La protesta universitaria escala en Tirana mientras Rama descarta abandonar el poder

La protesta universitaria escala en Tirana mientras Rama descarta abandonar el poder

La policía albanesa empleó este domingo gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a cientos de manifestantes concentrados frente al Ministerio de Educación en Tirana, en el sexto día consecutivo de disturbios antigubernamentales. Varias personas fueron detenidas durante la intervención, mientras el primer ministro Edi Rama rechazaba en un mensaje difundido por vídeo cualquier posibilidad de dimitir y atribuía las movilizaciones a la acción de “una mano externa”.

La jornada confirmó la continuidad de una crisis que comenzó con reivindicaciones sobre las condiciones de estudio y el coste de las matrículas universitarias, pero que rápidamente se ha transformado en una protesta más amplia contra la corrupción, la criminalidad y el funcionamiento del Estado. La negativa de Rama a abandonar el cargo eleva la tensión política, al mantener sin una salida inmediata un enfrentamiento que ya ha dejado cientos de heridos y daños importantes en la capital.

La protesta universitaria escala en Tirana mientras Rama descarta abandonar el poder

Una respuesta policial cada vez más contundente

Cientos de personas se reunieron al mediodía frente al Ministerio de Educación para exigir reformas y la dimisión del primer ministro. Las fuerzas de seguridad, desplegadas desde primera hora por las calles de Tirana, actuaron para dispersar a la multitud mediante chorros de agua y gas lacrimógeno. La policía también practicó detenciones, aunque las autoridades no habían difundido de inmediato el balance correspondiente a la protesta del domingo.

La preparación de la ciudad reflejó el temor a nuevos episodios de violencia. Comercios e instituciones del centro protegieron sus accesos y ventanas con persianas metálicas, mientras trabajadores municipales retiraban adoquines de las calles para impedir que fueran utilizados como proyectiles. Estas medidas muestran que el conflicto ha dejado de ser una concentración puntual y se ha convertido en una emergencia recurrente para las autoridades, los residentes y la actividad económica del centro de la capital.

El Gobierno enfrenta así un dilema operativo y político. Una respuesta más severa puede contener temporalmente los ataques contra edificios y agentes, pero también corre el riesgo de ampliar el rechazo entre sectores que ya denuncian abuso de poder y falta de rendición de cuentas. La evolución de los próximos días dependerá en buena medida de si las autoridades ofrecen una respuesta concreta a las demandas sociales o mantienen el conflicto en el terreno de la seguridad y la acusación de injerencia externa.

La noche más violenta desde el inicio del movimiento

Los episodios más graves se produjeron el sábado. Los manifestantes lanzaron piedras, cócteles molotov, objetos metálicos y artefactos pirotécnicos contra la policía, incendiaron vehículos y prendieron fuego a contenedores de basura para construir barricadas. Varios edificios, entre ellos un tribunal, bancos y una oficina de correos, fueron incendiados o sufrieron daños considerables durante la noche.

La policía utilizó por primera vez balas de goma desde el comienzo de las protestas, según periodistas de la AFP presentes en el lugar. Robert Nushi, representante del departamento de policía, informó de que 54 personas fueron retenidas en Tirana tras la manifestación del sábado: 27 quedaron detenidas y otras 27 fueron sometidas a procedimientos penales. La cifra apunta a una estrategia de persecución judicial que puede endurecer todavía más la confrontación entre las autoridades y los organizadores.

El Ministerio de Salud informó el domingo de 65 heridos, incluidos 37 agentes de policía, y señaló que 12 personas necesitaron hospitalización. Desde el martes, el balance acumulado asciende a 272 heridos, entre ellos 169 policías, según el Gobierno. La proporción de agentes afectados subraya la intensidad de los enfrentamientos, pero no permite por sí sola determinar las responsabilidades por el uso de la fuerza ni por los ataques contra bienes públicos y privados.

De las aulas a una protesta contra el sistema

El origen inmediato de la movilización se encuentra en el malestar de estudiantes y familias por las condiciones de estudio en las universidades y las elevadas tasas de matrícula. Sin embargo, la presencia de consignas contra la corrupción y la criminalidad indica que la protesta ha incorporado agravios acumulados durante meses. La cuestión universitaria ha funcionado como detonante de una insatisfacción más extensa con la gestión del país y con la percepción de que las instituciones no responden a las necesidades de la ciudadanía.

La escritora y activista Lura Elezi, de 38 años, declaró a la AFP que participaba para reclamar “una vida mejor, el Estado de derecho y contra la criminalidad y la corrupción”. Su testimonio refleja el desplazamiento del foco de la protesta: la demanda ya no se limita a una política educativa, sino que plantea una impugnación general de la relación entre el Gobierno y la sociedad. Para los manifestantes, la respuesta oficial y la negativa de Rama a dimitir forman parte del mismo problema de falta de respeto y responsabilidad política.

Rama, en cambio, ha presentado las movilizaciones como una operación impulsada desde el exterior. En un vídeo de más de una hora difundido este domingo, descartó cualquier posibilidad de renuncia, una posición que busca preservar la autoridad del Ejecutivo, pero que también reduce el margen para una negociación inmediata. Sin una interlocución reconocida por ambas partes, la calle queda como principal espacio de disputa y la violencia adquiere un peso creciente en la definición del conflicto.

Presión internacional y antecedentes recientes

La embajada de Estados Unidos en Tirana pidió el sábado por la noche “calma” y “contención por ambas partes”, e instó a los ciudadanos a ejercer su derecho a protestar de forma pacífica. El llamamiento refleja la preocupación internacional por una escalada que afecta a instituciones públicas, servicios urbanos y edificios privados, aunque no ofrece una fórmula política para resolver el enfrentamiento.

Los disturbios se producen después de varios meses de manifestaciones antigubernamentales. La primera oleada estuvo vinculada a un controvertido proyecto para construir un complejo turístico en la isla de Sazan relacionado con la familia del presidente estadounidense Donald Trump, en particular con su yerno Jared Kushner. Aquellas protestas fueron conocidas como la revolución de los flamencos. La incorporación de las reivindicaciones universitarias a ese ciclo de movilización sugiere que Albania atraviesa un malestar más amplio, en el que distintos conflictos se acumulan hasta convertir cada nueva protesta en una prueba de legitimidad para el Gobierno.