El ginecólogo Santiago Palacios defiende un enfoque individualizado de la terapia hormonal para la menopausia, en un momento marcado por dos cambios: la revisión de los temores surgidos hace dos décadas y la falta de suministro de algunos tratamientos. La escasez de Lenzetto, una de las opciones más utilizadas, también ha presionado alternativas como Evopad y ha dejado a algunas pacientes nuevamente expuestas a sofocos, sudoración nocturna, insomnio o sequedad vaginal.
Menos miedo, pero sin recetas universales
Palacios considera que la interpretación inicial del estudio Women’s Health Initiative, cuyos primeros resultados se publicaron en 2002, se aplicó durante años a mujeres con perfiles distintos a los de las participantes. La edad, el momento de inicio, la dosis, la vía de administración, el tipo de hormona y el riesgo cardiovascular modifican el balance entre beneficios y riesgos.

Según el especialista, en mujeres sanas con síntomas relevantes que comienzan el tratamiento cerca de la menopausia y no presentan contraindicaciones, la relación beneficio-riesgo suele ser favorable. La terapia es la más eficaz para los síntomas vasomotores y además ayuda a prevenir la pérdida ósea mientras se utiliza, con especial importancia en casos de menopausia temprana o insuficiencia ovárica prematura.
El riesgo de cáncer de mama tampoco puede resumirse en la afirmación de que “las hormonas producen cáncer”. Depende del riesgo basal de cada mujer y del tratamiento empleado. La progesterona micronizada y la didrogesterona podrían ofrecer un perfil más favorable que algunos progestágenos sintéticos, aunque la decisión debe considerar antecedentes personales, densidad mamaria y estilo de vida.
El momento y el seguimiento importan
El balance suele ser más favorable cuando la terapia comienza antes de los 60 años o dentro de los diez primeros años desde la menopausia. Esto no establece una edad límite automática, pero sí exige mayor cautela cuando el inicio es tardío, especialmente por vía oral. Sangrado vaginal no estudiado, ciertos cánceres hormonodependientes, trombosis activa, enfermedad hepática aguda, hipertensión grave o eventos cardiovasculares recientes pueden contraindicarla.
Palacios subraya que una consulta de menopausia no debería concluir con una simple receta. La evaluación inicial debe incluir riesgos cardiovasculares y trombóticos, salud ósea, presión arterial, antecedentes oncológicos y preferencias de la paciente. Tras iniciar el tratamiento, conviene revisar su tolerancia y eficacia y reevaluarlo al menos una vez al año.