La Lista Estudiantil logra una mayoría decisiva y abre una nueva etapa política en Serbia

La Lista Estudiantil logra una mayoría decisiva y abre una nueva etapa política en Serbia

La Lista Estudiantil ha protagonizado un vuelco político en Serbia al imponerse, según la primera proyección de Ipsos/CeSID, al bloque de Aleksandar Vučić, que ha dominado el país durante doce años. El resultado proyectado, con un 52% de los votos frente al 39,3% de la candidatura del líder serbio, no representa únicamente un cambio de mayorías parlamentarias: pone a prueba la capacidad de un movimiento nacido en las calles para transformar una protesta sostenida en una alternativa de gobierno.

La Lista Estudiantil logra una mayoría decisiva y abre una nueva etapa política en Serbia

Una derrota que el propio Vučić ya no pudo disimular

Minutos después del cierre de las urnas, Vučić reconoció en televisión que su lista había perdido las elecciones, aunque advirtió de que todavía no se conocían los resultados definitivos. La admisión tiene un peso político especial porque rompe con la imagen de control que ha acompañado a su larga etapa al frente de Serbia. El expresidente había construido buena parte de su autoridad sobre la capacidad de absorber o neutralizar a sus adversarios, pero en esta ocasión la oposición consiguió convertir el desgaste acumulado en una ventaja electoral clara.

La magnitud de la proyección modifica además la aritmética parlamentaria. La Lista Estudiantil obtendría unos 138 escaños en una Cámara de 250, por encima de los 126 necesarios para la mayoría absoluta. La formación de Vučić quedaría en torno a 104 diputados. Si estas cifras se confirman, los estudiantes no dependerían de acuerdos inmediatos con otras fuerzas para controlar el Parlamento, una circunstancia que reduce la capacidad de las estructuras tradicionales para condicionar el inicio de la nueva etapa.

El dato que explica el vuelco: una participación cercana al 68%

La participación ofrece una de las claves más sólidas para interpretar el resultado. A las 19 horas había votado cerca del 68% del electorado, trece puntos más que en los comicios anteriores. En un escenario marcado por doce años de predominio de Vučić, el aumento no fue un dato neutro: los analistas lo vincularon con la movilización de una oposición que llevaba tiempo organizándose en las calles, en las universidades y en distintos sectores sociales.

La subida de la participación sugiere que la contienda no se decidió solo por la transferencia de apoyos entre partidos, sino por la incorporación de votantes que antes permanecían al margen. La protesta estudiantil logró presentar las elecciones como una oportunidad para poner fin a un ciclo político, y esa lectura parece haber ampliado su alcance más allá de los campus. El resultado, por tanto, combina rechazo al oficialismo con una movilización positiva alrededor de una posibilidad de cambio.

Dos años de protestas convertidos en una candidatura

El movimiento estudiantil llevaba dos años manifestándose de manera intermitente contra el sistema político serbio. Durante ese periodo, Vučić intentó enfrentar la presión mediante la fuerza, la división interna y el menosprecio público. La estrategia no consiguió desactivar las protestas. Ante la persistencia del movimiento, el dirigente anunció su dimisión como presidente y convocó elecciones anticipadas, aparentemente con la intención de obligar a los estudiantes a competir antes de estar preparados.

La respuesta fue rápida y terminó convirtiendo una debilidad organizativa en un elemento de legitimidad. Los 250 candidatos fueron propuestos en su mayoría por las facultades universitarias; entre ellos figuran más de 160 doctores, además de agricultores y profesionales de otros ámbitos. Cada candidatura tuvo que ser aprobada en sesiones plenarias de las protestas. Este procedimiento no equivale a una estructura partidista convencional, pero sí ofrece una explicación de por qué la lista pudo presentarse como una representación directa de la movilización social y no como una élite política alternativa desconectada de ella.

La mayoría abre el poder, pero también expone sus límites

El programa de la Lista Estudiantil fue decidido igualmente en los plenos, con un esfuerzo deliberado por reducir los asuntos capaces de fracturar la coalición. La política exterior quedó especialmente acotada: la futura adhesión a la Unión Europea se dejó en manos de un referéndum y el programa mantiene la afirmación de que Kosovo forma parte integrante de Serbia. Esta fórmula permitió mantener unida a una alianza social heterogénea, pero trasladará al Parlamento y al Gobierno decisiones que no pueden permanecer indefinidas durante mucho tiempo.

La nueva mayoría tendrá que demostrar si el método asambleario que funcionó para seleccionar candidatos y sostener la protesta puede convertirse en una forma estable de gobernar. También deberá gestionar expectativas muy altas, reconstruir instituciones después de años de concentración de poder y decidir cómo relacionarse con una sociedad dividida entre quienes reclaman una ruptura política y quienes siguen vinculados al nacionalismo de Vučić. El movimiento estudiantil ha conseguido el mandato electoral que buscaba; el desafío comienza ahora, cuando la movilización debe traducirse en decisiones, responsabilidades y resultados verificables.