La ofensiva rusa golpea la red comercial de Ucrania y agrava el coste económico de la guerra

La ofensiva rusa golpea la red comercial de Ucrania y agrava el coste económico de la guerra

La destrucción de cuatro establecimientos de la cadena ucraniana Epicentr en apenas 24 horas revela hasta qué punto la ofensiva rusa está afectando a infraestructuras que no pertenecen directamente al frente, pero que sostienen la actividad económica y la vida cotidiana del país. La empresa, especializada en artículos para el hogar, bricolaje y materiales de construcción, contabiliza ya 19 centros completamente destruidos y otros 14 dañados desde el inicio de la invasión a gran escala.

Una cadena comercial convertida en indicador de la presión económica

La magnitud de los daños va más allá de las pérdidas de una compañía. Epicentr tenía presencia en numerosas ciudades y sus establecimientos funcionaban como puntos de abastecimiento para familias, profesionales de la construcción y pequeños negocios. La desaparición de cuatro grandes superficies en un solo día demuestra que los ataques contra objetivos comerciales pueden alterar simultáneamente el consumo, el empleo y la capacidad de reconstrucción local.

La empresa sostiene que la intensidad de la destrucción se ha acelerado. “En los últimos dos meses hemos tenido más destrucción que en toda la guerra”, afirmó Yulia Chudnovets, directora de relaciones públicas de Epicentr. La valoración de la directiva es que Rusia intenta debilitar la economía ucraniana mediante golpes contra empresas relevantes, una estrategia que no necesita paralizar por completo la actividad para producir efectos duraderos: basta con obligar a las compañías a dispersar sus recursos, interrumpir sus cadenas de suministro y asumir nuevos costes de transporte y reorganización.

La ofensiva rusa golpea la red comercial de Ucrania y agrava el coste económico de la guerra

Uman: del incendio de una nave a la pérdida de empleos

El caso de Uman concentra la dimensión humana de esta ofensiva. Un dron ruso impactó durante la madrugada del miércoles contra un establecimiento de unos 8.000 metros cuadrados, después de que los trabajadores que preparaban la apertura se refugiaran al activarse la alarma aérea. Mikola Vasilenko, jefe de seguridad, llegó diez minutos después del ataque y describió un incendio que terminó consumiendo todo el interior de la instalación.

La respuesta de los equipos de emergencia quedó interrumpida por una nueva alerta aérea y otro ataque. Cuando los bomberos pudieron regresar, la nave había quedado destruida. En torno a 150 empleados fijos y temporales trabajaban allí, entre ellos el director Andrí Savitski, que acababa de asumir la responsabilidad de su primer establecimiento. La cadena ofrece trasladar a los afectados a otros centros operativos, pero esa solución implica abandonar la ciudad y no todos están dispuestos o pueden hacerlo.

La pérdida de Uman tampoco fue un episodio aislado. El 16 de octubre, otro ataque había incendiado una parte de las instalaciones y causado daños en varios apartamentos de un edificio residencial cercano. La repetición de los impactos muestra cómo una infraestructura puede convertirse en un objetivo vulnerable incluso después de un primer ataque, mientras la población se ve obligada a convivir con reparaciones incompletas, nuevas alarmas y la incertidumbre sobre la continuidad del empleo.

La logística se dispersa para sobrevivir

El daño alcanza también la estructura que permite que los productos lleguen a las tiendas. Los tres centros de almacenamiento y logística de Epicentr en Ucrania han sido arrasados. El último, situado en la región de Jmelnitski, quedó destruido el 13 de octubre junto con sus equipos automatizados de procesamiento de mercancías. La pérdida de estos nodos afecta a toda la red, incluso a los establecimientos que no han sido atacados directamente.

La empresa ha respondido reduciendo la concentración de mercancías en grandes almacenes y recurriendo, cuando es posible, a entregas directas de los proveedores. Es una adaptación defensiva que puede disminuir el riesgo de perder grandes volúmenes de productos en un solo ataque, pero que también eleva la complejidad operativa y hace más dependiente a cada tienda de rutas de suministro que pueden quedar interrumpidas.

Epicentr tampoco prevé reconstruir durante la guerra los grandes establecimientos destruidos. Su alternativa son locales más pequeños, los llamados Epicentr Exprés, con una oferta limitada, servicios de cafetería y recogida de pedidos por internet. El cambio refleja una transformación del modelo comercial: las grandes superficies requieren una concentración de capital, trabajadores y mercancías difícil de proteger, mientras que los formatos reducidos permiten mantener una presencia mínima y repartir mejor el riesgo.

153 drones y una presión que alcanza a las ciudades

La destrucción de los comercios se produjo dentro de una oleada de ataques más amplia. Durante la madrugada del domingo, Rusia lanzó 153 drones de distintos tipos contra territorio ucraniano, según el parte de la Fuerza Aérea de Ucrania. Las defensas afirmaron haber derribado o neutralizado 119, pero se registraron impactos en 15 emplazamientos y caída de fragmentos en otros nueve. El balance muestra que una defensa aérea eficaz puede reducir el número de blancos alcanzados, pero no elimina el riesgo sobre zonas urbanas y económicas.

La ofensiva incluyó drones Shahed, entre ellos 92 con propulsión a reacción, además de modelos S8000 Banderol, Dan-T, Gerbera y señuelos Parodia destinados a confundir a los sistemas defensivos. En Vínnitsa, uno de los aparatos alcanzó un edificio residencial de cinco plantas y destruyó cuatro apartamentos; seis personas resultaron heridas y una fue hospitalizada. En Zhitómir se registraron daños en una instalación energética, un centro sanitario, un bloque de viviendas y una empresa privada.

También hubo ataques contra otros establecimientos de Epicentr: un misil balístico alcanzó el viernes una tienda en el barrio de Pochaina, en Kiev, y un dron destruyó durante la tarde del martes un gran almacén en Pervomaisk, en la región de Mikoláyiv. Allí, su director, Igor Poliakov, advirtió de que unas 40 familias podrían quedarse sin sustento.

En ciudades pequeñas, la pérdida tiene además una dimensión social. Estos establecimientos no eran únicamente lugares de compra: ofrecían cafetería, espacios de encuentro y una rutina familiar en localidades con pocas alternativas de ocio. Cada destrucción elimina, por tanto, una fuente de ingresos y un servicio cotidiano. La guerra está obligando a Ucrania a reconstruir no solo edificios y redes logísticas, sino también los espacios civiles que organizaban la vida de sus comunidades.