La movilización de trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) convirtió la noche del viernes 9 de octubre en una jornada de alta tensión en Ciudad de México y el Estado de México. El conflicto combinó una disputa salarial sin resolver, reclamos sobre las condiciones de atención médica, bloqueos en más de 20 puntos y un despliegue policial para recuperar la circulación. En medio de ese escenario, empleados inconformes entonaron el Himno Nacional, una escena que condensó el carácter político y simbólico de una protesta que dejó de estar limitada a las instalaciones del instituto.
El 10% que separa a los trabajadores de la negociación
El eje inmediato de la controversia es el aumento salarial. Los trabajadores rechazan el incremento de 2.9% directo al sueldo tabular y exigen que la mejora alcance 10%. La diferencia no es únicamente numérica: representa la percepción de que el acuerdo planteado por las autoridades y la dirigencia sindical no responde al deterioro acumulado de los ingresos ni al costo de las responsabilidades que enfrenta el personal de salud.
La negociación celebrada en la Secretaría de Gobernación terminó sin acuerdos, lo que dejó a los manifestantes sin una ruta institucional aceptada por ambas partes. A partir de ese punto, la protesta se extendió desde el plantón instalado frente a las oficinas centrales del IMSS, en Paseo de la Reforma, hacia hospitales y clínicas. El llamado a un paro nacional, respaldado por trabajadores activos y jubilados del IMSS, IMSS-Bienestar e IMSS-Coplamar, muestra que el desacuerdo no se limita a un centro laboral específico.

Una disputa salarial que también habla del funcionamiento del sistema
Las exigencias económicas se conectan con una lista más amplia de carencias: jubilaciones dignas, contratación de personal, disponibilidad de medicamentos, material quirúrgico y equipo médico suficiente. Esa combinación modifica el alcance de la protesta. El reclamo no se presenta solamente como una demanda de mayores ingresos, sino como una advertencia sobre las condiciones en las que se presta el servicio y sobre la presión que recae en las plantillas de hospitales y clínicas.
La falta de personal y de insumos tiene efectos directos en la operación cotidiana, mientras que la discusión sobre jubilaciones apunta a la sostenibilidad de la carrera laboral dentro del instituto. Por eso, un eventual acuerdo limitado al porcentaje salarial podría no desactivar el conflicto. La dimensión laboral está vinculada con la calidad de la atención y con la capacidad institucional para responder a una población que depende de la red del IMSS.
Los bloqueos trasladaron la negociación a las calles
La protesta adquirió una visibilidad mayor por sus efectos sobre la movilidad. Los cierres afectaron Paseo de la Reforma, Circuito Interior, calzada de Tlalpan, Viaducto y las inmediaciones del Centro Médico Nacional La Raza. También se reportaron movilizaciones en calzada San Isidro, Azcapotzalco; avenida Plutarco Elías Calles, en Iztacalco, y la zona de Troncoso, en Venustiano Carranza.
En el Estado de México, las interrupciones alcanzaron la carretera México-Pachuca, a la altura de Tecámac, además de Periférico Norte, avenida Gustavo Baz y avenida Central. La distribución de los puntos de bloqueo complicó durante horas los desplazamientos entre ambas entidades y elevó el costo público de una negociación que permanecía estancada. Al ocupar corredores estratégicos, los trabajadores hicieron visible su capacidad de presión, pero también expusieron a miles de personas ajenas al conflicto a retrasos y desvíos.
El repliegue policial no resuelve el desacuerdo
La Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó elementos metropolitanos para liberar las vialidades. En Viaducto y Eje 3 Oriente se registraron empujones y altercados durante las intervenciones. Trabajadores del Hospital General de Zona 48 fueron encapsulados en calzada San Isidro después de casi 12 horas de protesta y posteriormente retirados hacia la banqueta. En calzada Ignacio Zaragoza, un operativo contra empleados del Hospital Regional 25 permitió liberar parte de la vía, aunque los manifestantes retomaron después el bloqueo de los carriles laterales.
La recuperación temporal de las calles no equivale a una salida política. El repliegue puede contener la afectación inmediata al tránsito, pero también incrementar la desconfianza si los trabajadores interpretan la respuesta como sustituto del diálogo. La tensión entre el derecho a manifestarse y la obligación de mantener abiertas las vialidades seguirá presente mientras no exista una propuesta capaz de atender las demandas centrales.
La gira de Sheinbaum añade un contraste político
Mientras las protestas continuaban, la presidenta Claudia Sheinbaum inició en Hidalgo una gira por hospitales y clínicas del IMSS-Bienestar. El recorrido contempla visitas a unidades médicas de las 24 entidades incorporadas al modelo, con una agenda prevista hasta diciembre para revisar infraestructura, equipamiento, personal y necesidades de atención.
La coincidencia temporal resulta significativa. La gira coloca en primer plano la expansión y evaluación del modelo IMSS-Bienestar, mientras los trabajadores denuncian precisamente insuficiencias de personal, equipo y suministros. El contraste entre la supervisión presidencial y las movilizaciones en la capital revela que la disputa no se reduce a un conflicto entre empleados y dirigentes sindicales: también pone a prueba la capacidad del Gobierno para sostener su política de reorganización sanitaria sin dejar pendientes las condiciones laborales que la hacen posible.
La consulta sindical prevista para el 14 de octubre y la exigencia de convocar a un Congreso Nacional Extraordinario serán los siguientes puntos de presión. Sin un mecanismo aceptado por los inconformes, las vialidades recuperadas durante la noche pueden volver a convertirse en el escenario de la negociación. El conflicto permanece abierto porque sus cuatro frentes principales —salario, condiciones de trabajo, representación sindical y respuesta policial— todavía no encuentran una solución común.