La relación de Juan del Val y Nuria Roca no ofrece un modelo: plantea una pregunta útil para cualquier pareja

La relación de Juan del Val y Nuria Roca no ofrece un modelo: plantea una pregunta útil para cualquier pareja

Las declaraciones de Juan del Val sobre la fidelidad vuelven a circular coincidiendo con un dato que, por sí solo, explica el interés: él y Nuria Roca llevan 26 años casados. En una época en la que cualquier opinión sobre las relaciones se convierte rápidamente en una etiqueta, la pareja aparece asociada a una aparente contradicción: una convivencia larga y estable junto a la idea de que la fidelidad es “bastante antinatural”.

Para quien observa la noticia desde fuera, la clave no está en decidir si Del Val tiene razón. Lo relevante es entender que sus palabras no describen necesariamente la relación concreta que mantiene con Roca ni constituyen una recomendación general. El escritor ha dicho que cada persona debería hacer lo que quiera con su cuerpo y con su pareja, pero también ha aclarado que ellos no practican el poliamor. Entre una declaración de principios y un acuerdo íntimo hay una distancia que solo pueden definir quienes forman parte de la pareja.

La duración del matrimonio no demuestra cómo funciona por dentro

Los 26 años de matrimonio pueden parecer una prueba de que existe una fórmula eficaz, pero no permiten conocer los pactos, las dificultades ni los límites de esa relación. La felicitación pública de Nuria Roca, con referencias al afecto cotidiano y al placer de seguir abrazándose y paseando juntos, muestra cercanía. No demuestra, sin embargo, que la pareja comparta una determinada concepción de la fidelidad, ni que su vida privada coincida con la interpretación que otros hacen de sus entrevistas.

Esta distinción importa porque la exposición pública tiende a convertir una experiencia personal en un modelo de conducta. Una pareja conocida puede hablar de libertad, espacio individual o deseo sin estar invitando a sus seguidores a reproducir sus decisiones. Del mismo modo, una relación monógama no es automáticamente más sólida por ajustarse a la norma. La estabilidad depende de factores menos llamativos: la confianza, la capacidad de negociar conflictos, la responsabilidad afectiva y la posibilidad de revisar los acuerdos con el tiempo.

La relación de Juan del Val y Nuria Roca no ofrece un modelo: plantea una pregunta útil para cualquier pareja

La pregunta práctica no es qué hacen ellos, sino qué se ha pactado

Para la mayoría de las parejas, la consecuencia más útil de este debate no es adoptar o rechazar la no monogamia. Es comprobar si ambos entienden lo mismo cuando hablan de fidelidad. Algunas personas la relacionan exclusivamente con el sexo; otras incluyen los mensajes íntimos, los vínculos emocionales, las aplicaciones de citas o el ocultamiento. Sin una conversación explícita, dos miembros pueden creer que están respetando el acuerdo mientras el otro siente que se ha producido una traición.

La libertad que defiende Del Val solo puede ser compartida cuando existe consentimiento informado. “Hacer lo que le dé la gana” no significa actuar sin consecuencias ni utilizar la autonomía personal para eludir la honestidad. En una relación, cualquier decisión que afecte al cuerpo, al tiempo, a la salud sexual, a la economía o a la vida familiar puede requerir una conversación previa. El consentimiento no es permanente, no se presupone por llevar muchos años juntos y tampoco puede obtenerse mediante presión, miedo o dependencia.

Por eso, una pareja que se plantee revisar sus acuerdos debería hablar de límites concretos: qué se considera una infidelidad, qué información debe compartirse, cómo se protege la salud sexual, qué ocurre si aparecen sentimientos y qué espacios permanecen reservados para la relación. La respuesta no tiene que ser pública ni coincidir con la de nadie famoso. Tiene que ser comprensible y aceptable para las dos personas.

La ciencia no decide por nosotros

Del Val ha presentado su opinión como una cuestión biológica, pero la evidencia científica es más compleja. Las investigaciones sobre los vínculos humanos muestran una gran diversidad histórica y cultural: existen matrimonios monógamos y formas de relación con más de una pareja, mientras que las relaciones sexuales fuera del matrimonio han aparecido en numerosas sociedades. Eso no convierte ninguna opción en inevitable. La biología puede influir en el deseo y en la conducta, pero no establece por sí sola las reglas de una relación concreta.

La revisión de la literatura sobre el vínculo de pareja tampoco permite concluir que una modalidad sea universalmente superior. Un metaanálisis reciente no encontró diferencias significativas en la satisfacción de pareja o sexual entre quienes eligen la monogamia y quienes acuerdan una relación no monógama. El dato debe interpretarse con cautela: no significa que todos los modelos funcionen igual para todas las personas, sino que la calidad de la relación depende en buena medida de cómo se construye y se sostiene el acuerdo.

Libertad para los hijos, responsabilidad para los adultos

La postura de Del Val también toca a las familias. Educar a tres hijos con valores en lugar de imponerles patrones puede ser una forma razonable de reconocer que cada generación vive la intimidad de manera distinta. Pero la libertad no consiste en dejar a los menores sin referencias. Honestidad, respeto, cuidado, responsabilidad y sentido del humor son precisamente herramientas para ejercerla sin dañar a otras personas.

Para los adultos, el mensaje es igualmente concreto: no hace falta tener una relación convencional para ser responsable, pero tampoco basta con declararse libre para evitar el diálogo. La privacidad protege la intimidad; el secreto utilizado para negar al otro información esencial puede quebrar la confianza. Del Val ha defendido que cada persona tiene una cara pública y otra interior. En una pareja, preservar una zona propia puede ser saludable, siempre que no se confunda con ocultar decisiones que afectan directamente al vínculo.

La historia de Juan del Val y Nuria Roca interesa porque combina una larga trayectoria compartida con una visión que cuestiona las convenciones. Su valor para el público no está en ofrecer una receta, sino en recordar que las relaciones duraderas no se mantienen por cumplir una etiqueta, sino por los acuerdos que sus integrantes pueden sostener. La pregunta que queda para cualquier pareja no es si la fidelidad es natural, sino si ambos saben qué significa para ellos y si están dispuestos a hablar de ello con libertad y responsabilidad.