El Partido Progresista Serbio (SNS), fuerza gobernante en Serbia, reconoció este domingo su derrota en las elecciones legislativas anticipadas frente a una lista opositora impulsada por el movimiento de protesta estudiantil. El anuncio fue realizado por el veterano dirigente nacionalista Aleksandar Vucic ante sus seguidores en Belgrado, cuando todavía no se habían difundido los resultados definitivos, pero la admisión bastó para desencadenar celebraciones en distintos puntos de la capital.
“A juzgar por una muestra estratificada, está claro que perdimos estas elecciones”, declaró Vucic en la sede del SNS. El reconocimiento puso fin, al menos de manera provisional, a una jornada marcada por una participación excepcionalmente elevada y por la expectativa de un cambio político después de casi dos años de movilizaciones contra el gobierno. La derrota supone el primer revés electoral de gran alcance para el partido de Vucic desde que llegó al poder en 2012.

Una protesta nacida tras la tragedia de Novi Sad
Las elecciones fueron convocadas después de una prolongada crisis política y social desencadenada por el derrumbe de una marquesina en la estación ferroviaria de Novi Sad, la segunda ciudad más grande del país. El accidente, ocurrido en 2024, causó la muerte de 16 personas. Los manifestantes atribuyeron la tragedia a la corrupción, a la falta de controles y a una gestión pública deficiente, acusaciones que convirtieron el caso en un símbolo de la relación entre las instituciones y el poder político.
Las protestas posteriores se transformaron en las movilizaciones más numerosas registradas en Serbia desde la caída del exlíder Slobodan Milosevic en 2000. Aunque comenzaron como una reacción a la tragedia, incorporaron demandas más amplias: rendición de cuentas, lucha contra la corrupción, defensa del Estado de derecho y condiciones electorales consideradas más transparentes. La convocatoria de elecciones anticipadas se convirtió en una de las principales exigencias del movimiento.
En septiembre, Vucic, entonces presidente, disolvió el Parlamento y llamó a los ciudadanos a las urnas. Días después presentó su renuncia para poder concurrir a los comicios con la expectativa de ser elegido primer ministro. La maniobra permitió al dirigente mantener un papel central en la campaña, aunque también confirmó que la votación se desarrollaba en un contexto de fuerte personalización del poder y de intensa confrontación entre el oficialismo y sus adversarios.
Alta participación y celebraciones en Belgrado
Dos horas antes del cierre de los centros de votación, Serbia ya había registrado la mayor participación en unas elecciones legislativas en 30 años. Analistas citados durante la jornada consideraron que esa movilización podía favorecer a la oposición, debido a la capacidad del movimiento estudiantil para atraer a votantes que normalmente no participan en los comicios. El dato, sin embargo, no permitía por sí solo anticipar la distribución final de los escaños.
Tras el discurso de Vucic, automóviles recorrieron las calles de Belgrado haciendo sonar sus bocinas y grupos de ciudadanos se congregaron cerca de la sede de la Comisión Electoral. En la sede de la Lista de Estudiantes, sus simpatizantes aplaudieron, lloraron y se abrazaron mientras coreaban “¡Victoria, victoria!”. “Me siento increíble. Siento como si por fin viviera en un país libre”, declaró a la AFP la estudiante Mila Martic.
El movimiento había pedido una participación masiva con el lema “¡Serbia se despierta!”. En una carta publicada en X, sus representantes afirmaron que la movilización ciudadana debía convertirse en una fuerza orientada hacia la libertad. Su última concentración en Belgrado reunió a unas 150.000 personas, una cifra que reflejó la amplitud de la protesta, aunque no resolvió las dudas sobre la capacidad de una plataforma social para transformarse en una mayoría parlamentaria estable.
Una victoria sin líder único
La Lista de Estudiantes se presentó como una coalición heterogénea de candidatos de la sociedad civil. No cuenta con una figura dominante ni con una estructura política consolidada comparable a la del SNS. El punto de unión de sus integrantes es la intención de derrotar al partido oficialista y modificar el funcionamiento de las instituciones. Esa característica facilitó la convergencia de sectores diversos, pero podría complicar la formación de un gobierno y la definición de un programa común.
La incertidumbre sobre la gobernabilidad será uno de los principales desafíos posteriores a la elección. El movimiento deberá decidir si mantiene su perfil de plataforma ciudadana o si construye una organización política capaz de negociar una mayoría, designar un primer ministro y responder a las expectativas de los manifestantes. La ausencia de un liderazgo único puede preservar la unidad inicial, pero también puede hacer más difícil administrar las diferencias internas cuando llegue el momento de tomar decisiones.
Entre los votantes hubo, no obstante, opiniones favorables a la gestión oficial. Vesna Ivic, una profesora de 57 años, dijo sentirse satisfecha porque durante los últimos años se habían realizado “muchas cosas” para mejorar la vida de la población. Otros electores, como Marija Spasenovic, reclamaron un cambio de rumbo y afirmaron que Serbia no podía continuar como en los últimos 14 años. Sus declaraciones reflejan una sociedad dividida entre quienes valoran la continuidad y quienes consideran que el modelo político vigente agotó sus posibilidades.
Cuestionamientos al proceso y próximos obstáculos
La jornada electoral también estuvo acompañada por cuestionamientos de organizaciones de la sociedad civil. Veinticuatro oenegés serbias sostuvieron que no estaban dadas las condiciones para unas elecciones “libres y justas”. Los estudiantes desplegaron una red de voluntarios para supervisar el proceso, como complemento a los observadores internacionales, en un intento de documentar posibles irregularidades y proteger la validez del resultado.
Los sondeos previos ofrecían señales contradictorias. Una encuesta realizada esa semana por el grupo de reflexión de derecha Nuevo Pensamiento Político Serbio otorgaba a la lista estudiantil un 44,5% de la intención de voto, frente al 42,7% del bloque de Vucic. En cambio, un estudio de septiembre de Faktor Plus, considerado cercano a las autoridades, situaba al oficialismo en cabeza con un 48,6%. La disparidad evidenciaba la dificultad de medir el impacto electoral de un movimiento nuevo y profundamente polarizador.
Vucic había calificado las protestas de “intento de golpe de Estado” y se había presentado como el dirigente capaz de preservar la soberanía serbia y mantener relaciones simultáneas con la Unión Europea, Rusia y Estados Unidos. La derrota abre una etapa incierta para esa política exterior equilibrada y para el sistema político interno. Aunque el resultado representa un cambio histórico, la polarización, las dudas sobre la limpieza electoral y la falta de una estructura común en la oposición podrían prolongar las tensiones en lugar de cerrarlas.