La reforestación en Iztapalapa pone el agua y la supervivencia de los árboles en el centro

La reforestación en Iztapalapa pone el agua y la supervivencia de los árboles en el centro

La recuperación ambiental de la Sierra de Santa Catarina, en Iztapalapa, entró en una etapa que busca superar la lógica de las jornadas aisladas de reforestación. La iniciativa Un Nuevo Bosque para Brindar un Mundo Mejor, impulsada por HEINEKEN México y Fundación Azteca desde 2023, incorporó este año a la Cooperación Técnica Alemana (GIZ) para reforzar la planeación, la selección de especies y el seguimiento posterior. En la jornada más reciente se plantaron mil 600 árboles y especies polinizadoras, pero el dato central no está únicamente en el número de ejemplares colocados, sino en el proceso necesario para que logren sobrevivir.

Mil 600 plantas y una tarea que empieza después de la fotografía

La plantación realizada en la Sierra de Santa Catarina reunió a voluntarios, ciudadanos, organizaciones y autoridades ambientales. La escena visible fue la de cientos de personas trabajando con palas y plantas; sin embargo, el criterio que orienta el programa es menos inmediato: cada especie debe responder a las condiciones específicas del territorio y tener posibilidades reales de adaptación.

Claudia de la Vega, vicepresidenta de Asuntos Corporativos de HEINEKEN México, explicó que las jornadas suelen programarse durante la temporada de lluvias para aprovechar la disponibilidad de agua. Esa ventana climática facilita el establecimiento inicial de los árboles, pero no resuelve por sí sola los riesgos posteriores. Durante los meses secos es necesario regresar a las zonas intervenidas para realizar labores como el cajeteo y la aplicación de hidrogel, medidas destinadas a conservar la humedad y favorecer el desarrollo de las plantas.

La reforestación en Iztapalapa pone el agua y la supervivencia de los árboles en el centro

Esta continuidad modifica el significado de una reforestación. Plantar es apenas el primer indicador de una intervención que también debe medir la supervivencia, el crecimiento y la función ecológica de cada ejemplar. Sin mantenimiento, una cifra elevada de árboles plantados puede representar un resultado más limitado de lo que aparenta.

Más de 16 mil árboles: la escala de una alianza en expansión

Los datos acumulados muestran que la iniciativa ha adquirido una dimensión relevante. Desde el inicio de la alianza y hasta 2025 se habían realizado 22 jornadas, con más de 16 mil árboles plantados y la participación aproximada de 6 mil voluntarios, de acuerdo con la información compartida por De la Vega. La jornada de Iztapalapa se suma a ese recorrido y confirma la intención de convertir la participación ciudadana en un componente permanente de la estrategia ambiental.

La escala, sin embargo, debe leerse junto con la calidad de la intervención. La coordinación con autoridades ambientales locales permite identificar áreas que requieren atención y elegir especies nativas o compatibles con el ecosistema. El objetivo no es únicamente aumentar la cobertura vegetal, sino establecer plantas que puedan integrarse al territorio y aportar beneficios con el paso del tiempo.

La presencia de GIZ añade una capa técnica a una alianza que ya contaba con experiencia comunitaria. La cooperación alemana participa en la definición de zonas y en el conocimiento de los ecosistemas, mientras las autoridades locales aportan información sobre las áreas prioritarias. Esta combinación intenta reducir uno de los problemas frecuentes de los programas de reforestación: plantar sin considerar suficientemente el suelo, el clima, la disponibilidad de agua o las condiciones de mantenimiento.

La Sierra de Santa Catarina también protege el futuro del agua

La selección de Iztapalapa responde a una razón que rebasa la recuperación de áreas verdes. César Sánchez Ibarra, director general del Sistema de Áreas Naturales Protegidas y Áreas de Valor Ambiental de la Ciudad de México, señaló que la Sierra de Santa Catarina forma parte de una red de espacios naturales esenciales para los servicios ambientales de la capital.

Su suelo volcánico favorece la infiltración del agua hacia las cuencas subterráneas. Según el funcionario, alrededor de 70 por ciento del agua utilizada en el Valle de México proviene de las subcuencas. La conservación de la Sierra, por tanto, no es un asunto separado de la seguridad hídrica: mantener la capacidad de infiltración del terreno ayuda a preservar un proceso del que depende la disponibilidad futura del recurso.

En ese contexto, los árboles cumplen varias funciones simultáneas. Contribuyen a regular la temperatura, captan agua, generan oxígeno y sostienen relaciones ecológicas que incluyen a las especies polinizadoras. Su valor no siempre es visible de inmediato, pero se expresa en la salud del suelo, la estabilidad del ecosistema y la capacidad del territorio para seguir prestando servicios ambientales a una ciudad con alta presión sobre sus recursos.

El agua como eje de la sustentabilidad empresarial

Para HEINEKEN México, la intervención forma parte de su estrategia de sustentabilidad Brindar un Mundo Mejor. De la Vega colocó el agua en el centro de ese esfuerzo, tanto por su importancia ambiental como por su vínculo directo con la producción de cerveza. La empresa plantea como meta el reabastecimiento de las cuencas del agua utilizada en sus procesos productivos, una aspiración que conecta la actividad industrial con la restauración de los territorios que sostienen el ciclo hídrico.

El desafío consiste en que esa conexión produzca resultados verificables y sostenidos. Las jornadas de voluntariado pueden aumentar la visibilidad de una causa y movilizar a la comunidad, pero la recuperación ambiental depende de decisiones técnicas, mantenimiento y evaluación. En Santa Catarina, la intervención apunta precisamente a esa combinación: participación social para ampliar el alcance, conocimiento especializado para elegir mejor y seguimiento para comprobar qué ocurre con lo plantado.

La jornada termina cuando los voluntarios se retiran, pero la recuperación apenas continúa bajo tierra y entre los meses secos. El verdadero resultado de los mil 600 árboles dependerá de cuántos logren arraigarse, crecer y contribuir a la infiltración del agua y al equilibrio ecológico de la Sierra. Esa perspectiva convierte la reforestación en una política de permanencia y no únicamente en un acto puntual de plantación.