La tecnología aparece así menos como un sustituto inmediato del esfuerzo profesional que como un acelerador de tareas, exigencias y expectativas.

Más capacidad de razonamiento, pero también más exigencia

El primer dato relevante no es una contradicción estadística, sino un cambio en la naturaleza del trabajo. La IA puede ayudar a analizar información, generar alternativas o resolver problemas con mayor rapidez, pero esa ganancia de capacidad no se traduce automáticamente en una reducción de las obligaciones. Solo el 20% de los encuestados en el conjunto de los sectores afirma que la IA ha disminuido su carga laboral. En cambio, el aumento es especialmente acusado entre quienes trabajan directamente en infraestructura de inteligencia artificial y aprendizaje automático: el 70% dice que trabaja más desde que utiliza estas herramientas.

La explicación más probable está en el llamado efecto de expansión del trabajo. Cuando una tecnología acelera una parte del proceso, las organizaciones pueden elevar el volumen de tareas, acortar los plazos o exigir revisiones más frecuentes. El profesional no deja necesariamente de hacer su trabajo anterior; añade nuevas funciones relacionadas con supervisar modelos, comprobar resultados, corregir errores y adaptarse a cambios constantes. La productividad, en este contexto, puede medirse como una mayor producción por persona, pero también como una intensificación de la jornada.

La IA promete más productividad, pero también más trabajo y menos oportunidades de entrada

La percepción sobre el pensamiento crítico también está lejos de ser uniforme. El 26% cree que la IA lo debilita, frente a un 19% que no observa cambios. La brecha generacional añade otra capa al debate: el 71% de los profesionales mayores de 65 años considera que estas herramientas refuerzan su razonamiento, mientras que entre los encuestados de 18 a 24 años la proporción baja al 48%. Entre los ingenieros, además, el 37% sostiene que la IA debilita esa capacidad. La diferencia puede reflejar no solo edades, sino niveles de experiencia, tipos de tareas y grado de confianza en las respuestas automatizadas.

El punto más vulnerable está al comienzo de la carrera

El segundo ancla de la encuesta se encuentra en el mercado laboral. El 39% de los participantes espera que la plantilla de su sector crezca durante los próximos dos años, pero el 33% prevé una reducción. La perspectiva se vuelve claramente más negativa cuando se examinan los puestos de entrada: el 42% cree que disminuirán, porcentaje que alcanza el 50% entre los directivos de alto nivel. Los estudiantes ofrecen la única visión mayoritariamente optimista, ya que el 55% espera que aumenten.

Esta diferencia revela una tensión estructural. Los puestos iniciales suelen concentrar tareas repetitivas, de documentación, análisis preliminar o producción de contenidos, precisamente aquellas en las que la IA puede ofrecer resultados rápidos. Si esas funciones se automatizan parcialmente, las empresas podrían necesitar menos personas para las primeras etapas de ciertos procesos. El riesgo no se limita a una reducción numérica: también puede dificultar que los jóvenes adquieran la experiencia necesaria para acceder posteriormente a posiciones de mayor responsabilidad.

Al mismo tiempo, la desaparición de algunas tareas no implica que el empleo vaya a contraerse de forma homogénea. La creación de nuevas funciones, la supervisión de sistemas y la integración de modelos en sectores tradicionales pueden generar oportunidades. El problema es el desfase entre los puestos que se eliminan y las competencias que se demandan. La preocupación expresada por ingenieros y desarrolladores resulta significativa: quienes están más cerca de la tecnología también perciben que la innovación puede alterar las reglas de su propia profesión.

Equipos más pequeños como promesa de eficiencia

El tercer punto de apoyo es la relación entre IA y tamaño de los equipos. El 42% de los encuestados espera que grupos más pequeños produzcan más, mientras que solo el 9% cree que las plantillas aumentarán. Esta expectativa resume el atractivo económico de la tecnología: hacer más con menos personas, reducir tiempos de ejecución y concentrar capacidades avanzadas en equipos compactos.

Sin embargo, la eficiencia no equivale necesariamente a una mejora general de las condiciones laborales. Un equipo pequeño puede ser más productivo si cuenta con herramientas adecuadas, pero también más vulnerable a los fallos, a la sobrecarga y a la dependencia de unos pocos especialistas. La encuesta sugiere que las empresas están incorporando la IA con una expectativa de rendimiento elevada, aunque todavía no está claro cómo repartirán los beneficios entre accionistas, organizaciones y trabajadores.

Una adopción fragmentada y con expectativas financieras divididas

La forma en que se utiliza la IA confirma que el mercado aún se encuentra en una etapa de experimentación. Los usuarios emplean, en promedio, 2,3 modelos y el 43% recurre a tres o más. La dependencia de un único proveedor no parece ser la norma, una señal de que las organizaciones están comparando capacidades, costes y niveles de seguridad. También existen diferencias regionales: los modelos con parámetros disponibles públicamente se usan con mayor frecuencia en Oriente Medio, el Norte de África y Asia, donde alcanzan aproximadamente a un tercio de los participantes, frente al 15% registrado en Norteamérica.

Las expectativas sobre la inversión están igualmente divididas. Cerca de un tercio considera que el gasto actual es excesivo y que se ralentizará gradualmente, mientras una proporción similar cree que la IA apenas está comenzando y seguirá creciendo. Solo alrededor del 10% anticipa una caída pronunciada. La conclusión no es que exista consenso sobre el futuro, sino que conviven dos lecturas: una que observa una posible corrección financiera y otra que identifica una transformación todavía incompleta.

En ese escenario, también cambiará la definición de talento. El 41% de las mujeres encuestadas considera que la inteligencia emocional ganará importancia, frente al 27% de los hombres. En cambio, el 38% de los hombres destaca la profundidad técnica, frente al 24% de las mujeres. Más que confirmar una jerarquía de habilidades, estos datos muestran que la transición tecnológica será evaluada desde perspectivas distintas. La IA puede elevar la capacidad de razonamiento y la productividad, pero su impacto final dependerá de si las organizaciones convierten esas ventajas en mejores trabajos o simplemente en mayores exigencias con menos personas.