El bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot llega a la recta final de la campaña para las elecciones israelíes del próximo martes con una ventaja de cuatro escaños sobre la coalición del primer ministro, Benjamín Netanyahu. La última media de los sondeos difundidos por los canales de televisión 11, 12 y 13 atribuye 54 diputados al conjunto opositor, frente a 50 para el bloque gubernamental. La diferencia, sin embargo, no se traduce por sí sola en una alternativa de poder: ninguna de las dos alianzas alcanza los 61 escaños necesarios para controlar la Knéset.
El Parlamento israelí está compuesto por 120 diputados y la mayoría absoluta se sitúa en 61. Las listas que no se identifican plenamente con ninguno de los dos bloques reunirían 16 escaños, una cifra capaz de modificar el equilibrio posterior a la votación. La fotografía demoscópica anticipa, por tanto, un escenario en el que el resultado no dependerá únicamente de qué bloque sea el más votado, sino de su capacidad para construir una mayoría estable mediante acuerdos políticos.
Una ventaja opositora todavía insuficiente
La formación centroderechista Yashar!, liderada por Eisenkot, aparece como la lista con mayor respaldo, con una proyección de 22,3 escaños. El Likud de Netanyahu obtendría 20. La distancia entre ambos partidos es limitada, pero adquiere relevancia porque Yashar! se situaría en el centro de una posible coalición más amplia, mientras que el Likud deberá conservar la cohesión de un bloque integrado por fuerzas de la derecha nacionalista, la extrema derecha y los partidos ultraortodoxos.
En el campo opositor, Beyachad, encabezado por Naftalí Bénet, lograría 14,3 diputados. Los Demócratas, dirigidos por Yair Golán, sumarían 9,3, e Israel Beitenu, la formación nacionalista y laica de Avigdor Líberman, alcanzaría ocho. La suma de estas fuerzas explica buena parte de la ventaja agregada de Eisenkot, aunque también revela la diversidad ideológica del bloque: sus integrantes comparten el objetivo de desplazar a Netanyahu, pero no necesariamente una misma agenda sobre seguridad, religión, economía o la relación con los partidos árabes.

La coalición de Netanyahu conserva, pese a la desventaja, una estructura relativamente definida. Otzma Yehudit, el partido de derecha extrema dirigido por el ministro de Seguridad Nacional y colono Itamar Ben Gvir, obtendría ocho escaños. Sus socios ultraortodoxos de Judaísmo Unido de la Torá y Shas alcanzarían 7,7 y 7,3 diputados, respectivamente. El Sionismo Religioso, liderado por el ministro de Finanzas y también colono Bezalel Smotrich, sumaría siete. La distribución muestra que el primer ministro seguiría dependiendo de aliados ideológicamente exigentes para sostener su mayoría.
El papel decisivo de las formaciones árabes
Para Eisenkot, el principal problema no es ganar la votación, sino convertir la ventaja en una mayoría parlamentaria. El bloque necesitaría al menos siete escaños adicionales para superar el umbral de 61, salvo que consiga acuerdos suficientes con otras listas no alineadas. En ese cálculo, las formaciones árabes aparecen como el actor con mayor capacidad para inclinar la balanza.
La Lista Conjunta, que agrupa a diferentes partidos árabes, obtendría nueve diputados según los sondeos. Raam, dirigida por Mansur Abás, alcanzaría 5,7. Juntas, ambas fuerzas se aproximarían a 15 escaños, una cifra superior a la necesaria para proporcionar al bloque opositor una mayoría numérica. Esa posibilidad no equivale, sin embargo, a un pacto automático. El respaldo podría adoptar distintas fórmulas parlamentarias y dependería tanto de las condiciones planteadas por los partidos árabes como de la disposición de las fuerzas opositoras a aceptar su apoyo.
La cuestión es especialmente sensible porque los partidos que integran el bloque de Eisenkot mantienen posiciones diferentes sobre la cooperación con las listas árabes. Algunas formaciones podrían aceptar un acuerdo de investidura o una coordinación puntual, mientras que otras tendrían que valorar el coste político de gobernar con el respaldo de partidos que representan a una parte de la minoría árabe de Israel. De esa decisión dependerá que los escaños disponibles fuera de los dos bloques funcionen como una solución parlamentaria o permanezcan políticamente inutilizables.
Una campaña marcada por la seguridad
La campaña afronta su tramo final bajo el impacto de una nueva escalada en Cisjordania ocupada. Netanyahu anunció este viernes una ofensiva militar después de un ataque cerca de Hebrón, en el sur, en el que murieron dos soldados israelíes. La operación puede reforzar la centralidad de la seguridad en el debate electoral y favorecer a las fuerzas que defienden una respuesta más contundente, aunque los sondeos disponibles no permiten establecer todavía qué efecto tendrá sobre las preferencias de los votantes.
La proximidad de la votación hace que cualquier cambio en la percepción de la amenaza, especialmente entre los electores indecisos, pueda alterar el reparto final. También será determinante la participación, incluida la de la ciudadanía árabe, y la capacidad de cada partido para superar el umbral electoral del 3,25 % de los votos válidos. Las proyecciones conceden 1,3 escaños a Los Reservistas, una formación derechista situada fuera de los dos grandes bloques, mientras que Amja Yisrael, del también derechista Ofer Winter, quedaría sin representación.
Ese umbral puede modificar de forma indirecta la composición de la Knéset: una lista que no lo supere deja de participar en el reparto de escaños, mientras que los votos obtenidos por las candidaturas que sí entran adquieren un peso relativo mayor. Por ello, las cifras decimales de las encuestas deben interpretarse como una tendencia y no como un resultado cerrado. La distribución definitiva podría apartarse de la media si alguna formación pequeña queda dentro o fuera del Parlamento.
El escenario más probable que dibujan los sondeos es, en consecuencia, el de negociaciones complejas después de las elecciones. Eisenkot partiría con ventaja, pero necesitaría resolver las diferencias internas de su alianza y definir el alcance de una eventual cooperación con las formaciones árabes. Netanyahu, aunque aparece por detrás en la suma de bloques, conservaría una base de aliados identificable y podría intentar atraer a listas no alineadas. La elección decidirá quién obtiene la primera oportunidad de formar Gobierno, pero la aritmética parlamentaria determinará quién logra convertirla en una mayoría efectiva.