La protesta estudiantil en Albania escala frente al Gobierno y deja 207 heridos

La protesta estudiantil en Albania escala frente al Gobierno y deja 207 heridos

Los enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes que protestan contra el Gobierno de Albania alcanzaron este sábado la sede del Ejecutivo en Tirana, después de cinco días consecutivos de movilizaciones. La jornada estuvo marcada por el lanzamiento de cócteles molotov, el uso de un vehículo para embestir camiones policiales y una respuesta de las fuerzas de seguridad con gases lacrimógenos, cañones de agua y balas de goma. Las autoridades sanitarias elevan a 207 el número de heridos desde el inicio de los disturbios, entre ellos 132 agentes, 58 manifestantes y 17 personas ajenas a las protestas.

Una jornada de creciente confrontación

Las movilizaciones se reanudaron al mediodía en Tirana y en otras ciudades del país. Los primeros incidentes de la jornada se registraron frente al Ministerio de Educación y Deportes, en el centro de la capital, un edificio que ya había sufrido daños durante las protestas anteriores. Grupos de jóvenes levantaron barricadas, prendieron fuego a varios contenedores y arrojaron adoquines y petardos contra los agentes desplegados ante las instituciones públicas.

La Policía respondió inicialmente con gases lacrimógenos, balas de goma y chorros de agua. Poco después, los enfrentamientos se desplazaron hacia la sede del Gobierno, donde se concentraron miles de personas, en su mayoría jóvenes. Según las imágenes emitidas en directo por medios locales como A2 CNN y Top Channel, algunos manifestantes arrojaron cócteles molotov contra los agentes. También utilizaron un automóvil para embestir los camiones equipados con cañones de agua; el vehículo terminó incendiado.

La protesta estudiantil en Albania escala frente al Gobierno y deja 207 heridos

Las retransmisiones mostraron al menos a una persona tendida e inconsciente durante los disturbios, aunque la información disponible no permite determinar de inmediato su identidad ni la gravedad exacta de sus lesiones. El balance sanitario difundido por las autoridades reúne datos de los dos principales hospitales de Tirana y de centros regionales de Durrës, en el centro del país; Vlorë, en el sur; y Lezhë, en el norte.

La Policía defiende el uso de la fuerza

El director general de la Policía, Skënder Hitaj, afirmó en una rueda de prensa en Tirana que todos los medios empleados durante la operación habían sido utilizados de manera limitada. La declaración se produjo después de que las fuerzas de seguridad confirmaran el recurso a proyectiles de goma, además de los gases y los cañones de agua utilizados en jornadas anteriores.

La cifra de heridos refleja la dimensión del enfrentamiento, pero no establece por sí sola cómo se produjeron las lesiones ni atribuye responsabilidades individuales. El elevado número de policías afectados muestra la intensidad de los choques en torno a los edificios públicos, mientras que los heridos entre los manifestantes y las personas no implicadas subrayan el riesgo de que la violencia se extienda más allá de los grupos que participan directamente en los disturbios. La falta de un balance detallado por incidente mantiene abiertas esas cuestiones.

De una disputa ambiental a una crisis política

El movimiento, conocido como la “Revolución de los Flamencos”, comenzó a finales de mayo como una protesta contra un proyecto turístico previsto junto a un humedal en el sur de Albania. La iniciativa está vinculada a Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense, Donald Trump. A partir de esa controversia, las demandas se ampliaron hasta convertirse en un rechazo más general al Gobierno y a los partidos tradicionales.

Los manifestantes exigen la dimisión del primer ministro, el socialista Edi Rama, a quien acusan de corrupción. El Ejecutivo no ha sido desplazado, pero la continuidad de las movilizaciones y su extensión fuera de Tirana han incrementado la presión política sobre el Gobierno. La protesta también incorpora una demanda dirigida contra la oposición: sus participantes reclaman el encarcelamiento de Sali Berisha, líder del conservador Partido Democrático, igualmente señalado por presuntos casos de corrupción.

La inclusión simultánea de Rama y Berisha evidencia que el movimiento no se limita a respaldar a una fuerza parlamentaria concreta. Su discurso combina la oposición a un proyecto específico, el rechazo a la corrupción y la crítica a un sistema político dominado durante años por los dos principales bloques partidistas. Esa amplitud puede facilitar la incorporación de sectores diversos, pero también dificulta la formación de una agenda común y de interlocutores capaces de negociar una salida.

Un conflicto sin salida inmediata

La escalada frente a la sede del Gobierno llega después de varios días de enfrentamientos y en un contexto en el que las reclamaciones han pasado de la defensa de un espacio natural a exigir cambios en la dirección del país. Cada nueva jornada añade daños materiales, heridos y acusaciones cruzadas, reduciendo el margen para un diálogo inmediato entre las autoridades y los organizadores.

El desafío para el Gobierno consiste en contener la violencia sin agravar la percepción de que la respuesta policial limita el derecho de protesta. Para los manifestantes, el uso de cócteles molotov, vehículos y objetos contundentes contra los agentes puede debilitar el respaldo a sus reivindicaciones y desplazar el debate desde la corrupción y el proyecto turístico hacia la seguridad pública. Mientras no se establezcan canales de negociación y una investigación transparente sobre los incidentes, la presión en las calles seguirá siendo el principal escenario de la crisis política albanesa.